Análisis
La producción integrada en Córdoba, entre el cultivo de siempre y el ecológico
Este método, considerado un sistema intermedio, cuenta ya con más de 50.000 hectáreas en la provincia

Labores agrícolas en una finca de cereal de Córdoba. / CÓRDOBA
Entre los distintos métodos de trabajo en la agricultura se encuentra la llamada producción integrada, un sistema que se mueve a mitad de camino entre los sistemas tradicionales y los ecológicos. Los métodos de toda la vida buscan maximizar la producción mientras que los cultivos ecológicos se centran en la sostenibilidad; la producción integrada busca compatibilizar ambos.
Ese es solo un aspecto que diferencia a la producción integrada, pero hay más. Por ejemplo, el uso de productos fitosanitarios está limitado y se priorizan los métodos biológicos, que en la agricultura convencional no están restringidos más allá de las normas genéricas. Lo mismo ocurre con los fertilizantes o el control de plagas.
La producción integrada cuenta con su propia certificación, diferente a la disponible para los cultivos ecológicos. Todo ello le otorga un valor añadido superior al de la agricultura tradicional, aunque no llega a tanto como los productos ecológicos.
En Córdoba existen ya unas 52.000 hectáreas certificadas como producción integrada. La mayoría son de olivar, con 44.000 hectáreas de este tipo de cultivo, seguido el cereal con unas 3.700 hectáreas. Otros productos tienen menos superficie dedicada en Córdoba, como el almendro (1.600 hectáreas), el algodón (más de 1.500) o los cítricos (casi 1.000 hectáreas). Hay 25 operadores de producción integrada en la provincia, de los que 16 se dedican al olivar.
Nuevo reglamento
La Junta de Andalucía ha publicado en BOJA la Resolución de 23 de enero de 2026, de la Dirección General de la Producción Agrícola y Ganadera, por la que se somete a información pública el proyecto de Orden por el que se aprueba el Reglamento Específico de Producción Integrada de Olivar, una norma que tiene por objeto actualizar y sustituir al reglamento vigente desde 2008, con el objetivo de adaptar el cultivo del olivar a los retos actuales del sector agrario, al nuevo contexto normativo europeo y a las crecientes demandas sociales en materia de sostenibilidad, medio ambiente y calidad alimentaria.
La Producción Integrada es el sistema agrícola de producción que utiliza los mecanismos de regulación naturales teniendo en cuenta la economía de las explotaciones, la protección del medio ambiente y las exigencias sociales, contribuyendo así a una agricultura sostenible a largo plazo.

Una finca en Córdoba. / A. J. González
Este proyecto recoge en una serie de prácticas agrícolas sostenibles, estableciendo exigencias referentes a nuevas plantaciones, preparación de terreno, cubiertas vegetales, nutrientes, podas, gestión del agua, control de plagas, medioambiente y economía circular.
Entre los principales objetivos de la nueva norma se encuentra la mejora del manejo sostenible del suelo, fomentando prácticas que reduzcan la erosión, aumenten la materia orgánica y favorezcan la infiltración del agua, especialmente mediante el uso de cubiertas vegetales vivas o inertes. Asimismo, se establecen criterios técnicos más precisos para las nuevas plantaciones, el laboreo y la conservación de bancales y pendientes, con especial atención a las zonas con mayor riesgo de degradación del suelo.
El Reglamento también profundiza en la gestión eficiente del agua, un aspecto clave en el actual escenario de escasez hídrica, estableciendo obligaciones como la necesidad de disponer de sistemas de medición de consumo de agua y registro mensual del riego, y recomendaciones como programación del riego en función de datos climáticos y del estado del cultivo, y la eficiencia de los sistemas de riego, promoviendo el uso de herramientas de asesoramiento, sensores y técnicas de fertirrigación que permitan optimizar los recursos disponibles.
Nutrición y control
En materia de nutrición vegetal, la norma establece la obligación de una fertilización basada en planes de abonado técnicamente justificados, fundamentados en las características del suelo, estimación de la producción, estado nutricional de la plantación y aportaciones de fertilizantes por otras vías, estableciendo unos límites máximos de aportes de nitrógeno que varían entre secano y olivar. Todo ello se orienta a reducir la contaminación difusa, especialmente por nitratos, y a disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a la actividad agraria.
Otro de los pilares del Reglamento es el control integrado de plagas y enfermedades, que prioriza las medidas que no requieran el uso de productos químicos, empleando métodos biológicos, biotecnológicos, culturales, físicos y genéticos. Así, con carácter previo a cualquier aplicación de fitosanitarios de tipo químico se debe valorar la presencia y efectividad de la fauna auxiliar en la parcela agrícola. Todo ello de acuerdo a una estrategia de control integrado para la toma de decisiones frente a plagas como la mosca o la polilla del olivo, que establecen los parámetros para la intervención química.
El compromiso social
La nueva normativa incorpora un marcado compromiso social, reforzando las exigencias en materia de condiciones laborales, prevención de riesgos, formación del personal y respeto a los derechos laborales, así como medidas de apoyo a la economía local, al relevo generacional y a la fijación de población en el medio rural.
En línea con los principios de economía circular, el Reglamento regula de forma detallada la correcta gestión de los residuos agrarios, especialmente los envases de productos fitosanitarios y los restos vegetales.
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