Paisajes literarios
El paisaje baenense para Colodrero de Villalobos
En las obras de este poeta gongorino del siglo XVII encontramos referencias a su localidad natal y, de manera recurrente, al río Marbella.

El río Marbella, a su paso por el entorno de la huerta La Robliza. / JOSÉ AUMENTE

El escritor y filólogo baenense Jesús Luis Serrano Reyes considera que cualquier libro que trate sobre la historia del culteranismo o gongorismo debería tener presentes a dos poetas de Baena: Luis Carrillo de Sotomayor —del que hablamos en el último artículo— que debiera figurar en su introducción y en su epílogo como importante precedente de este movimiento literario de la estética barroca; y Miguel Colodrero de Villalobos como epígono, seguidor o discípulo del mismo. Lo cierto es que éste último, Miguel Colodrero, es un autor poco conocido o al menos, hasta el momento, poco estudiado. Esta suerte de ostracismo crítico puede deberse, en parte, a la naturaleza jocosa de sus textos, ya que, hasta hace bien poco, la creación burlesca no se ha considerado objeto de interés estético.
Este seguidor de Góngora nació en la villa de Baena probablemente en una fecha que debe situarse en torno a 1600-1601, y falleció en 1660. Sus obras conocidas son cuatro: Varias rimas (1629), El Alfeo y otros asuntos en verso (1639); Golosinas del ingenio (1642), y Divinos versos o cármenes sagrados (1656). Fue familiar del Santo Oficio —es decir, colaborador laico de la Inquisición española, con la función principal de servir como informante y vigilante para la institución— y administrador del duque de Sessa, Luis Fernández de Córdoba, al que dedica la primera de sus obras.
La relación de patronazgo y amparo del duque, que pasó un año en Baena (desde septiembre de 1627 a noviembre de 1628) desterrado por uno de sus líos amorosos, nos permite establecer una segura conexión entre Miguel Colodreroy el famoso poeta y dramaturgo Lope de Vega. Como es sabido, el duque de Sessa fue un mecenas de Lope, quien le enviaba sus obras y le escribía numerosas cartas para solicitarle apoyo y favores.
El duque, a su vez, coleccionaba las comedias, los versos y las cartas que le enviaba el «Fénix de los ingenios». Por eso no es de extrañar que el poeta baenense llegara a establecer una relación de amistad con Lope de Vega, que llevó al madrileño a dedicarle el primer soneto con el que abre su obra Varias rimas y elogiara su forma de escribir: «El estilo es florido, el lenguaje advertido, los pensamientos honestos».
En sus obras, Miguel Colodrero hace referencia a su localidad natal con cierta frecuencia y sus paisajes debieron inspirar muchas de sus creaciones. En sus poemas aparecen un buen número de especies animales que serían frecuentes en los montes cercanos, como conejos, tórtolas, azores, ciervos, jabalíes, lobos, águilas, ánades, ruiseñores, jilgueros —como el soneto titulado Un triste mirando un arroyo, y escuchando cantar a un jilguero— y hasta hormigas, como el titulado Habla con la hormiga, para que escuche el avariento. Igualmente presta especial atención al mundo vegetal y sus poemas están salpicados delas más diversas plantas: encinas, álamos, chopos, olmos, lentiscos, pinos, higueras, arrayanes o verdolagas, entre otras especies. El paisaje queda reflejado en montes, cumbres, valles, prados, huertas, arroyos y ríos; y entre estos últimos hay uno que figura con nombre propio, el río Marbella, curso de agua que bordea por el sur el casco urbano de Baena.
Este afluente del Guadajoz nace en la sierra de Cabra, concretamente en el paraje de la Nava, a mil metros de altitud, y en su tramo alto se le conoce como río Bailón; pero a partir del manantial de Marbella, acercándose a Baena, adopta ese segundo nombre, así que son como dos ríos en uno.
Colodrero pone de manifiesto los usos que se hacían de este río: «Cultores que te sangran / tu curso debilitan: / a quien no apuraran / frecuente las sangrías. / Cuando al socorro llegas / no hay socorro a tu vida, / Guadajoz te devora / serpiente cristalina». Versos que dan a entender que durante muchos siglos las aguas del río Marbella fueron aprovechadas para regar las numerosas huertas que se disponían en sus márgenes, especialmente en las cercanías de Baena. Ramírez de las Casas-Deza aportaba datos concretos a mediados del siglo XIX: «Riega como una legua por la parteque nombran vega de abajo y confina con el de Castro, en cuya extensión comprende 112 huertas que componen 240 aranzadas de tierra y producen excelente lino, cáñamo, frutas, entre ellos buenos albaricoques de pipa dulce y hortalizas».

