Ventana a la naturaleza

La gestión de las sombras en las ciudades

Las ciudades se han convertido en unas verdaderas islas de calor con temperaturas aún más altas que en el exterior de ellas, provocadas por los acumuladores de calor que hemos dispuesto por nuestras calles y avenidas, como el hormigón, el granito y el asfalto

La gestión de las sombras en una ciudad como Córdoba es clave para mitigar el efecto del cambio climático.

La gestión de las sombras en una ciudad como Córdoba es clave para mitigar el efecto del cambio climático. / R. ARENAS

El concepto de gestión de sombras hace referencia tradicionalmente a dispositivos que se instalan en los edificios para regular la entrada del sol en las habitaciones. Desde toldos a cortinajes exteriores, los más tradicionales, hasta incluso dispositivos inteligentes que ajustan automáticamente el ángulo y la posición de las persianas y lamas de acuerdo con la posición del sol, teniendo también en cuenta los factores de sombreado circundantes. Es un concepto también empleado en las placas solares fotovoltaicas para mantener una producción constante a lo largo del día.

En arquitectura moderna este aspecto es tenido en cuenta cada vez más en el diseño de los edificios en cuanto a su orientación. Cada país posee su propia gradación lumínica, que lo hace único, y se busca el contraste entre la luz y la sombra adaptándose a cada ciudad y escenario que tiene su reflejo en las necesidades de ahorro energético y cuidado del medio ambiente.

Aún hay muchas personas que no son conscientes de que se vive una situación de cambio climático por incremento de los gases de efecto invernadero que amenaza con un incremento de las temperaturas, una disminución de las precipitaciones y un aumento de los fenómenos extremos. En nuestro entorno se baten año tras año, mes tras mes, e incluso día tras día, los registros de temperaturas más altas, mínimas y medias. Se puede afirmar que estos últimos años no tienen comparación con los anteriores desde que se tienen registros.

Árboles, arbustos y restos de plantas están diseñados para hacer bajar la temperatura en su entorno

En cierta medida se ha olvidado que en el ámbito mediterráneo gran parte del tiempo se vive en el exterior, que las ciudades se han convertido en unas verdaderas islas de calor con temperaturas aún más altas que en el exterior de ellas, provocadas por los acumuladores de calor que hemos dispuesto por nuestras calles y avenidas, como el hormigón, el granito y el asfalto. Almacenan calor cuando reciben la radiación solar y la disipan de manera lenta cuando dejan de calentarse. Tampoco se puede olvidar la continua insuflación de aire caliente de los aires acondicionados. En definitiva, un ambiente que invita a quedarse en casa consumiendo más energía, ya que la mayoría de las edificaciones no están adaptadas a los rigores estivales como las antiguas.

Para mitigar estos efectos tenemos unos organismos en la naturaleza que nos pueden ayudar, son los árboles, arbustos y restos de plantas que están diseñados de tal forma que pueden hacer bajar la temperatura muchos grados en su entorno por el uso del agua como refrigeración, interceptan los rayos solares y regulan el viento a través de sus ramas y hojas. Mientras más superficie cubierta por vegetación en la ciudad, mejor. Esta función en muchos lugares no es tenida en cuenta en las labores que se realizan con los parques y jardines y zonas arboladas.

La gestión atiende a rec

Se cortan árboles sin tener prevista la reposición y los tocones quedan como esculturas

lamaciones ciudadanas porque los árboles no dejan entrar la luz en sus viviendas o se acercan a sus ventanas y pueden entrarles «bichos», no les deja ver bien la calle, se acercan a las líneas de fachada y a supuestos riesgos de caídas de ramas y del propio árbol o que las hojas que caen ensucian. Así, se acuerdan muchas intervenciones con una ausencia de planificación manifiesta. Las decisiones se disfrazan de criterios técnicos que no están recogidos en ninguna ordenanza y, por supuesto, de lo que aconseja la ciencia y manuales. Se cortan árboles sin tener prevista la reposición y los tocones quedan como esculturas que reconocen nuestra poca cultura y respeto por la vida vegetal, y en otras ocasiones como meras papeleras que no entran en el circuito de recolección. Se poda fuera de la época adecuada (invierno) con parada vegetativa, llegando a realizarse hasta en los meses de finales de marzo, abril, mayo y junio, cuando cualquier persona se da cuenta de que la savia está en circulación y, por supuesto, en pleno proceso reproductor de las aves. Están protegidas por la legislación vigente y tampoco es tenido en cuenta, cuestión que podría considerarse delito. Se han llegado a justificar actos en el mes de junio como podas en verde, como si nuestros árboles fueran vides o árboles frutales. Estas podas extemporáneas, en ocasiones necesarias, se debieran haber realizado en su tiempo y con el crecimiento primaveral, las aceras estarían casi cubiertas de sombra, en lugar de las solaneras que se esperan este verano.

La gestión de los parques, jardines y zonas arboladas requiere, entre otras cuestiones, que se introduzca un nuevo concepto, la gestión de las sombras en lugar de número de árboles. Los sistemas de información geográfica permiten acercarse y generar mapas con la proyección de sombras en las calles a cada hora desde la salida hasta la puesta de sol para orientar trabajos al aire libre, y mapas de superficie cubierta por sombras de los árboles y la superficie sin éstas. Estos sistemas, además, permiten conocer exactamente lo que se tiene que gestionar y permiten una buena planificación. No es una quimera, es una realidad palpable y moderna. Sin este cambio de rumbo poco podremos adaptarnos a la mitigación del cambio climático en nuestras ciudades.

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