Paisajes literarios
Montes de oso y puerco
El libro de la montería de Alfonso XI es una interesante aportación a la geografía histórica de la provincia de Córdoba, ofreciendo una rica toponimia medieval.

Vista del paisaje de Zuheros desde el interior de la cueva del Fraile.

La literatura venatoria ha llegado a ser una rama importante de la literatura en general, no solamente por lo que se prestan sus historias y narraciones al empleo de todo el esplendor y suntuosidad del lenguaje, sino también por haber sido cultivada con esmero por los más grandes escritores desde la Edad Media hasta nuestros días. España registra en su bibliografía venatoria obras de insignes monarcas, como los Reyes Alfonso X, Alfonso XI o Pedro I El Cruel; príncipes ilustres, como Don Juan Manuel, nieto de Fernando III; grandes señores, tan notables en letras como el Canciller Mayor de Castilla Pedro López de Ayala, Don Beltrán de la Cueva, duque de Alburquerque, y Don Fadrique de Zúñiga y Sotomayor, caballero muy principal en la Corte de Carlos V; monteros renombrados de reyes castellanos, como Juan Mateos y Alonso Martínez de Espinar; y tantos otros autores célebres de venación como ha habido, desde el erudito Pedro Núñez de Avendaño hasta Nicolás Fernández de Moratín, padre del autor de El sí de las niñas.
Por su riqueza y complejidad, quizás sea el libro de la Montería de Alfonso XI, escrito entre 1340 y 1350, el texto cinegético más valioso de toda la Edad Media y probablemente de toda la historia de España. Tal como se explica en la propia obra, «depártese en tres libros. El primero fabla del guisamiento que debe traer cada montero... (y) de las cosas que acaescen de cada día en el monte... El segundo libro fabla de la física de los canes... El tercero libro fabla de los montes de nuestro señorío en las cuales comarcas son, et cuales son buenos de invierno, et cuales de verano». Como es evidente, desde el punto de vista del paisaje, nos interesa sobremanera el tercer libro, una interesante aportación a la geografía histórica de la Península Ibérica, donde se ofrece una rica toponimia medieval – con numerosas referencias a diferentes parajes de la tierra cordobesa- lo que lo convierte en un tesoro histórico y cultural más allá de ser un mero manual de caza, combinando la experiencia directa del rey con informes de diferentes cazadores.
Para el insigne biólogo José Antonio Valverde, considerado «el padre de Doñana», la valía de esta obra es excepcional, entre otras razones porque no existe en Europa una descripción biogeográfica tan antigua ni tan detallada, a excepción del libro de cetrería del rey de Sicilia Federico II de Honhenstaufen (1164-1225). El escritor y periodista Jesús Evaristo Casariego destaca que lo más importante es «que estudia a fondo la geografía de la caza hasta llegar a los más intrincados rincones y las últimas posibilidades en la fauna mayor. El país es conocido, cinegéticamente, por el Cuerpo de los monteros reales como la palma de la mano. Se sabe cuáles son y cuántos son ‘montes de oso’ y cuáles y cuántos son ‘montes de puerco’ o los de ambas especies a la vez, y cuáles son de ‘verano’ y cuáles de ‘invierno’, por donde se va a ellos, con caminos, sendas y veredas, ciudades, villas, aldeas y caseríos, en verdaderos itinerarios. Y se conoce su contorno, su topografía con cuestas, cuerdas, sopiés, hocinos, ríos, arroyos y lagunas, y hasta las querencias de las reses y las mejores paranzas, o sea, puestos de armadas. Nunca hasta nuestros días y con todos los instrumentos de nuestra civilización técnica, se había hecho un estudio tan completo y riguroso de la geografía venatoria, como en ese de la baja Edad media que se recoge en el libro de Alfonso XI».
Resulta extraño que el tipo de caza que aborda el Libro de la Montería esté circunscrito a la mayor, y dentro de ella a la de oso y jabalí. Las razones de esta preferencia pueden deberse a la dificultad y peligrosidad de sus lances, que realzaban el carácter caballeresco y paramilitar de la caza, que era lo que se buscaba en una época de intensa actividad bélica provocada por las ambiciones reconquistadoras de los benimerines, que llevó a Alfonso XI a conseguir trascendentales victorias, como la de la famosa batalla del Salado.

