Medio ambiente
Control de depredadores y controladores
La consideración de numerosas especies como dañinas para la actividad cinegética llevó al peligro de extinción a muchos depredadores como las rapaces o el lince, que ante la alerta de los científicos, se protegieron en 1973. Andalucía protegió en 1986 específicamente a los pequeños y medianos depredadores mamíferos con excepción del zorro

El zorro se ha convertido en objeto de deseo permanente para incrementar su control. / R. Arenas
Durante mucho tiempo las especies depredadoras han sido consideradas como dañinas para la actividad cinegética. La ausencia o escasez de estudios científicos hacía pensar que, si se hacían desaparecer, las especies presas incrementaban sus poblaciones. De ahí el nacimiento de las Juntas Provinciales de Extinción de Animales Dañinos, que premiaban con recompensas dinerarias la entrega de partes reconocibles. Cualquier persona sensible a estos temas puede quedar sobrecogida con los cientos de miles de animales que encontraron la muerte por esta idea. Incluso especies que fueron consideradas como beneficiosas para la agricultura y protegidas en las leyes de Caza de 1896 y 1902, como las pequeñas rapaces nocturnas, entraron también en la lista negra, a pesar de no existir otra Ley de Caza hasta 1970.
Esta idea predeterminada por los gobernantes llevó al peligro de extinción a muchas especies depredadoras consideradas como alimañas, entre las que se encontraban las rapaces y el lince. Ante la alerta de los científicos, se protegieron en el año 1973. Con el avance del conocimiento científico y la promulgación de convenios internacionales como el de Berna, se cambió el paradigma sobre este aspecto y todas las especies se consideran con algún carácter de protección menos las que se determinaran como objeto de caza. Andalucía en el año 1986 protegió específicamente a los pequeños y medianos depredadores mamíferos con excepción del zorro.
El zorro está considerado como especie cinegética de caza menor que tiene su propio período hábil (octubre a diciembre), prácticamente coincidente con el de la caza menor, todos los días de la semana. También se le puede cazar con perros de madriguera desde mediados de agosto a principios de febrero, los jueves, sábados, domingos y festivos. Además, puede ser cazado durante la práctica de cualquier otra especie cinegética, todo ello de acuerdo con el correspondiente plan técnico de caza, e incluso algunos guardas de cotos de caza durante todo el año. Parece que para ciertos sectores no son suficientes estas medidas y quieren que sean objeto de control, volviendo en cierta medida a tiempos pasados, una clara involución. Se le ha colgado el letrero de especie indeseada, fruto de la frustración de la gestión cinegética.
Numerosos estudios apuntan desde hace decenas de años que esta especie es territorial y no permite congéneres en su territorio, prácticamente igual que todas las especies depredadoras de mamíferos. Es una cuestión lógica, protegen sus recursos alimenticios y proceso reproductivo. La ausencia de ejemplares territoriales sólo hace aumentar la densidad de animales que vienen a ocupar ese territorio que ha quedado vacante. La percepción lógica si abandonamos la ciencia es que hay muchos zorros porque los elimino y tengo que seguir eliminándolos. En definitiva, se produce un agujero negro para la especie. La estructura territorial se rompe sólo cuando hay una excedencia de recursos alimenticios, como cuando existe un vertedero o es arrojada la basura en lugares incontrolados. Quizás sea el único momento que pueda estar justificado su control dentro de un acotado.
Se olvidan de forma deliberada los problemas reales de muchos acotados tales como altas densidades de especies cinegéticas depredadoras como el jabalí, alta tasa de capturas de especies cinegéticas de caza menor, sueltas incontroladas que introducen enfermedades, presencia de especies domésticas asilvestradas depredadoras (perros y gatos), la contaminación por productos fitosanitarios (pesticidas y herbicidas) que empobrecen las comunidades de invertebrados y eliminan la vegetación palatable. En resumen, la destrucción o disminución de la calidad de los hábitats.
Andalucía parece que pretende acometer la regulación del control de depredadores de manera más o menos generalizada, sin estudios previos, como ya se demostró en unas jornadas que organizó la UCO para el meloncillo, dejando sin resolver todos los problemas señalados anteriormente. Se olvida que la legislación actual, permite la actuación cuando existen situaciones desviadas y demostrables de manera científico-técnica. Se pretende utilizar procedimientos que no han sido homologados legalmente al no haberse evaluado la posible afección a otras especies que no son objetivo. Al final parece que sólo será aplicable al zorro y la urraca.
Para su desarrollo se señala que para obtener la licencia de «controlador de predadores» debe de ser mediante un curso de formación teórico-práctico presencial con un mínimo de 200 horas de formación y con un 60% de prácticas. Al parecer, las actuales entidades homologadas para los cursos de habilitación del cazador serán las que impartan estos cursos y las que otorguen un carnet profesional. Parece más lógico y razonable que se adoptara un sistema parecido al del carnet de conducir, las entidades forman y la administración examina. De esta forma se le daría más transparencia a este aspecto y se evitarían interpretaciones tipo fábula. Seguro que la medida no sería muy bien entendida por la mayoría de los ciudadanos.
*Biólogo
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