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Investigación

Arbosana frente a picual: investigadores de Córdoba revelan qué olivar es más eficiente contra el cambio climático

IAS-CSIC, Ifapa y la Universidad de Córdoba analizan el potencial de ambos cultivares para mejorar la sostenibilidad del olivar y reforzar su papel frente al cambio climático

Investigadores estudian la biomasa y del secuestro de carbono de dos variedades de olivar.

Investigadores estudian la biomasa y del secuestro de carbono de dos variedades de olivar. / CÓRDOBA

Cristina Ramírez

Cristina Ramírez

Córdoba

El olivar vuelve a situarse en el centro de la investigación científica como aliado frente al cambio climático. Un estudio liderado por el Instituto de Agricultura Sostenible (IAS-CSIC) de Córdoba, en colaboración con el Ifapa Camino de Purchil y la Universidad de Córdoba (UCO), encuentra diferencias relevantes en cuanto a acumulación de biomasa y en el almacenamiento de carbono entre dos de los cultivares de olivar más extendidos en la cuenca mediterránea y en la provincia: arbosana y picual. Esta cuantificación es clave para determinar qué variedad es más sostenible y ayuda en mayor medida a mitigar el cambio climático

La investigadora principal del trabajo, Milagros Torrús Castillo, ha explicado que “la cuantificación precisa de la biomasa y de la acumulación de carbono en el olivo es fundamental para optimizar el manejo agronómico y evaluar su papel en la mitigación del cambio climático”. La experta subraya, además, que una comprensión más completa de la biomasa aérea y subterránea en cultivos leñosos resulta clave para modelar su crecimiento, diseñar plantaciones más eficientes y seleccionar los genotipos más adecuados ante condiciones ambientales cambiantes.

La investigación, publicada en Springer Nature, se ha centrado en árboles de 7,5 años de ambos cultivares cultivados en condiciones mediterráneas. Para ello, el equipo desarrolló metodologías tanto destructivas como no destructivas que permitieron cuantificar la biomasa aérea, la biomasa radicular y el contenido de carbono. El análisis incluyó la extracción completa de tres árboles por variedad, una aproximación poco habitual en el caso del olivo.

Estudio de biomasa en las variedades arbesona y picual.

Estudio de biomasa en las variedades arbesona y picual. / CÓRDOBA

¿Qué variedad es más sostenible?

Los resultados de la investigación impulsada en Córdoba muestran que la variedad picual tendió a acumular más biomasa que arbosana. En concreto, alcanzó una media de 36,5 kilos por árbol, frente a los 27,5 kilos por árbol de arbosana. Esta diferencia se debe, según el estudio, a una mayor inversión del picual en tronco y ramas no primarias, mientras que arbosana dedica una mayor proporción de biomasa a las hojas.

En ambos cultivares se observó un patrón similar en el desarrollo radicular. Alrededor del 60% de la biomasa de las raíces se localizó en los primeros 25 centímetros del suelo, mientras que más del 55% se concentró en el cepellón, es decir, en la masa compacta de raíces.

Este reparto, según los investigadores, aporta información relevante para mejorar el diseño de plantaciones y adaptar mejor el manejo del olivar mediterráneo a escenarios de mayor estrés hídrico y aumento de temperaturas.

El suelo, el principal reservorio de carbono

En cuanto al almacenamiento de carbono, el trabajo concluye que la concentración media ponderada de carbono fue del 47% en la biomasa aérea y del 42% en las raíces. A escala de plantación, el suelo se confirmó como el principal reservorio de carbono orgánico, con alrededor de 76 toneladas de carbono por hectárea, frente a las 13-16 toneladas por hectárea almacenadas en la biomasa de los árboles.

La acumulación anual de carbono en la biomasa del olivo osciló entre 1,68 toneladas de carbono por hectárea y año en arbosana y 2,16 toneladas en picual, unas cifras que se sitúan dentro del rango de tasas de fijación observadas en los agroecosistemas mediterráneos.

Para Milagros Torrús Castillo, “el muestreo destructivo permitió captar mejor las diferencias entre cultivares en la asignación de biomasa y la acumulación de carbono, mientras que el método no destructivo resultó adecuado para su aplicación a gran escala”. En su opinión, estos datos respaldan la necesidad de integrar tanto la asignación de biomasa como la permanencia del carbono en la selección de variedades y en las prácticas de manejo agronómico.

La investigadora insiste en que estos resultados refuerzan el doble papel de los olivares: por un lado, sostener la producción agrícola y, por otro, contribuir a la mitigación del cambio climático. En este sentido, apunta que las futuras líneas de trabajo deberán profundizar en cómo incorporar las características específicas de cada variedad en estrategias de manejo más precisas, con el objetivo de mejorar el secuestro de carbono y la sostenibilidad de los distintos sistemas de plantación.

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