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Anuario del olivar en Córdoba 2025

El mercado laboral del olivar

Los cambios estructurales que vive el cultivo del olivar influyen también en el mercado laboral del sector, marcado por una menor demanda de mano de obra y más especialización

La presente campaña del olivar generará en la provincia de Córdoba en torno a 3,3 millones de jornales.

La presente campaña del olivar generará en la provincia de Córdoba en torno a 3,3 millones de jornales. / CÓRDOBA

Córdoba

La tendencia refleja que cada vez menos demandantes de empleo quieren trabajar en el campo, pero lo hace porque Córdoba sigue siendo una provincia sustancialmente agrícola y no encuentran otro trabajo. En el caso del sector del olivar, sigue siendo una fuente de empleo primordial en el sector primario, aunque en los últimos años se viene constatando una menor demanda de mano de obra, vinculada, en parte, a las malas campañas de años anteriores, a una mayor mecanización del campo, al aumento de la superficie de olivar intensivo, superintensivo y en seto y a un trasvase de personas trabajadoras hacia el sector servicios y el tercer sector, en busca de empleos más estables, menos sacrificados y mejor pagados.

El ‘Informe anual del mercado de trabajo de Córdoba 2024’ (último disponible) recoge que las 55.395 personas trabajadoras encuadradas en el sistema especial agrario representaban el 17,52% del total de afiliación, registrando un descenso interanual de 118 personas (0,21%). A finales de 2023 también se registraba un descenso de 2.971 personas trabajadoras (5,08 %). Mientras la población ocupada de la provincia ha venido aumentando en los últimos cinco años, la población ocupada en la agricultura se ha ido reduciendo, pasando de las 37.300 personas en 2020 a las 32.800 en 2024. De esta forma, la agricultura, que tradicionalmente viene representando la cuarta parte, tanto de empresas como de personas trabajadoras, reduce su peso en 2024 hasta la quinta parte de las personas afiliadas en la provincia.

Mientras la población ocupada de la provincia se ha venido incrementan do en los últimos cinco años, la del sector agrícola se ha reducido

La campaña del olivar es, junto a la de los cítricos, la más importante de la provincia por lo que a mano de obra se refiere. Baste mencionar que el Aforo de Producción del Olivar en Andalucía para la campaña 2025/2026 estima que en la región se van a generar unos 18,1 millones de jornales en todas las labores de campo asociadas al olivar de aceituna de almazara y otros 4,25 millones en la aceituna de mesa. Como es lógico, las labores de recolección, con 11,5 y 2,66 millones de jornales para la aceituna para almazara y la de mesa, respectivamente, representan más del 63% del total. Para Córdoba, la cifra ronda los 4,84 millones de jornales, similar a la de la anterior campaña.

Asaja Córdoba indica que, «para esta campaña, en el ámbito del aceite de oliva, estimamos una contratación muy similar a la del año anterior. La mayoría de contratos se concentrarán en la recolección y en trabajos vinculados a la entrada de aceituna en almazara. En las zonas donde el olivar tradicional tiene mayor peso, especialmente en la producción de aceites vírgenes extra de mayor calidad, la necesidad de mano de obra seguirá siendo significativa», si bien no se ofrecen cifras de contratación. Lo que sí apunta la organización agraria es que siguen teniendo problemas para encontrar mano de obra «en las zonas de sierra, y esto incide directamente en la capacidad de recolección.

La orografía complicada y la menor mecanización hacen que la recolección sea más lenta y requiera más personal, lo que agrava las dificultades para cubrir todos los puestos. No obstante, el problema de la mano de obra no es exclusivo de las zonas de olivar de sierra. Ahí es más grave porque la recolección no está tan mecanizada, solo se permiten vareadores manuales, pero siguen haciendo falta cuadrillas grandes y cada vez es más difícil encontrar trabajadores para el campo. No es un problema exclusivo de la sierra, en la campiña es muy difícil también encontrar trabajadores para la recolección, y las empresas de servicios que se dedican a recolección no pueden atender a todos los empresarios que les solicitan». Las quejas de la patronal agraria contrastan con los datos de empleo en el sector agrario. En noviembre, según los datos del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE), había en la provincia de Córdoba 3.334 personas desempleadas en el sector agrícola, solo 162 menos que en el mes anterior y eso a pesar de que se habían formalizado 17.308 contratos.

Recogida de la aceituna en un olivar cercano al embalse de Vadomojón.

Recogida de la aceituna en un olivar cercano al embalse de Vadomojón. / CÓRDOBA

Desde UGT FICA Córdoba aclaran que «la supuesta falta de mano de obra que algunos sectores vienen señalando no responde tanto a una ausencia real de trabajadores, como a condiciones laborales poco atractivas con jornadas irregulares y desplazamientos sin compensación adecuada». «La experiencia de campañas anteriores demuestra que, cuando se garantizan salarios dignos, cumplimiento del convenio y organización adecuada del tajo, la respuesta de la mano de obra local y eventual es suficiente. La narrativa de ‘escasez de trabajadores’ no puede utilizarse como excusa para deteriorar derechos o favorecer prácticas de contratación abusivas», añaden.

