Medio Ambiente
Los pantanos cordobeses tienen 1.700 hectómetros, la mitad de su capacidad
El pantano de Iznájar, el más grande de Andalucía, se encuentra tan sólo al 25% mientras que el sistema que abastece a la capital se mantiene en buen estado con más de 230 hectómetros

Aspecto actual del embalse de La Breña visto desde un mirador. / Manuel Murillo

Los pantanos cordobeses se encuentran relativamente en buen estado, poco más de su capacidad máxima almacenada a comienzos de año, tras una buena temporada de lluvias.
Así, oficialmente (según los datos de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir) en toda la provincia hay ahora mismo embalsados 1.697 hectómetros cúbicos, lo que marca un 51,55% del máximo teórico de 3.320 hectómetros cúbicos. Hay que recordar que la provincia de Córdoba es la que tiene una mayor capacidad de embalse de toda Andalucía.
El año pasado bueno cayeron abundantes precipitaciones, especialmente durante la primavera. Entre los meses de marzo y abril se concentraron las lluvias que llevaron a los pantanos cordobeses a superar por vez primera en mucho tiempo los 2.000 hectómetros cúbicos embalsados.
Campaña de verano
Después comenzó la campaña de verano con los regadíos con mejores dotaciones que en los años de sequía. Y sin lluvias por entonces, los pantanos de la provincia estuvieron desembalsando agua hasta quedarse en algo menos de 1.400 hectómetros cúbicos, el pico mínimo alcanzado en septiembre.
Luego llegaron las lluvias de otoño, menos intensas que las de la primavera, y los embalses volvieron a recuperarse hasta llegar a la situación actual. No obstante, no conviene lanzar las campanas al vuelo porque aunque los datos sean buenos hay pantanos que no se encuentran en tan buena situación y están lejos de llenarse.
Ése es el caso del embalse de Iznájar, el mayor de toda Andalucía, que apenas tiene aún una cuarta parte de su capacidad total: 383 hectómetros cúbicos (25,79%). La Breña, el segundo más grande en la provincia, se encuentra bastante mejor, con 365 hectómetros almacenados y un 44,39% del total.
El sistema San Rafael de Navallana-Guadalmellato, del que se abastecen los cordobeses que viven en la capital, está también en buenas condiciones. El primero está al 64,81% mientras que el segundo se encuentra aún mejor, al 85,79%. Entre ambos tienen más de 230 hectómetros cúbicos y solo con las últimas lluvias desde el viernes han recibido aportaciones de casi otros ocho hectómetros cúbicos.

Paneles informativos en el pantano de La Breña este fin de semana. / Manuel Murillo
Esta situación en los embalses cordobeses permite augurar una buena campaña para el regadío. Durante la próxima primavera debería reunirse la Comisión de Desembalse de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir para determinar qué dotaciones por hectárea de regadío se aprueban en la próxima campaña.
Durante la sequía los regantes se quedaron con el mínimo posible para mantener los cultivos con vida. Tuvieron que conformarse con tan sólo un 10% de las dotaciones habituales ya que había muy poca agua y ésta se destinaba primariamente para el consumo humano. Eso cambió hace un par de años, con las lluvias que finalizaron la sequía, aunque las dotaciones todavía no han alcanzado el 100% de una campaña habitual.
Menos gasto
En la comisión de desembalse de la primavera pasada se acordó destinar a los regantes de la cuenca del Guadalquivir un total de 1.200 hectómetros cúbicos para todo el verano, una cantidad suficiente como para desbordar el pantano de Iznájar. Fue una dotación amplia gracias a estos dos años de lluvias.

Embalse del Guadalmellato, con la presa en primer término. / CÓRDOBA
Pues bien, terminada la campaña el pasado 30 de septiembre, los agricultores habían conseguido economizar unos 160 hectómetros cúbicos, lo que supone un 13% del total pactado, según indicó en su día la asociación sectorial Feragua.
Las causas que explican este ahorro son básicamente dos. Por un lado, una mayor concienciación de los agricultores en cuanto al consumo de un bien escaso, acompañada de modernizaciones en las infraestructuras de regadío que evitan cada vez más el desperdicio innecesario y son más eficientes en el gasto. Pero además, hay que tener en cuenta que cuando se plantaron cultivos de invierno el año pasado aún se desconocían las dotaciones que se iban a aprobar en primavera. Hubo agricultores que, ante la incertidumbre, optaron por plantar cultivos con un menor gasto de agua. Eso, al final, hizo que no fuera necesaria tanta agua el pasado verano.
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