Ejemplar de oso pardo. / J. AUMENTE
Si se quiere tener una visión global de las aportaciones biogeográficas de este libro para el conjunto de Andalucía resulta imprescindible la obra Caza y paisaje geográfico en las tierras Béticas según el libro de la Montería, de Antonio López Ontiveros, Bartolomé Valle Buenestado y Francisco R. García Verdugo, publicado en 1991 por la Junta de Andalucía, donde se recogen todos los cazaderos de Andalucía y su localización en la Hoja del Mapa Topográfico de España 1:50.000 del Instituto Geográfico y Catastral. Incluye un mapa donde se especifican las hojas del Topográfico en las que hay cazaderos localizados (248 de los 374 que aparecen en el libro de la Montería para Andalucía) y otro sobre las comarcas cinegéticas andaluzas citadas en la mencionada obra; además de un gran mapa plegable de Andalucía con la situación de todos los topónimos localizados.
Son ocho las comarcas cinegéticas recogidas en la obra que se integrarían, totalmente o en parte, en la actual provincia de Córdoba: Tierra de Córdoba, que incluye Sierra Morena (36 cazaderos localizados de 50 existentes), Término de Zuheros (5 cazaderos localizados de 7 existentes), Tierra de Alcalá la Real, et Priego, et Rute (18 cazaderos localizados de 23 existentes), en derredor de Priego (9 cazaderos localizados de 19 existentes), Término de Cabra (11 cazaderos localizados de 11 existentes), Término de Lucena (3 cazaderos localizados de 4 existentes), Entre Lucena y Castiel Anzur (3 cazaderos localizados de 3 existentes), y Entre Aguilar y Montiella (3 cazaderos localizados de 4 existentes). Llama la atención que aunque Sierra Morena ya era por entonces una importante zona de caza mayor, no era ni mucho menos la mejor de Córdoba, a diferencia de lo que ocurre en la actualidad. La mayor densidad de cazaderos la encontramos en las Sierras Subbéticas, con su máximo en torno a Lucena, Cabra y Priego, prolongándose hacia el norte hasta Montilla -antiguo Señorío de Aguilar- y ciñendo hacia el sur la frontera granadina.
Osos en Montoro y Baena
Tener referencias fiables de cómo se encontraban antes los ecosistemas resulta clave para poder valorar su estado actual y saber cómo recuperar la naturaleza perdida. A eso se dedican los «historiadores de la biodiversidad», como Miguel Clavero, investigador de la estación Biológica de Doñana especializado en rastrear animales en escritos de siglos pasados.
El documento más antiguo utilizado como fuente por este investigador es precisamente el libro de la Montería de Alfonso XI, a partir del cual ha reconstruido la distribución del oso pardo hace 700 años.
Sorprende que una especie hoy de montaña y recluida en un ecosistema de bosque atlántico, concretamente en la cordillera Cantábrica y Pirineos, pudiera vivir en el siglo XIV en amplios territorios de Andalucía. Es comprensible que así ocurriera, por ejemplo, en el macizo de Cabra-Zuheros, donde la existencia de numerosas cuevas facilitaría refugio a estos animales, y donde aún hoy podemos encontrar zonas pobladas de monte alto y matorrales espesos.
Además, la presencia de osos está atestiguada desde el Neolítico, según lo demuestran las excavaciones realizadas en la cueva de los Murciélagos. De hecho, en el libro de la Montería se citan enclaves tan reconocibles como las fuentes de la Fuenfría y de la Zarza, ambas en la vereda de Merchaniega, que son montes buenos «de oso, et de puerco en todo tiempo».
Más difícil de asimilar es que por entonces se cazaran osos en los alrededores de Baena o de Montoro, por poner un ejemplo, lo que nos permite suponer que gran parte de la campiña estaba ocupada por espesos bosques que llegaban hasta las mismas puertas de los núcleos habitados.
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