Anuario del olivar en Córdoba 2025
La nueva campaña del aceite de oliva: Calidad y retos del oro líquido
Menos producción de la prevista por el clima, precios estables, la falta de mano de obra y el efecto de los aranceles marcan una campaña donde Córdoba lidera en calidad

Recogida de la aceituna en una explotación situada en Albendín. / CÓRDOBA
Víctor Rueda
El campo cordobés nunca duerme, pero contiene el aliento. Entre los lomos de tierra y el mar de olivos que define la geografía de la provincia, se respira ese aire de incertidumbre y esperanza a la vez que solo conocen quienes viven mirando al cielo.
La nueva campaña del aceite de oliva 2025-2026 ya está aquí, y se presenta como un complejo rompecabezas donde encajar las piezas de la climatología, los vaivenes de los mercados internacionales o la realidad social de las cuadrillas, entre otros aspectos. No es una campaña cualquiera, es la de la recuperación que no termina de llegar, del «sí pero no», donde la calidad del producto volverá a ser, indiscutiblemente, la mejor bandera del sector.
Para entender lo que ocurre a pie de tajo, hay que empezar por los números, aunque en el campo las cifras siempre bailan al son de las nubes. Desde la Delegación Territorial de Agricultura, Pesca, Agua y Desarrollo Rural en Córdoba ponen las cartas sobre la mesa con una previsión inicial que estimaba una producción de 269.100 toneladas de aceite para la provincia. Esto supondría un descenso de alrededor del 7% respecto a la campaña anterior -que fue considerada buena-, pero la cifra sigue estando por encima de la media de los últimos años. Afortunadamente, estos datos alejan al sector de los fantasmas de aquellas dos campañas nefastas marcadas por la sequía severa de 2022 y 2023.
La previsión para esta campaña, pese al descenso respecto a la anterior, sigue estando por encima de la media y lejos de la sequía
Sin embargo, la realidad que pisa el agricultor cada mañana matiza este optimismo oficial con la dureza de la tierra seca. Las estimaciones se hicieron antes de un otoño que ha pecado de excesivamente árido en sus inicios. Rafael Sánchez de Puerta, presidente en Córdoba de Cooperativas Agroalimentarias, lo explica: septiembre y octubre son meses críticos, fundamentales para que el fruto termine de hacerse, para que la aceituna «haga el aceite». El verano se alargó demasiado, casi sin dar tregua, y cuando el cielo decidió abrirse, la aceituna ya había sufrido un estrés considerable. Esa lluvia, que siempre es «agua bendita», llegó tarde para esta cosecha específica. «No ha impedido que se produjeran daños, pero sí ha evitado que se siga perdiendo; cada día que pasaba sin llover en octubre era un kilo menos en la tolva», apunta Sánchez de Puerta. En su análisis, las cifras finales se resentirán y quedarán, probablemente, por debajo de ese cálculo inicial, acercándose más a una realidad de merma productiva tanto en la provincia como en el cómputo nacional, donde se hablaba de 1.300.000 toneladas que difícilmente se alcanzarán.
En esta misma línea de cautela y realismo se mueve Carlos Molina, de Asaja Córdoba. Para él, la falta de agua durante ese mes crucial tras las previsiones ha castigado duramente a los secanos, que han padecido muchísimo, mientras que los regadíos han logrado aguantar mejor el tipo. Molina no duda en ponerle cifras a la bajada provocada por este «bache» hídrico otoñal: quizás un 30% menos de lo estimado inicialmente. Y es que, aunque la lluvia reciente mejora sustancialmente la cara del árbol y asegura la vida para la campaña venidera, para la aceituna que cuelga hoy ha llegado con el tiempo justo. Quizás favorezca algo a las zonas más tardías de la provincia, pero el daño en el rendimiento ya estaba hecho.
Juan Luque, desde COAG, aporta una visión técnica muy gráfica sobre lo que está pasando en las almazaras. Al principio de la recolección, los rendimientos grasos parecían mejores que el año pasado, pero el agua caída posteriormente ha tenido un efecto curioso: ha hidratado el fruto, pero ha diluido el rendimiento. «Tenemos más kilos de aceituna en volumen, pero menos rendimiento graso porcentual; el aceite es el mismo, pero hay que moler más kilos de aceituna para sacarlo», explica Luque. En su experiencia, la realidad es que hay menos cosecha de la que aparenta el árbol a simple vista. La aceituna está muy bien repartida, engaña al ojo inexperto, pero la báscula de la cooperativa no miente: irá a la baja, especialmente en los secanos donde podría caer un 25% o 30%.
