el máximo órgano de control de los vinos y vinagres revisa a la baja las previsiones de aforo

El consejo regulador de Montilla-Moriles espera una menor cosecha de uva por el calor

Las nuevas estimaciones sitúan ahora la "merma" de la producción en torno al 30% respecto al 2020 | Bodegas y cooperativas de la zona cuentan aún con algunos excedentes de vino del pasado año

Un jornalero trabaja sobre un remolque cargado de uvas de la variedad Pedro Ximénez.

Un jornalero trabaja sobre un remolque cargado de uvas de la variedad Pedro Ximénez. / JOSÉ ANTONIO AGUILAR

Juan Pablo Bellido

Juan Pablo Bellido

El marco Montilla-Moriles afronta ya la recta final de la vendimia 2021. Y lo hace con una revisión a la baja de las previsiones de cosecha que marcó el consejo regulador al principio de la campaña, como consecuencia de la ola de calor que se registró en buena parte de España entre los pasados días 12 y 16 de agosto.

En declaraciones a CÓRDOBA, el presidente del máximo órgano de control de los vinos y vinagres, Javier Martín, reconoció que aunque las previsiones iniciales apuntaban a una disminución de la cosecha «próxima al 15 por ciento» respecto a la anterior campaña, que se cerró con 38 millones de kilos de uva, «los avatares climáticos de mediados de agosto elevan esta merma al 30 por ciento», por lo que el Consejo Regulador confía en finalizar la vendimia entre los 25 y los 30 millones de kilos de uva blanca.

Según los últimos datos facilitados por la entidad que preside Javier Martín, actualizados a fecha 26 de agosto, las bodegas, lagares y cooperativas de la zona han recibido ya 17.820.830 kilos.

«La ola de calor ha provocado que la uva sufra una importante deshidratación en estas últimas semanas y, sin duda, va a reducir la cosecha que, a pesar de todo, va a gozar de una calidad y una sanidad muy buenas», destacó, por su parte, el gerente del consejo regulador, Enrique Garrido, quien resaltó que en el caso de los vinos jóvenes, que se elaboran con uvas que fueron recolectadas antes de la ola de calor, «la cosecha de este año será excepcional».

En este sentido, desde el consejo regulador se ha recomendado que, en el caso de las parcelas que registran vides con racimos deshidratados y otros en aparente buen estado, se apueste por separar los frutos en cajas distintas para que se puedan realizar «elaboraciones separadas» por parte de los lagares y de las bodegas.

Mientras tanto, en el caso de la recolección con máquinas cosechadoras, la estrategia recomendada apuesta por recolectar primero las parcelas o los linios donde los racimos estén sin deshidratar y que presenten una graduación apropiada para, posteriormente, recolectar las plantas con «cierto porcentaje de racimos afectados».

La reducción de la cosecha de uva esta campaña se traducirá, finalmente, en la llegada al mercado de menos vino elaborado a lo largo de los próximos meses. Esta situación, que a priori podría resultar negativa para las bodegas, se plantea como un «pequeño respiro» para muchas bodegas y cooperativas que todavía mantienen excedentes del pasado año, como consecuencia del cierre de hoteles, restaurantes y cafeterías –el conocido como canal Horeca– durante los meses más duros de la pandemia del coronavirus.

«Esto va a permitir relajar esa tensión que tienen de vaciar las bodegas al inicio de cada campaña y dar paso a los nuevos vinos», sostuvo el gerente del consejo regulador que, asimismo, insistió en la necesidad de reforzar los trabajos del sector para incrementar la comercialización de los vinos en una nueva campaña «que comienza con una tendencia buena de cara a la recuperación».