Cada vez es mayor el número de personas que se desplazan al medio natural para practicar diversas actividades, desde más simples como el senderismo hasta otras que requieren más preparación como la escalada o el barranquismo. Con la restricción de la movilidad, muchos lugares de la provincia se han llenado de personas y es más fácil pasear por la ciudad antigua de Córdoba que por lugares muy conocidos de la sierra.

Ha cambiado el perfil del senderista y se están provocando numerosas molestias a la fauna y los residuos abundan por doquier por los lugares más transitados. Las empresas que se dedican a este menester han ampliado sus actividades y comienzan a incluir itinerarios, incluso en fincas privadas, en pleno período reproductor de especies consideradas como «vulnerables» o «en peligro de extinción», como es el caso del águila perdicera e imperial. A través de las redes sociales pueden observarse estas actividades y, si se tiene cierto conocimiento sobre la distribución de estas especies, puede intuirse que muchas de ellas han pasado a decenas o escasos centenares de metros de sus nidos, provocando molestias.

Estos hechos ocurren aquí como el País Vasco, es un fenómeno que se está dando en todo el territorio nacional. Publicaciones científicas analizan este aspecto con conclusiones muy claras e indican cuáles son las distancias de seguridad y que, dependiendo de la especie, pueden llegar de los 500 a 1.000 metros. Que esto ocurra con personas que se acercan por su cuenta a estos espacios puede tener cierta explicación, pero no puede permitirse que ocurra con empresas especializadas.

Turismo activo en la naturaleza. CÓRDOBA

Regulación

En los espacios naturales protegidos los senderos están diseñados para que no causen daño o se cierran durante el período reproductor para evitarlos. El régimen de autorizaciones está precisamente para minimizar los efectos de la visita, controlando el número de personas que acceden a determinados lugares. Quizás hay que abundar en estos extremos e incrementar la vigilancia, sobre todo en aquellos que teóricamente están cerrados y son una feria todos los fines de semana.

Desde el año 2002 el turismo en el medio natural está regulado. Se hace hincapié sobre que las actividades de turismo activo «adoptarán las medidas necesarias para profundizar en la educación ambiental de las personas usuarias de estos servicios, de manera que sea posible alcanzar el necesario equilibrio entre el disfrute de los recursos turísticos y la conservación y mejora del medio rural». Estas actividades requieren autorización concedida por la Consejería de Medio Ambiente, hoy Desarrollo Sostenible, en aquellos supuestos en que sea exigido por la normativa de protección de los espacios naturales, terrenos forestales y vías pecuarias, algo que no se puede pasar por alto para que la administración ambiental pueda adoptar medidas que eviten molestias en las especies más sensibles. Además, las empresas de turismo activo están obligadas a dejar constancia por escrito, entre otras cuestiones, sobre las medidas a adoptar para preservar el entorno en el que la actividad se realiza.

No obstante, estas actividades organizadas no son numerosas si las relacionamos con las excursiones que realizan grupos de amigos y familiares o conocidos que se desarrollan sin control alguno y que no suelen poner en práctica un código de buenas prácticas. Son cada vez más frecuentes las llamadas de atención de asociaciones de diverso tipo sobre el descontrol más o menos generalizado y sus impactos sobre el suelo, flora y vegetación, fauna y el arrojo de residuos de todo tipo por doquier.

Solamente con una verdadera ordenación del turismo activo regulado y las actividades no reguladas se pueden hacer sostenibles estas en el medio natural y para ello las autoridades locales, provinciales, autonómicas y en algunos casos la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, tienen que ponerse manos a la obra y trabajar de forma conjunta. Este último año ha enseñado que el campo no está preparado para la demanda ciudadana, que en masa ha decidido echarse al monte y disfrutar de la enorme riqueza paisajística y natural de la provincia de Córdoba, en cualquier día de la semana pero sobre todo los sábados y domingos. Es hora de trabajar de forma conjunta, cada uno puede aportar mucho conocimiento y el resultado puede ser algo envidiable, una verdadera oferta provincial que evite la masificación y sus impactos.

*Biólogo