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Apuntes

La sofisticada defensa del sisón ante el ataque del halcón

Halcón peregrino.

Halcón peregrino. / JOSÉ CARLOS CABELLO

José Aumente Rubio

José Aumente Rubio

En el capítulo XIX del Collar de la Paloma leo en un poema de Ibn Hazn lo siguiente: «El que tiene por arma más eficaz llevar cuentos falsos es como la avutarda, que se defiende con su excremento», y de manera automática mi mente vuela a un dibujo que aparece en la obra Fauna Ibérica de Félix Rodríguez de la Fuente, que explica cómo cuando un sisón se ve atacado en pleno vuelo por un halcón recurre a una sofisticada defensa. Normalmente la trayectoria del halcón es parabólica, alcanzando a su presa al principio del tramo ascendente y por debajo. Es en este momento cuando el sisón lanza un chorro de deyecciones que suele alcanzar la cara del halcón, cegándole.

Hay que tener un gran conocimiento del arte de la cetrería para haber observado alguna vez este comportamiento tan específico de un ave que debía ser habitual en la campiña cordobesa por aquellos lejanos años. Hoy, sin embargo, las poblaciones de sisones han sufrido un declive drástico.

Aclaremos un poco más esta curiosa concurrencia cetrera entre un divulgador de la naturaleza de la segunda mitad del siglo XX y un poeta andalusí del siglo XI. A principios de los años 50 del pasado siglo, un joven Félix Rodríguez de la Fuente se propuso resucitar la cetrería, rebuscando sus reglas en los libros escritos en los siglos XIII y XIV por el príncipe don Juan Manuel y el canciller Pedro López de Ayala. Invitado por el rey Faisal, recorrió Arabia Saudí en 1962, compartió sus secretos con Abdalá Hababi, el halconero real, y acompañó al príncipe Abdalá bin Abdulaziz cazando avutardas hubaras.

Por su parte, Ibn Hazm, nacido en el seno de una familia aristocrática, sin duda tomaría contacto pronto con el arte de la cetrería, si no la practicó con más o menos asiduidad. Esta modalidad de caza, consolidada en Al-Ándalus entre los siglos VII y IX por la influencia árabe, estaba considerada un símbolo de poder y refinamiento cortesano.

Félix Rodríguez de la Fuente nos contó que los halconeros árabes llamaron baharíes a los halcones peregrinos españoles, porque anidaban en los cantiles marítimos -en árabe, bahara significa mar- y que los poetas musulmanes cantaron a los baharíes, porque para ellos eran las aves de más noble corazón y recias alas que pueden encontrarse en todos los confines mediterráneos.

Además de en la literatura, el uso de halcones para la caza ha quedado reflejado también en el arte andalusí, inspirando, por ejemplo, la decoración de la tapa del Bote de al-Mughira, urna de marfil datada en el año 968 y encontrada en Medina Azahara, y la «arqueta de Leyre», tallada en marfil durante el califato de Hixem II (1004).

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