Las salidas de bodega están siendo buenas y los precios, aunque más bajos que el pico del año pasado, tienden a estabilizarse
Francisco Moreno, de UPA, coincide en el diagnóstico de una campaña «media» marcada por un calor estival intenso y largo que ha paralizado la actividad del árbol. Pero más allá de los kilos, el verdadero caballo de batalla para Moreno y para gran parte del sector es la rentabilidad, esa línea roja que separa la supervivencia del abandono. En el tema de precios, tras haber ‘tocado fondo’ la primavera pasada, el mercado parece haber encontrado una meseta de estabilidad. Para UPA, el precio razonable para que un agricultor de olivar tradicional pueda vivir dignamente debería rondar los 5 o 5,50 euros por kilo. «No podemos olvidar que gran parte del olivar cordobés es tradicional, de difícil mecanización y costes altos; a tres euros, esos pueblos que dependen del olivo se mueren», sentencia Moreno. Y es que el olivar no es solo economía pura y dura; es paisaje, es medio ambiente y es herramienta para fijar población en las comarcas rurales.
La visión de mercado de Rafael Sánchez de Puerta es algo más sosegada respecto a las cotizaciones actuales. Considera que la estabilidad es la mejor noticia posible, con precios que se mantienen en niveles adecuados tanto para el productor como para el consumidor. El objetivo es evitar a toda costa los «dientes de sierra», esas subidas y bajadas drásticas que dañan la fidelización del cliente en los lineales. Y es que, como apunta Carlos Molina (Asaja), aunque los precios actuales sean más bajos que el pico histórico alcanzado el año pasado, las salidas de bodega -ritmo al que se vende el aceite almacenado- están siendo buenas, lo que invita a pensar que la comercialización fluirá sin atascos y que el enlace de campaña será correcto.
Pero si hay un nubarrón que preocupa en el horizonte tanto o más que la falta de lluvia, es la falta de manos. El problema de la mano de obra se ha vuelto estructural. Moreno (UPA) destaca este reto como uno de los más grandes y urgentes: «Falta gente para la recolección, y cada vez más». La situación es tan crítica que desde su organización no se han quedado de brazos cruzados y están trabajando en experiencias piloto innovadoras. El plan consiste en traer personas de otros países, facilitándoles el contrato, una vivienda digna y el transporte. La clave de esta iniciativa es la «concatenación de campañas»: que estos trabajadores no vengan para 15 días sueltos, sino que puedan enlazar la aceituna en Córdoba con la fresa en Huelva o la cereza en Extremadura, ofreciéndoles una estabilidad laboral que haga atractivo el viaje. Es una necesidad imperiosa que también subraya Molina (Asaja), quien pide a la Administración que tome conciencia real de este problema y deje trabajar al agricultor, eliminando trabas burocráticas que asfixian la actividad y dificultan la contratación ágil.

Varias canastas con aceituna de almazara recogida en una finca cordobesa. / CÓRDOBA
Y mientras el sector mira hacia dentro intentando organizar las cuadrillas, no puede dejar de mirar hacia fuera, porque el aceite de Córdoba no se queda en casa; es un viajero global. «Aquí no hay mercados locales ni provinciales, el mercado es el mundo», sentencia Sánchez de Puerta. En este sentido, Carlos Molina (Asaja) confía en que el empuje de la salud y la calidad del aceite de oliva son elementos poderosos que generan una inercia capaz de superar casi cualquier adversidad comercial. El mensaje es claro: hay que vender salud, hay que convencer al mundo de que este zumo es vida.
Otro frente abierto en la comercialización es la llamada competencia desleal, un tema que enciende los ánimos en las cooperativas y los sindicatos agrarios. Juan Luque denuncia con vehemencia la opacidad de las importaciones que llegan de países terceros, citando específicamente a Marruecos. «Entran muchas toneladas que luego no ves etiquetadas como tal en los supermercados; ¿dónde está ese aceite?», se pregunta, exigiendo claridad y unas reglas del juego iguales para todos. No se puede competir con producciones que no cumplen las mismas normativas sanitarias, laborales o sociales que las europeas. Es una queja compartida por Asaja, que reclama que los productos de fuera cumplan «las mismas reglas» estrictas que se exigen a los agricultores cordobeses, apostando por «cláusulas espejo». Esta «reciprocidad» es una línea roja para la supervivencia del modelo productivo local.
