Ventana a la naturaleza
Olivares intensivos, superintensivos y agua
En los últimos lustros, el paisaje de las campiñas está cambiando de forma acelerada, desaparecen las tierras calmas objeto del cultivo de cereales, girasol y leguminosas, y en su lugar se implantan pistachos, almendros, ambos de regadío y, sobre todo, olivares intensivos y de seto o superintensivos, también de riego.

Los olivares de seto o superintensivos comienzan a dominar el paisaje en algunos lugares de la campiña. / ARENAS

Este nuevo modelo agrícola está empezando a dominar el paisaje en muchos lugares. En determinados círculos se escuchan argumentos sobre la gran necesidad de agua de estos olivares superintensivos. Si se analiza con mayor detenimiento estos cultivos se están implantando en lugares cercanos a las vegas de los ríos.
En estos casos, las dotaciones de riego por hectárea originales son entre dos y tres veces superiores a los requerimientos de estos nuevos tipos de cultivo que tienen un consumo aproximado entre 1.500 y 3.500 metros cúbicos al año. Sólo es posible el aumento de superficie si lo permiten las concesiones existentes, correspondiente al 45% del agua que se ahorra al pasar del cultivo original al nuevo. Si las cosas se hacen bien y se realiza un seguimiento por las correspondientes confederaciones hidrográficas, desde el punto de vista hidrológico, es una oportunidad para ir acumulando ahorros en volumen de agua, para ir disminuyendo el déficit hídrico de las cuencas.
La implantación de estos olivares intensivos y superintensivos cambian las comunidades faunísticas y dependiendo de su ubicación afectan en mayor o menor medida a las aves esteparias. Jamás serán comparables al olivar tradicional la intensificación, estructura y manejo con fertirrigación, que es una trampa ecológica si no se adoptan medidas, hacen que no estén presentes todas las especies originales.
La implantación de estos modelos cambia las comunidades faunísticas
Las nuevas concesiones con agua superficial, a grandes rasgos, no son posibles en la cuenca del Guadalquivir por imperativo del Plan Hidrológico y por imposición de la Unión Europea, ya que fue una de las condiciones impuestas para construir el embalse de la Breña II. Teóricamente puede ser un aspecto fácil de controlar y hace falta una verdadera implicación para que no sigan apareciendo nuevos regadíos.
Otra cuestión aparte es la extracción de aguas subterráneas, donde el conocimiento no es tan exacto, puede ser más fácil ocultar el sondeo, pero no así los sistemas de riego que tarde o temprano son visibles. Cuando los agentes de la autoridad, principalmente el Seprona de la Guardia Civil, realizan campañas prospectivas sobre este tema, aparecen explotaciones agrarias con cultivos en regadío sin las correspondientes concesiones o autorizaciones.
Los procedimientos sancionadores deben agilizarse y ser ejemplarizantes para evitar prácticas ilegales
Los procedimientos administrativos sancionadores debieran agilizarse y ser ejemplarizantes para cortar de raíz una práctica ilegal que en primer término perjudica a los agricultores legales por detraimiento de este recurso, que posteriormente soportarán restricciones, y en segundo término todos los organismos asociados a los cursos fluviales objeto de la extracción al disminuir el caudal, en ocasiones hasta el considerado ecológico, lo mínimo que se permite para que no se afecte demasiado a la biodiversidad.
Un ejemplo de libro es la comarca de la Axarquía con los cultivos de frutos tropicales. Años de promoción por parte de la Consejería de Agricultura y de inacción de la Confederación Hidrográfica del Sur han desembocado en una situación donde se investiga nada más y nada menos que 250 pozos ilegales. El fiscal de medio ambiente de esa provincia ha declarado que «tiene la sensación que es una práctica tolerada», y «con los datos, la posibilidad de que haya delito medioambiental en la Axarquía es grande». Se conocen los problemas de abastecimiento de agua potable de esa comarca, a pesar de ello, los expedientes de concesión de aguas del embalse de La Viñuela siguen saliendo a información pública. Se ha generado un conflicto social de difícil solución que requerirá mucha paciencia y grandes inversiones, posiblemente públicas, para conseguir agua. Quizás estemos, una vez más, ante el dicho «privatizar las ganancias y socializar las pérdidas».

Regadíos en Doñana / WWF
El agua es un recurso cada vez más escaso, sobre todo en Andalucía, que ha apostado fuertemente por el regadío. La clase política lo tiene como un elemento de confrontación, tenemos muy reciente el caso de Doñana y no cabe duda de que en poco tiempo aparecerán casos similares, donde la racionalidad se abandonará buscando el enfrentamiento, con la defensa del ilegal.
Además, a pesar de lo que digan los escépticos, en un ambiente de cambio climático con reducción de la pluviometría primaveral con una tendencia generalizada descendente y con un incremento de la frecuencia de años secos y años excesivamente lluviosos, el futuro de la fiebre del regadío está comprometido y obligará a decisiones cada vez más drásticas. No hay mejor manera de evitar en el futuro estos problemas que comenzar a actuar ya con campañas de inspecciones anuales.
No hay mejor manera de evitar problemas futuros que comenzar a actuar ya
Existen modernos sistemas de información geográfica donde puede consultarse las autorizaciones y los recintos de riego. Con este conocimiento previo pueden planificarse inspecciones de manera pormenorizada que podrían llegar a controlar este proceso. Luego, será tarde.
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