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VENTANA A LA NATURALEZA

Los barbechos, imprescindibles para las aves esteparias

Son una figura clave para la conservación y mejora de la calidad medioambiental de las áreas agrícolas, pero hay que mejorar su gestión. Desde un punto de vista ambiental, su manejo proporciona variedad al paisaje y zonas de refugio, alimentación y nidificación para la fauna

Los barbechos, imprescindibles para las aves esteparias FRANCISCO CONTRERAS PARODY

Hasta mediados del siglo XX la campiña se ha caracterizado por lo que algunos autores han llamado «cultura cerealista», que proveía de alimento a humanos y animales. Con carácter general, una explotación se dividía en al menos tres hojas de similar superficie donde se alternaban el cultivo de cereales y leguminosas y la tercera se dejaba en barbecho. Una vez recogida la cosecha de cereales (trigo, cebada, avena...) se rotaba con cultivos que enriquecían el suelo con nitrógeno con leguminosas (garbanzos, habas...). Se dejaban superficies sin sembrar durante uno o más años para que recuperaran sus cualidades. Además, las plantas que nacían de las semillas que aún quedaban o las que nacían de forma natural eran aprovechadas por el ganado, principalmente ovino, que a la vez fertilizaba la tierra con sus deyecciones. Entre ellos también se insertaban superficies incultas conocidas como eriales que diversificaban el paisaje y la oferta alimenticia.

Las aves esteparias han evolucionado a lo largo de los siglos con este sistema de alternancia de cultivos y cada una de las hojas en las que se dividía la explotación cubría sus necesidades vitales. El barbecho por antonomasia era la base de la alimentación de las poblaciones de las aves esteparias. Allí obtienen los pollos las proteínas que necesitan para poder crecer en forma de insectos. Abandonan el nido al nacer muy desarrollados y son capaces de alimentarse por si solos acompañados de la madre que es la encargada en solitario de la crianza. La agricultura tradicional durante muchos años ha sabido conservar a este grupo de aves, aunque el objetivo fuese otro.

Con la aparición de los abonos inorgánicos a mediados del siglo XX y posteriormente con el auge de los herbicidas este mundo quebró, fueron desapareciendo los barbechos y los que quedaban se trataban con herbicidas para evitar que nacieran plantas arvenses. Estos herbicidas sustituyeron a la labranza de los barbechos que aún dejaba algo de vegetación y se desarrollaban algunos insectos. No hay que ser muy listo para inferir que esta situación daba al traste con las aves esteparias por escasez de alimento para los pollos. Si a esto le añadimos la pérdida de cultivos cerealistas por leñosas (olivo, almendro y pistacho), la situación es aún más dramática. En este marco, una hembra de avutarda solo puede sacar aproximadamente un pollo cada 8 o 10 años y con una esperanza de vida entorno a los 12 años, la extinción silenciosa está puesta en marcha.

Alcaraván, especie que cada vez abunda menos en la provincia. FRANCISCO CONTRERAS PARODY

La Política Agraria Comunitaria (PAC) en 1988 apostó por el resurgir de los barbechos de forma voluntaria para reducir excedentes y se tornó obligatoria en 1992 pero con grandes debilidades al dejarlos cultivar con otras leguminosas o eliminar las hierbas con la utilización de herbicidas. El no tener en cuenta los conocimientos científicos de la biología de la conservación hizo que no tuvieran el resultado esperado.

El barbecho se ha convertido hoy en día en una figura clave para la conservación y mejora de la calidad medioambiental de las áreas agrícolas pero hay que mejorar su gestión si se quieren tener resultados. Desde un punto de vista ambiental, el manejo del barbecho no persigue eliminar las malas hierbas, sino proporcionar variedad al paisaje, mantener cubiertas vegetales que eviten la erosión, proporcionar zonas de refugio, alimentación y nidificación para la fauna. Son muchos los estudios que valoran la importancia de los barbechos para las aves esteparias que los seleccionan de manera clara. Éstos aportan una estructura vegetal heterogénea, con cierta proporción de suelo desnudo, una mayor disponibilidad de alimento (semillas, insectos y flora adventicia) y un menor número de perturbaciones que interfieran en su ciclo vital.

Por ejemplo, estudios realizados indican que los machos de sisón prefieren barbechos heterogéneos con zonas más abiertas y con suelo desnudo, para ser bien visibles para las hembras y poder realizar sus paradas nupciales, y por otro, zonas con más densidad donde abunda más el alimento y encuentran más refugio ante depredadores. Por otro lado, las hembras de avutarda o de sisón necesitan barbechos más densos para esconder el nido y encontrar alimento, a menudo vegetal, mientras que las gangas, el alcaraván común o la terrera común prefieren mucha superficie de suelo desnudo por donde desplazarse andando y detectar con facilidad las semillas e insectos. En definitiva, la heterogeneidad de los barbechos debe ser el objetivo en grandes superficies como pueden ser las zonas de importancia para las aves esteparias en Andalucía, que requieren una apuesta decidida de la administración agrícola si se quiere cumplir con los objetivos de la PAC y que las aves esteparias no nos abandonen.

Desgraciadamente esto contrasta con la decisión de dejar labrar los barbechos como consecuencia de la guerra de Ucrania, que de persistir varios años más pueden dar al traste con las poblaciones de estas aves. Un daño colateral a gran distancia de donde se desarrolla el conflicto y del que seguro no ha pensado quien ha adoptado la decisión, que por otro lado puede parecer necesaria, al menos en parte.

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