Abrevadero del manantial de Marbella. / JOSÉ AUMENTE
También el poeta gongorino se hace eco, con tono jocoso, del fuerte estiaje que sufría y sigue sufriendo el río: «Como al otro le llamaron / río verde, río verde, / río seco, río seco / a ti apellidarte pueden». En su obra Varias rimas, Colodrero insiste en las consecuencias de aquellas sequías recurrentes: «Aquella soberbia undosa / que traías por diciembre, / como en polvos ha pasado / Más en ello para siempre»... «Hola Marbella, donde estás, / que mis ojos no te advierten / Válgame Dios, si hay algunos / ríos que hacia atrás se vuelven... A muchos hoy les pareces / de los que aguardan harina, / pues los cansas y no mueles».
Y es que por aquellos años las aguas del río Marbella solían suministrar energía para mantener quince molinos harineros. Las ruinas de muchos de ellos aún jalonan su cauce: molino de la Ajuela, de los Balcones, del Parral, de los Abades, del Calabazar, del Adalid... Ante esta situación de sequía se resentían sobre todo los cultivos: «Preñadas todas las plantas / Me han rogado que te ruegue, / que te duelas de ellas mismas / y del fruto de sus vientres». Y llega a pedir ayuda al mismo dios romano del mar: «Si acaso a Neptuno viere, / dígale nuestras desdichas, / nuestra sequedad le cuente, / no se olvide, que al fin / es un dios que se enternece. / Pídale que nos socorra, / que río nos dé, y a este, / por pobre, y por nada lindo, / haga que lo desmarbellen», evidenciando con esta última palabra el abuso que solía hacer el poeta de neologismos de nuevo cuño. Sin embargo, cuando las lluvias arreciaban en la sierra de Cabra, cambiaba por completo la imagen del río: «Rebosando de avenidas / se hincha nuestro Marbella / quien tanto bebe, ¿Qué mucho / que de hidrópico adolezca».
Fuente de Marbella, «tu agua es dividida»
Miguel Colodrero dedica también algunos versos al manantial de Marbella. Esta fuente -una de las más caudalosas e importantes de las Sierras Subbéticas- está situada entre Zuheros y Luque, al inicio de la carretera CO-6208; sus aguas acaban vertiendo al río del mismo nombre. Miguel Colodrero conversa con la fuente de Marbella y le dice «tu agua es dividida», dando a entender que el caudal de este manantial se emplea en dos menesteres diferentes: para abastecimiento a las poblaciones de Luque a Zuheros a través de la piletilla situada en el extremo occidental del conjunto, y para el ganado mediante el pilar abrevadero. El poeta baenense escribe: «Ya no pienso mirarte / Marbella, fuente fría, / bien me has hecho y no quiero / hacerte mal por linda. / Como de frío tiemblas, higueras te cobijan,/ higos muchos te ofrecen, / y yo te doy dos higas». La higa era un amuleto en forma de mano que se utilizaba para proteger del mal de ojo, la envidia y las enfermedades, especialmente para los niños. «De origen claro vienes/ No te afrento, aunque diga, / que fuiste de esta tierra / entre peñas nacida». Y es que el material acuífero de donde proceden sus aguas tiene su origen en el escarpado cerro de Los Cangilones, de 971 metros de altitud, situado entre Luque y Zuheros. Colodrero concluye manifestándose celoso por el alborozo que denota su fluir: «Cuando me paro a verte / envidio tu alegría; / y tanto que quisiera / ser fuente algunos días».
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