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Diario Córdoba

VENTANA A LA NATURALEZA

La Estrategia Nacional para la Conservación de Aves Esteparias

Va dirigida principalmente a siete especies que comparten hábitat y problemática de conservación en ambientes esteparios: sisón, aguilucho cenizo, ganga ibérica, ganga ortega, alondra ricotí, catalogadas como amenazadas en el estado español, y la avutarda y el cernícalo primilla

Aguilucho cenizo sobrevolando su territorio de caza. FRANCISCO CONTRERAS PARODY

El pasado 8 de julio, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico aprobó esta estrategia en la que ha participado la Plataforma para la Conservación de las Aves Esteparias y sus Hábitats en Andalucía (Pcaeh). La versión fue aprobada por la Comisión Estatal para el Patrimonio Natural y la Biodiversidad del 3 de diciembre de 2021 y por la Conferencia Sectorial el 20 de junio de 2022, en las que están representadas todas las comunidades autónomas.

La estrategia va dirigida principalmente a siete especies que comparten hábitat y problemática de conservación en ambientes esteparios: sisón, aguilucho cenizo, ganga ibérica, ganga ortega, alondra ricotí, catalogadas como amenazadas en el estado español, y la avutarda y el cernícalo primilla por atravesar un momento de declive poblacional. En Andalucía la avutarda se considera «en peligro de extinción». Las principales amenazas del hábitat que se señalan son la intensificación y transformación agrícola y ganadera, nuevas infraestructuras como parques solares y eólicos y otras presiones como carreteras, caminos, cercas y tendidos eléctricos, entre otros. Como amenazas a las especies se citan las cosechas tempranas, pérdida y roturaciones de barbechos, los biocidas, las semillas tratadas, la cosecha nocturna y el abonado en verde.

Se establecen criterios orientadores y directrices para la conservación que las comunidades autónomas tienen que adaptar en sus territorios tanto en los programas de conservación de las aves esteparias como en las políticas agrarias, nunca a costa del agricultor. La PAC no ha conseguido aún evitar el deterioro medioambiental ni la pérdida de biodiversidad en los medios agrarios, ni incluso en los espacios protegidos como las ZEPA. Pequeñas medidas extendidas sobre todo el territorio pueden conseguir grandes objetivos.

La Pcaeh elaboró un documento en 2018 en el que se analizó la evolución de los cultivos y encontró significativas variaciones a lo largo de los últimos años y señaló que desde el año 1992 hasta 2017, la superficie de olivar en Andalucía se había incrementado en 411.493 hectáreas (un 26,03%), mientras que la extensión de cereal se había reducido en 219.688 hectáreas (un 28,91%).

Cernícalo primilla con un ratón en su boca. Rafael Arenas BIÓLOGO

Este año los investigadores Guerrero, Rivas y Sánchez Tortosa han publicado un estudio en el que concluyen que la extensión del olivar en Andalucía ha reducido el hábitat de la avutarda y el sisón. Para ello analizaron los cambios de uso en la tierra de los datos suministrados por el satélite Corine Land Cover entre los años 2000 y 2018. Han determinado que los nuevos olivares han ocupado el 2,14 y el 2,61% de las áreas de distribución de la avutarda y el sisón respectivamente.

En una publicación en preparación hemos analizado esta evolución en la provincia de Córdoba entre 1991 y 2021. En el olivar se ha visto un incremento paulatino a lo largo de la serie de 31 años y se ha pasado de una superficie de 303.337 hectáreas a 371.134, un incremento de 67.797 hectáreas. Se produce un continuado crecimiento pero se detectan dos períodos claros, uno en el segundo lustro de los años noventa como consecuencia del establecimiento de una línea de ayudas de la Unión Europea y otra a partir del año 2017. El almendro con 2.500 hectáreas en 1991 tiene una tendencia descendente que en el año 2015 se rompe para ascender de forma casi exponencial hasta llegar a 13.460 hectáreas. El pistacho aparece como cultivo en el año 2012, se produce un ascenso más o menos mantenido hasta alcanzar las 534 de 2019. No existen datos posteriores pero se estima que puede haber alcanzado en el año 2021 las 600 hectáreas.

En el caso de los cereales se ve una evolución claramente descendente pero con grandes variaciones interanuales. La media de los primeros cinco años (1991/95) es de 167.347 hectáreas y de los últimos (2017/21) de 132.886 hectáreas, lo que supone una pérdida aproximada de 34.461 hectáreas de estepas. Las leguminosas son compatibles con las aves esteparias y al menos se observan unas variaciones cíclicas con tendencia a la baja pero poco significativas, que en este sentido si es buena noticia.

La población de Sisón ha tenido una regresión del 80%.

También hemos analizado el uso de herbicidas entre el año 1991 y 2019, último año disponible. A partir del año 1996 se puede apreciar que se inicia un ascenso en la utilización de los herbicidas, cuyo crecimiento se transforma al alza de forma muy ostensible a partir de 2009. Se pasa de las 1.221 toneladas del año 1991 hasta las 7.625 de 2019. Su uso ha aumentado un 624,5%. En el caso de los insecticidas, el incremento no ha sido tan manifiesto, se pasa de las 1.439 toneladas de 1991 a las 1.527 de 2019, supone un incremento de un 6%. En un momento en el que todas las fuentes señalan una disminución de insecticidas, se asiste en Córdoba a la recuperación al alza de los niveles de hace treinta años, tras haber pasado por un período en el que se llegó a reducir hasta en un 75%.

Con estos datos puede inferirse que el futuro para estas especies no es nada halagüeño y estamos asistiendo a una extinción silenciosa. Si se quiere que nos sigan acompañando, las administraciones agrarias y ambientales tienen que ponerse a diseñar programas que hagan posible la coexistencia de agricultura y conservación de aves esteparias.

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