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VENTANA A LA NATURALEZA

Conejos híbridos, ¿qué dice la ciencia?

Hay diversos artículos sobre una supuesta plaga de este animal que está acabando con los cultivos en determinadas zonas del país con argumentaciones que carecen de base científica y ocultan la gestión que se está haciendo del sistema agrícola

Imagen de dos conejos corriendo para ocultarse en sus madrigueras.

Imagen de dos conejos corriendo para ocultarse en sus madrigueras. / R. Arenas

Rafael Arenas González

Rafael Arenas González

Desde hace un tiempo se pueden leer diversos artículos sobre una supuesta plaga de conejos híbridos que está acabando con los cultivos en determinadas zonas, sobre todo, en Castilla-La Mancha. Principalmente son declaraciones de representantes de sindicatos agrarios que, sin base científica, pontifican como si fuera cierto. Pero es que los medios de comunicación, quizás apremiados por la locura de la velocidad en la que estamos metidos, lo publican sin al menos contrastar con investigadores, que los hay, especializados en esta especie.

Es más, también ha saltado ya la noticia a Andalucía al rebufo de las de la colindante comunidad y, por supuesto, Córdoba no queda detrás. Además se acompaña de una fotografía de una liebre, como si fuera el supuesto conejo híbrido. No contentos con la historia, ya de por sí rocambolesca, entran a culpar a los distintos programas de conservación de especies, principalmente, el lince. Parece que se ha puesto de moda que los ecologistas y conservacionistas tienen la culpa de todos los males de este país. Esta estrategia pretende, sin duda, ocultar el problema de la gestión que se está haciendo en el sistema agrícola con la utilización de insecticidas y un incremento que no tiene precedentes de los herbicidas que merecen un análisis especial.

La poca seriedad de los informantes, quizás con ganas de notoriedad, ha llegado a decir que esta plaga de conejos no ha sido nunca vista en Andalucía y la han llegado a denominar Jurassic Park cunícula. Para exagerar aún más la noticias se afirma que son una mezcla de conejo de campo y doméstico que puede llegar a ser del tamaño de un gato y se reproduce muy rápido.

Un estudio concluye que los conejos son genéticamente iguales a los de siempre

Un cordobés, Rafa Villafuerte, ha liderado un estudio sobre la genética del conejo. Tras muestrear a más de 70 poblaciones y más de 1.700 conejos ha llegado a una conclusión ya esperable por los entendidos, los conejos son genéticamente idénticos a los que ha habido siempre, los de toda la vida, en argot popular. De todos ellos, solo ha encontrado dos indicios de hibridación con conejo doméstico, eso supone el 0,16% de la muestra. Por tanto, el carácter híbrido es una falacia más que rodea a este mundo cada vez menos serio en sus planteamientos para conseguir objetivos espurios, como la tragicomedia sobre Doñana representada esta semana en la sede de la soberanía popular de Andalucía, el Parlamento andaluz, sin siquiera ruborizarse.

En otro estudio anterior, a través del análisis de ADN mitocondrial de 503 conejos, en Pontevedra, se vio que en aquellos lugares en los que se había soltado conejo de granja de forma más intensa y repetida se detectó una «genética de granja» en los conejos cazados, si bien esta huella genética fue disminuyendo con el tiempo. Es decir, que si esa hibridación se hubiera producido, habría dejado huella genética en los análisis de las 70 poblaciones analizadas en el área problema.

Bien, descartada la hibridación, nos centraremos en otros aspectos. Otros investigadores cordobeses, Sánchez Tortosa y Guerrero, han desarrollado este aspecto. La distribución del conejo es muy heterogénea, lugares con alta densidad, lugares con baja densidad y lugares sin conejos, todo ello, debido a diversos factores, entre los que se encuentran la presencia o ausencia de depredadores, y la mayor o menor complejidad del ecosistema donde se asientan.

Hace ya más de quince años también saltaron alarmas parecidas en la provincia de Córdoba, en concreto, en la Campiña. Desde entonces poco se ha hecho para remediar la situación. Quedó claro que los conejos no tenían densidades muy altas, sino que se consideraban normales para la especie. Con censos periódicos se seguía su evolución para conocer el futuro y en el seno del Consejo Provincial de Medio Ambiente y Biodiversidad se abordaron soluciones entre todas las partes. El problema radicaba principalmente en la inexistencia de banco de semillas de especies palatables para el conejo. Se habían eliminado las lindes, estas junto a las cunetas de caminos, carreteras y cultivos eran regadas con glifosato u otros herbicidas. En definitiva, el campo era una especie de desierto vegetal donde simplemente subsistían las plantas cultivadas, las únicas que podían comer el conejo, y pocos ejemplares realizaban mucho daño. O bien las plantas que crecían no podían ser comidas por el conejo. Si se hace una poca retrospectiva, en los viajes por las autovías que atraviesan la provincia era muy común observar a conejos en sus márgenes y la calzada era un verdadero cementerio de ejemplares atropellados. Esa imagen hoy no existe, pocos puntos hacen recordar aquella situación.

La situación ha mejorado poco porque se ha seguido con el mismo planteamiento, a pesar de unos tímidos intentos de la PAC. Los daños existen en algunos lugares y son necesarias medidas urgentes pero a medio plazo debe volverse a restaurar la funcionalidad de los sistemas agrícolas. Las organizaciones agrarias debieran ayudar en esa dirección, junto a los cazadores, ecologistas y administración. Si no se hace, dentro de unos años, superada esta situación, volverán las alarmas de los conejos híbridos como gatos.

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