Denuncian la opacidad en el aceite que entra de fuera; llegan muchas toneladas que luego no se ven etiquetadas en los lineales
Y, por otra parte, están los riesgos propios de la naturaleza, como son las plagas y las enfermedades. Algunas organizaciones agrarias apuntan a que se están prohibiendo muchas materias activas sin razones técnicas ni científicas que favorecen la proliferación de plagas. Mencionan una del algodoncillo que ha dejado a olivareros sin cosecha; el gusano cabezudo que también afecta al almendro; o los serios problemas con el barrillo en Montoro y alrededores. «Al final, tanto prohibir hace que entonces el riesgo suba, porque no tengamos herramientas para combatir las plagas y las enfermedades», concluye Molina.
A pesar de estos obstáculos, el sector de la provincia tiene motivos sólidos para sacar pecho y mirar al futuro. La delegación provincial de Agricultura destaca una fortaleza indiscutible que a veces se olvida: Córdoba es la principal provincia productora de aceite ecológico de España. Esto no es solo una etiqueta de marketing; es un marchamo de calidad diferenciada y sostenibilidad que posiciona al producto cordobés en la élite mundial. El olivar ecológico se consolida y crece, apoyado por una industria que, lejos de ser arcaica, está a la cabeza en innovación y tecnología. Para blindar este futuro, la administración autonómica ha puesto en marcha la primera Estrategia Andaluza para el Sector del Olivar (Horizonte 2027), una hoja de ruta dotada con un presupuesto de más de 986 millones de euros. El objetivo es claro: modernización, competitividad y sostenibilidad. Además, la red de seguridad funciona; el año pasado se realizaron pagos por más de 3 millones de euros en seguros agrarios a agricultores cordobeses, una herramienta vital para dormir más tranquilo cuando el clima se vuelve hostil.

Un grupo de agricultores coloca los fardos para la recolección de la aceituna del olivar de sierra en Córdoba. / CÓRDOBA
La estrategia de futuro pasa también, ineludiblemente, por el agua. No solo que llueva, sino gestionar con inteligencia la que tenemos. Moreno (UPA) recuerda un dato: el regadío es la garantía de riqueza. Con solo el 30% de la tierra cultivable en regadío, se genera la inmensa mayoría de la producción final. Por eso, ampliar la superficie de olivar en regadío o consolidar la existente es una cuestión de supervivencia económica para la provincia. Molina (Asaja) añade la necesidad de que la administración sea mucho más ágil concediendo autorizaciones para aprovechar las aguas de escorrentía. «Cuando llegan las lluvias torrenciales, millones de litros se pierden río abajo; permitir llenar balsas privadas con ese agua sobrante sería la vida para el verano siguiente, y es una medida que no cuesta dinero, solo voluntad administrativa».
La colaboración con la ciencia es otro pilar. Organismos como la Etsiam, el Ifapa o la UCO forman un tejido científico de primer nivel que respalda cada paso que da el sector, desde la mejora genética de variedades hasta la optimización del riego. El agricultor cordobés ya no es solo un trabajador del campo; es un gestor tecnificado que toma decisiones basándose en datos, satélites y previsiones.
En definitiva, la campaña 2025-2026 se presenta como un exigente ejercicio de resistencia y adaptación. Con una producción que será justa pero de altísima calidad, el sector olivarero cordobés demuestra una vez más su capacidad de resiliencia ante la adversidad climática y económica. Desde la recolección manual en las pendientes imposibles de la sierra hasta la molturación en las almazaras más punteras de la campiña, el objetivo es común: defender un producto que es salud, cultura e historia. Como bien resume Juan Luque, lo importante al final del día es que el precio no se caiga y que se diferencie el valor del olivar cordobés, porque «si al agricultor le va bien, a toda la cadena le va bien». Y en eso, en la tarea de hacer valer el oro líquido en cada rincón del planeta, desde Córdoba se sigue trabajando con la misma pasión de siempre, esperando que la próxima nube sea generosa y que el próximo remolque lleve el mejor producto de esta tierra.
- Dos grandes balsas de agua de Córdoba acaparan la inversión en regadíos en Andalucía
- Los embalses de Córdoba registran en 2025 el mejor cierre de los últimos siete años
- La campaña del aceite de oliva en Córdoba roza ya la mitad del aforo previsto
- Los grandes municipios olivareros de Córdoba
- Deoleo inicia en Córdoba la celebración del 160 aniversario de su planta de Carbonell en Alcolea
- La nueva campaña del aceite de oliva: Calidad y retos del oro líquido
- Así están los embalses en Córdoba tras las lluvias de diciembre y antes de la borrasca Francis
- Más producción y apoyo al cultivo tradicional, claves del futuro del olivar cordobés