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TÉCNICAS DE EXPLORACIÓN

La resonancia magnética 'observa' cómo se activa el cerebro ante situaciones de asco

Los efectos de contemplar fugazmente unas imágenes de fruta podrida o cucarachas pueden perdurar hasta 30 segundos. Investigadores del Hospital del Mar consideran que el estudio puede servir para abordar la obesidad mórbida y otras patologías

 

El neurólogo Jesus Pujol, director de la unidad de investigación en resonancia magnética del Hospital del Mar de Barcelona - DANNY CAMINAL

ANTONIO MADRIDEJOS
08/01/2018

Treinta individuos sanos de entre 19 y 45 años, la mitad varones y la otra mitad mujeres, fueron sometidos a un sorprendente test visual que pretendía descifrar mediante un estudio de resonancia magnética funcional cómo se activan y desactivan las diferentes regiones de su cerebro ante situaciones de asco. A los voluntarios, tumbados con una especie de gafas de realidad virtual, se les proyectaba una película de seis minutos con alimentos apetecibles, agradables a la vista, pero intercalada con repentinos fragmentos de alimentos asquerosos, como cucarachas, un hombre comiendo lombrices y frutas podridas. Para evitar que pudiera influir en los resultados, a todos los individuos se les hizo la prueba a la misma hora de la tarde y tras haber comido lo mismo. 

"Hemos observado cuáles son las regiones más implicadas y las fases del proceso", avanza el coordinador del estudio, Jesús Pujol, médico del servicio de Radiología del Hospital del Mar de Barcelona e investigador del Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas (IMIM). El objetivo del experimento era esencialmente "de ciencia básica", como lo define Pujol, pero además de ayudar a "conocer cómo se comporta nuestro cerebro ante situaciones de asco", el neurólogo del Hospital del Mar considera que puede tener aplicaciones directas en, por ejemplo, el tratamiento de la obesidad.

"La resonancia magnética -recuerda el especialista- nos ofrece la oportunidad de observar el cerebro en funcionamiento. Podemos ver qué región se activa cuando se realizan determinadas actividades como mover los pies o jugar en el ordenador". Eso se traduce en una pantalla en forma de colores rojos, naranjas... 


Zonas del cerebro activadas al contemplar escenas de una película con comida asquerosa. / DANNY CAMINAL

Aunque no es la primera vez que se aborda la percepción del asco con técnicas de resonancia magnética, Pujol destaca que la novedad es el "enfoque dinámico". Ya no es una foto, sino un proceso. Por ejemplo, el estudio ha comprobado que, 40 segundos después de haber observado la comida desagradable, todavía siguen activadas diversas regiones del cerebro vinculadas a la emoción. "Lo que sabíamos que pasaba en el cerebro es solo el 15% de lo que realmente pasa", comenta el neurólogo.

En el estudio, que se ha publicado en la revista Human Brain Mapping, han participado también Laura Blanco-Hinojo, Gerard Martínez-Vilabella y colegas del Hospital Parc Taulí de Sabadell, entre otros centros. Ha contado con una subvención del Instituto de Salud Carlos III.

Los investigadores del Hospital del Mar han comprobado en primer lugar que la observación de objetos o escenas asquerosas "no activa una parte concreta del cerebro, sino prácticamente la mitad del cerebro", dice Pujol. La reacción puede estar motivada tanto por la observación del asco físico, por ejemplo en las comidas desagradables, como por el asco social-moral, motivado por una acción censurable. Obviamente, algunas cosas que dan asco pueden variar según la cultura y la educación.

Varias fases
Los autores del análisis también han comprobado que el proceso de captación de las imágenes asquerosas por parte del cerebro tiene varias fases. En la primera, nada más aparecer en la pantalla, durante apenas dos o tres segundos, el individuo no tiene consciencia de ello, "pero su cerebro ya empieza a responder como mecanismo de defensa y protección", dice el neurólogo del Hospital del Mar. Una de las opciones es cerrar la boca con rapidez.

Luego, prosigue Pujol, viene una fase de alerta consciente, es decir, el voluntario empieza a asumir que eso no es bueno. "Hay ya respuestas conscientes". Hay finalmente una fase de asimilación que provoca que la experiencia quede grabada en la memoria. Esta situación puede prolongarse hasta 26 segundos después.

Las regiones del cerebro que se activan con el asco son en gran parte similares a las del miedo y otras emociones desagradables. "Aunque hay una base común, cada emoción tiene su característica específica", explica el radiólogo del Hospital del Mar. En líneas generales, las dos regiones que experimentan mayor actividad son el lóbulo frontal (amígdala-hipocampo, ínsula), región vinculada a los gustos, y el hipotálamo, que regula las reacciones más animales. "En una fase final -escriben los autores en el artículo-, la excitación neuronal se extendió a áreas corticales amplias, el tálamo y el cerebelo".

Obesidad
Pujol explica que este tipo de información puede ser interesante para estudiar lo que pasa con la obesidad mórbida. De hecho, también se ha hecho la misma prueba con 30 voluntarios con exceso de peso, aunque los resultados todavía no se han publicado. "Analizamos si las respuestas a los estímulos de asco en los obesos son diferentes", afirma. Quizá podría servir en un futuro para tratar farmacológicamente el exceso de apetito. También están trabajando con pacientes aquejados de un raro síndrome conocido como de Prader-Willi, una alteración genética en el cromosoma 15 que suele traducirse en deficiencias de desarrollo mental y en un apetito excesivo, entre otros problemas. "No tienen bien el sistema que los hace sentirse saciados y son propensos a la obesidad", dice.