El Consejo Regulador de la Denominación de Origen Protegida (DOP) Montilla-Moriles ha dado la voz de alarma ante un importante ataque de polilla que puede provocar podredumbres en los racimos justo en los días previos a la vendimia. Tal y como confirmó ayer el Aula de Viticultura a través del boletín semanal de la Agrupación para el Tratamiento Integrado en Agricultura (Atria), se han detectado ya «fuertes ataques» en algunos pagos del marco vitivinícola cordobés, por lo que se insta a los agricultores a observar los daños de segunda generación que se aprecian en los racimos.

La polilla del racimo de la vid, también conocida como «gusano de la uva», es una de las plagas más temidas por los viticultores de la zona Montilla-Moriles. No en vano, las larvas de este insecto lepidóptero provocan graves daños en los viñedos afectados, donde los racimos acaban pudriéndose justo antes de su recolección.

Por este motivo, el Consejo Regulador presta especial atención a este gusano que causa verdaderos estragos en las paseras, donde el fruto se extiende al sol para alcanzar el grado de deshidratación óptimo que da lugar al vino dulce. En ese sentido, desde el Aula de Viticultura se vienen analizando diversos métodos para el control de la Lobesia botrana, como el uso de difusores de confusión sexual o la implementación de herramientas como Biogard GIS, que permite el control remoto de la plaga.

«Hay pagos donde más del 15 por ciento de los racimos presentan ya huevos viables y larvas de polilla», reconoció ayer Ángela Portero, responsable del Aula de Viticultura, quien recomendó «tratar las parcelas que presenten daños de las orugas de la segunda generación y presenten puestas o larvas de la tercera generación», aunque respetando siempre el «plazo de seguridad» entre la aplicación de los productos fitosanitarios y la recolección de la uva.

«El nivel de polilla es alto en muchas otras regiones vitícolas españolas y, por tanto, está teniendo una gran incidencia a nivel nacional», añadió Portero, quien instó a los viticultores de Montilla-Moriles a «observar el nivel de daños de cada parcela» para poder determinar la necesidad de aplicar o no tratamientos.

«A fecha 30 de julio, la plaga se encontraba en fase de huevos o en el inicio de eclosión en los pagos más tardíos, aunque ya se observaban orugas en las fincas más tempranas», apuntó la responsable del Aula de Viticultura, quien detalló que en la zona de Cuesta Blanca, en plena Sierra de Montilla, se ha detectado un «alto nivel de ataque», pudiéndose observar ya las primeras orugas.