Ventana a la naturaleza
¿El declive de las abejas melíferas?
Las poblaciones de abejas están disminuyendo en distintas partes del mundo, especialmente en Europa y América del Norte, aunque están creciendo en otras latitudes como China

Imagen de una abeja en un campo de girasoles. / CÓRDOBA

En los últimos años, los medios de comunicación en el mundo occidental alertan sobre el declive de las abejas domésticas y han descrito una situación desesperada respecto a las poblaciones mundiales de este grupo de insectos. Según el Instituto Nacional de Alimentos y Agricultura del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos, se considera clave el encontrar métodos para mantener vivas las abejas de forma sostenible, ya que alrededor del 35% de los alimentos del mundo dependen de los polinizadores. Esto supone una pérdida de producción de miel, una disminución en la renta de los apicultores, así como dificultades para la polinización de muchos cultivos que necesitan de la participación de polinizadores.
Si bien es cierto que el número de abejas melíferas en ciertas zonas, especialmente en América del Norte y Europa, se ha desplomado debido a la pérdida de hábitat, el uso de pesticidas y el cambio climático, datos recientes revelan un panorama más halagüeño. Los efectos acumulativos del cambio climático a través de múltiples factores estresantes que interactúan presentan amenazas significativas para las colonias de abejas domésticas y para la abundancia y diversidad de las abejas nativas silvestres. Las temperaturas más altas, los cambios en los patrones de precipitación, el aumento de fenómenos meteorológicos extremos y los desplazamientos de distribución de la flora ponen en riesgo la salud de las abejas mediante mecanismos como la alteración de la fenología de floración, la reducción de la actividad de forrajeo, el empeoramiento de los efectos de las enfermedades y la exposición a pesticidas. Estos factores climáticos también facilitan la migración de parásitos y patógenos no nativos a nuevas áreas, poniendo aún más en peligro a las comunidades de abejas. Evaluando la situación, los investigadores predicen que, como resultado del cambio climático continuo, habrá pérdidas importantes en las poblaciones tanto de abejas melíferas como de abejas silvestres.
China, el mayor productor de miel del mundo, ha incrementado significativamente sus poblaciones
Entre todos los polinizadores, las abejas, con una tasa de aproximadamente el 80%, son los organismos más afectados por el cambio climático global. Su disminución provoca una disminución de la flora y la biodiversidad, una disminución del rendimiento agrícola y la interrupción del suministro de alimentos.
En contraste con las disminuciones observadas en Occidente, algunos países asiáticos han experimentado poblaciones de abejas estables o incluso en crecimiento. Investigadores han señalado que varios factores contribuyen a esta tendencia positiva: un paisaje natural diverso, un clima templado, una tradición de apicultura de larga historia y el auge de la apicultura comercial. Por ejemplo, China, el mayor productor de miel del mundo, ha incrementado significativamente sus poblaciones de abejas gestionadas para satisfacer la demanda global, compensando las disminuciones en la población de abejas silvestres.
Factores climáticos también facilitan la migración de parásitos y patógenos no nativos
Esta tendencia contrastada plantea preguntas importantes: ¿por qué las abejas prosperan en algunas regiones mientras que en otras enfrentan desafíos?
Los factores que influyen en estas proyecciones incluyen: usar probióticos para reforzar el sistema inmunitario de las abejas ante las crecientes amenazas de plagas y enfermedades debido al cambio climático; fomentar una variedad de entornos florales y proteger los hábitats naturales para proporcionar a las abejas una fuente de alimento constante y abundante; minimizar el uso de pesticidas y fertilizantes sintéticos; impulsar métodos agrícolas sostenibles, técnicas como el policultivo, donde se cultivan múltiples cultivos juntos, y la rotación de cultivos, pueden mejorar la biodiversidad y fortalecer la resiliencia de los ecosistemas.
Los expertos pueden aprender de cómo evolucionan las colmenas en las regiones donde están creciendo las colonias.
Las abejas recolectan néctar y polen de las flores y producen productos valiosos como la miel, la cera, el propóleo y la jalea real. Estos productos se utilizan como alimento natural para los seres humanos y desempeñan un papel importante en la medicina tradicional de varios lugares. Además, las abejas desempeñan un papel fundamental en la polinización de las plantas y son vitales para el funcionamiento de los ecosistemas agrícolas.
Las abejas desempeñan un papel crucial en la seguridad alimentaria y la biodiversidad mundial, y su futuro depende de nuestra capacidad para adaptarnos, innovar y proteger sus hábitats. En lugar de centrarnos únicamente en su disminución, también deberíamos examinar y replicar los casos de éxito de poblaciones de abejas prósperas en todo el mundo. El futuro de las abejas está intrínsecamente ligado al nuestro. Al priorizar su conservación, no solo protegemos a estos seres, sino que también aseguramos la salud y el bienestar de nuestro planeta y de las generaciones futuras. Si los lugares que enfrentan declives adoptan políticas de conservación más sólidas y prácticas agrícolas sostenibles, podría estabilizarse e incluso impulsar sus poblaciones en los próximos años. En lugar de centrarnos únicamente en su disminución, también deberíamos examinar y replicar los casos de éxito de poblaciones de abejas prósperas en todo el mundo.
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