El secretario de Acción Sindical de CCOO Industria Córdoba, Manuel Muñoz, coincide en que «quienes sostienen este sector con su esfuerzo diario no siempre cuentan con las condiciones laborales que merecen». Por eso, subraya el responsable de CCOO, «la próxima negociación del convenio colectivo que comienza en diciembre es una oportunidad que no podemos dejar pasar. Necesitamos actualizar salarios, reconocer mejor las categorías profesionales y ordenar la jornada de trabajo, especialmente en los meses de campaña, para que el ritmo productivo no se traduzca en jornadas excesivas ni en dificultades para conciliar. Nuestra provincia vecina de Jaén ya ha dado pasos importantes en esta línea y demuestra que es posible avanzar si se trabaja con voluntad».

Por otra parte, Asaja reconoce que «en el sector del aceite, el olivar en seto y superintensivo está reduciendo de forma notable la demanda de mano de obra en recolección, porque permite cosechar grandes superficies en muy poco tiempo con maquinaria especializada». «Esto repercute en la cadena productiva, ya que la entrada de aceituna en almazara se concentra más y requiere personal con perfiles más técnicos. A la vez, estos modelos están impulsando empleo más cualificado y estable para el manejo de cosechadoras, mantenimiento y control de campo, aunque reducen el volumen de contratos temporales», incide.

Igualmente, Asaja apunta que «la aplicación de nuevas tecnologías -teledetección, agricultura de precisión, sistemas de previsión de rendimiento, trazabilidad digital desde campo a almazara- está transformando la estructura laboral del sector oleícola». «En la recolección y en la fase industrial se necesitan trabajadores capaces de manejar sensores, plataformas digitales, maquinaria inteligente y sistemas de control de calidad, lo que eleva el nivel de cualificación requerido y mejora la eficiencia del proceso, tanto en rendimiento graso como en calidad del aceite obtenido», precisan.

En la recolección de la aceituna y en la fase industrial del aceite se necesitan trabajadores con un mayor nivel de cualificación

De hecho, la asociación agraria afirma que no siempre encuentran la mano de obra especializada que requieren. En concreto, dicen que «existe carencia de mano de obra con cualificación específica para manejo de vibradores, cabalgantes y maquinaria de recolección y tractores con tecnología avanzada; poda técnica orientada a calidad y producción de aceite; control de procesos en almazaras (molido, batido, centrifugación, bodega); herramientas digitales de trazabilidad y gestión del olivar y uso de drones».

Para UGT, «Córdoba cuenta con trabajadores experimentados, pero faltan itinerarios formativos específicos en mecanización avanzada, mantenimiento de maquinaria agrícola, seguridad laboral y gestión de cultivos intensivos». «Es imprescindible reforzar la formación profesional e impulsar programas públicos que faciliten la adaptación del empleo agrícola a las nuevas exigencias tecnológicas, evitando que la transición hacia modelos intensivos se traduzca en exclusión o pérdida de oportunidades», indica. En este sentido, este sindicato hace hincapié en que «estos sistemas, aunque incorporan eficiencia y competitividad, su expansión está provocando un desplazamiento paulatino del empleo rural tradicional, afectando tanto a peones agrícolas como a cuadrillas enteras de jornaleros que dependían de campañas cada vez más cortas y más mecanizadas».

El mismo análisis realiza CCOO que, además, llama la atención sobre uno de los principales efectos de la precarización del empleo en el campo: la contratación de mano de obra extranjera, más vulnerable y manejable. «Es un aspecto que cada campaña vuelve a ponerse encima de la mesa y que nos preocupa cada vez más. Cada vez es más frecuente la llegada de personas migrantes que recorren y deambulan por nuestros pueblos buscando empleo en la recogida de la aceituna. Muchas veces lo hacen sin un alojamiento adecuado y sin información, lo que las deja en una situación muy vulnerable. Como sindicato, creemos que es fundamental contar con dispositivos de acogida dignos y con una coordinación real entre administraciones y empresas para evitar abusos y garantizar contrataciones claras y en regla», dice Muñoz.

Dos jornaleros varean un olivo en una finca situada en la provincia.

Dos jornaleros varean un olivo en una finca situada en la provincia. / CÓRDOBA

En cualquier caso, para Asaja Córdoba, en el sector del aceite de oliva la evolución va claramente hacia más mecanización, especialmente en explotaciones orientadas a producción de volumen; más especialización técnica, tanto en campo como en almazaras; más estabilidad laboral en perfiles técnicos y de maquinaria y más escasez de personal en las zonas de sierra y en explotaciones tradicionales, que por sus características particulares seguirán requiriendo mano de obra intensiva para obtener aceite.

Cuestión aparte es la situación de la mujer, que ha ido siendo apartada paulatinamente de las tareas agrícolas, en general, y de la campaña de la aceituna, en particular. Sin embargo, Asaja afirma que están «fomentando la participación de mujeres en todas las etapas de la cadena oleícola: formación y capacitación específica en poda, recolección mecanizada y control de almazaras; programas de incorporación de jóvenes agricultoras, asesorando prioritariamente su entrada en el olivar; impulso de la titularidad compartida, que permite que muchas mujeres participen activamente en la gestión de explotaciones dedicadas al aceite y visibilización del papel femenino en catas, dirección de almazaras y gestión de cooperativas. El sector del aceite de oliva necesita más mujeres no solo en tareas de campo, sino también en áreas técnicas, de calidad y de gestión, y estamos trabajando para que ese cambio sea real».

CCOO no comparte esta visión idílica sobre el empleo femenino en el sector. «Según datos del SEPE, el año pasado se hicieron 127.275 contratos en agricultura, que representan el 40,16% del total, pero la presencia de mujeres no alcanza un tercio de la contratación». Por ello, el sindicato aboga por «establecer medidas concretas de fomento de la contratación femenina en el sector».

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