Lo de madrugar no extraña al ganadero cordobés Felipe Molina. El rebaño no entiende del covid-19 y cada día acude a la explotación para cuidar a unas 1.500 ovejas merinas de las 3.000 que gestiona la ganadería Las Albaidas. Los otras 1.500 se encuentran en otras dos fincas. Felipe Molina es también un ganadero trashumante que pertenece a la sexta generación de su familia que practica esta tradicional actividad de traslado del ganado a zonas donde hay pastos o rastrojeras. El traslado del ganado a otras fincas se produce para buscar pastos cuando no queda más remedio. Un día en la vida de Felipe Molina en estas semanas de confinamiento puede ser esta. A las 6.30 sale de casa para llegar a la explotación, situada en la Campiñuela (junto a Rabanales), sobre las 7.00. Es entonces cuando repasa los animales tras la noche y a las ovejas paridas y alimenta con pienso a los animales que permanecerán en las naves en cebo para su posterior venta. Sobre las 10.00 suelta a las ovejas para que salgan a pastar, retornando sobre las 20.00 a la granja para pasar la noche. Un día tras otro, esa es la rutina, aunque por la pandemia del coronavirus siempre mantenga la situación de alerta y todas las precauciones.

Para los agricultores y los ganaderos no está siendo nada fácil el confinamiento, aunque pueda parecer que es un «privilegio» salir todos los días al campo a cuidar de su rebaño. «Se nos permite sin problema el movimiento, acreditándonos y manteniendo los requisitos de seguridad sanitaria en los desplazamientos. Para algunos somos privilegiados, pero nosotros salimos a trabajar y luego volvemos a nuestras casas, con el riesgo de contagiar a nuestras familias, que sí están confinadas», explica Felipe Molina.

Pese a que pasa todo el día aislado en el campo con sus ovejas, debe mantener el contacto con los proveedores, ya sean vendedores de pienso, de gasóleo o los mismos veterinarios que hacen el seguimiento de los animales. Precisamente, ante el rápido avance de la crisis sanitaria, esta ganadería decidió dividir el rebaño de 3.000 ovejas con el objetivo de «mantener el mínimo contacto entre los que trabajamos con el ganado, para evitar que si alguien se contagiara, no implicara la cuarentena de todos y tener que dejar los animales desatendidos».

Molina, que también es secretario general de la Asociación Española de Criadores de Raza Merina, asegura que, pese al objetivo de mantener cubiertos los mercados para que lleguen alimentos a la población, en la actualidad se está vendiendo poco, aunque eso no implica la labor habitual de mantener la explotación en plena viabilidad, con el cuidado de la alimentación del ganado y la sanidad de las ovejas. «Nuestras ventas de corderos han quedado reducidas a un 10%, ya que tanto el cordero como el cabrito y la ternera tienen sus operaciones en un 90% en el canal Horeca, que está hoy cerrado», precisa. Esto provoca, además, el problema añadido del incremento de los costes porque el ganado se acumula en las explotaciones y «sale con cuentagotas y a precios ridículos».

El sector está a la espera de una ayuda anunciada por el Gobierno que se destinaría a la oveja y no al cordero, aunque Molina critica que el presupuesto previsto, diez millones de euros, para 15 millones de ovejas en España «es ridículo». El Ministerio de Agricultura ha informado que el objetivo es ayudar a estos ganaderos «por las dificultades de comercialización» de corderos durante marzo y abril, tras la declaración del estado de alarma, que supuso el cierre del canal de alimentación fuera del hogar y que ha coincidido además con la salida estacional de corderos en Semana Santa. «En fin, esperemos a tiempos mejores», se resigna Felipe Molina a la espera de que se produzca pronto un cambio en la situación.