Sanidad animal
Lengua azul, el virus que saltó de la selva a la ganadería
La enfermedad se detectó a finales del XIX en Sudáfrica, donde las especies salvajes eran inmunes, y ahora está en todo el planeta

Vacunación contra la lengua azul en ganado ovino. / Europa Press

La enfermedad de la lengua azul lleva más de un siglo afectando a los rumiantes, tanto salvajes como al ganado y animales domésticos. Se detectó por primera vez a finales del XIX en Sudáfrica, donde, según la Organización Mundial de Sanidad Animal, posiblemente ya era endémica entre algunas especies que habitaban en la naturaleza. Esa situación permitió a los animales de la zona gozar de un elevado grado de inmunidad ante la enfermedad, lo que no ocurría con las especies europeas. De ahí saltó a las cabañas ganaderas y comenzó una lenta expansión que ha llevado al virus que propaga la enfermedad a estar presente en todos los continentes excepto en la Antártida, donde no existe el ganado ni mucho menos rumiantes salvajes. Es más frecuente en climas cálidos o templados, donde prolifera el mosquito que contagia la enfermedad, pero ya ha aparecido también en latitudes más frías como el Norte de Europa, ahora con inviernos más suaves.
La expansión de la enfermedad en España y la aparición de nuevas variantes ha provocado la alarma entre los ganaderos, que ven cómo sus animales sufren, producen menos alimento e incluso mueren por culpa del virus. De los últimos 15 brotes de enfermedades animales declarados ante el Ministerio de Agricultura, siete se correspondían con la lengua azul, todos en las últimas dos semanas. En el caso concreto de Córdoba, el último brote apareció durante el mes de julio, según las declaraciones obligatorias ante el Ministerio. Pero la situación es mucho más grave de lo que reflejan esos avisos: la Junta de Andalucía tiene contabilizadas ya más de 400 explotaciones afectadas sólo en la provincia de Córdoba. Y los ganaderos temen que vaya a más.
Por mosquitos
Hay que tener en cuenta que la enfermedad de la lengua azul se transmite a través de vectores, que en este caso son mosquitos del género Culicoides infectados por el virus. No es posible el contagio a través del contacto ocasional, aunque el semen o la sangre de los animales infectados también pueden contagiar a otro animal.
Los efectos sobre el ganado, especialmente el ovino, pueden llegar a ser realmente graves. Según el Ministerio, «la gravedad de la enfermedad varía según las diferentes especies, con síntomas más graves en los ovinos que causan la muerte, pérdida de peso, problemas respiratorios o reproductivos». En algunos casos, la lengua de los animales infectados adquiere un tono azulado, de donde deriva el extraño nombre de esta enfermedad.
Los primeros casos
En España, la enfermedad apareció por vez primera en 1956, con un virulento brote que mató a 133.000 ovejas en todo el país. Después se consideró controlada hasta su reaparición en el año 2000 en las islas Baleares, un foco que tardó dos años en ser erradicado. Pero la historia de la lengua azul no acaba aquí.
Algunos años después de aquel foco en las islas, la lengua azul hizo su aparición de nuevo en el Norte de África; era cuestión de tiempo que saltara a la Península Ibérica con alguna de las más de 20 variantes o serotipos ya identificados. Primero fue el serotipo 4 (relativamente poco frecuente en la actualidad), señalado en noviembre de 2003 en Menorca; después, en julio de 2007, entró al país el serotipo 1, del que en la actual campaña sólo se ha detectado un foco en toda la UE, precisamente en España.
Las variantes que más preocupan en la actualidad son la 3 y la 8, las más comunes. La primera de ellas está presente en África al menos desde 2018, llegó a los Países Bajos (una de las zonas más septentrionales del planeta donde se ha detectado la lengua azul) en 2023 y el año pasado hizo su aparición en España. Es el serotipo frente al que las asociaciones ganaderas están reclamando campañas de vacunación.
En cuanto al serotipo 8, lleva mucho más tiempo conviviendo con las cabañas ganaderas, ya que llegó también a través de los Países Bajos en 2006, se extendió rápidamente por todo el continente y en España se detectó por vez primera en 2008. Contra esta variante existe ya una vacuna de amplia difusión que ha demostrado su eficacia. En la campaña del año pasado, su aplicación era de obligado cumplimiento para el ganadero y la prevención dio sus frutos. Sin embargo, en enero pasó a ser voluntaria y ahora de nuevo se plantea el tratamiento forzoso. Son las propias asociaciones agropecuarias quienes así lo piden.
Los brotes en Córdoba
La situación no llegó a ser realmente grave hasta la temporada 2022-2023, cuando en España se detectaron 80 focos (todos del serotipo 4), de los que cuatro fueron declarados en Córdoba. Al año siguiente, la cifra aumentó hasta los 125 focos localizados (también con cuatro de ellos en Córdoba) y comenzaron a aparecer nuevas variantes.
Durante la última campaña completa, desde el 1 de abril de 2024 hasta la pasada primavera, el número de focos ha crecido exponencialmente y se ha multiplicado casi por 20: se declararon 2.113 focos de lengua azul de las cuatro variantes principales (1, 3, 4 y 8), de los que 17 aparecieron en Córdoba (11 de ellos del serotipo 3).
Ahora, los ganaderos se lamentan de las pérdidas que están sufriendo, incluso aunque no mueran los animales. Se producen numerosos abortos, sobre todo entre las ovejas, lo que puede poner en peligro la próxima campaña navideña, donde el cordero es un plato presente en las mesas de todo el país. En cuanto al vacuno, sus efectos son también muy nocivos: el delegado de Agricultura, Francisco Acosta, comprobó de primera mano la situación en algunas explotaciones en las que las vacas lecheras ya no producían casi nada de leche. Antes del contagio, cada ejemplar podía entregar al ganadero 45 litros cada día. Eso da una idea de las graves consecuencias de esta enfermedad, a pesar de que los seres humanos nunca tendrán la lengua azul.
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