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La cuenta atrás El 1 de enero entra en vigor la ley antitabaquismo
REPORTAJE

Pepe se queda sin purito

La ley obliga a suprimir la pegadiza cuña radiofón

 

EMILIO PEREZ DE ROZASEMILIO PEREZ DE ROZAS 30/12/2005

No hay problema. La ley española antitabaco no va a terminar, ni siquiera mitigar, la algarabía que se organiza cada domingo, cada sábado y algún que otro miércoles, en los estudios centrales de la Cadena SER en el momento de interrumpir el Carrusel deportivo para emitir su divertida y pegadiza publicidad.

Al fin y al cabo, no sólo es marca de la casa, sino también motivo de elogio y hasta de premios. Es más, ha creado estilo y, por tanto, nada ni nadie impedirá que Pepe Domingo Castaño, poseedor de cuatro premios Ondas --el último este año, precisamente, "por su creatividad publicitaria"--, renuncie a encontrar algún remedio para curar el mono que le producirá no poder oír "la cantinela me la inventé precisamente porque yo no me podía pedir a mí mismo un cigarro"-- el gracioso grito de su amigote Jorge Armenteros cuando le pedía "¡Pepe, un purito!" ¡Ojo al dato!: puritos Reig arrasa en todos los ránkings de publicidad en radio y el número 15 Minor es el puro más vendido en España, cuando antes era un Farias.

Buscando algún truco

"Me duele el alma, pero el alma de creador, de comunicador", cuenta Pepe Domingo Castaño en uno de sus días de descanso en Las Palmas de Gran Canaria. "Carrusel era ¡Pepe, un purito!", y nos lo han quitado".

Pepe comparte la vieja tesis expresada hace ya muchos años por el mítico piloto de motos norteamericano Kenny Roberts, cuya Yamaha iba siempre pintada de Marlboro. El campeón respondía así a las críticas: "Yo no incito a fumar. Simplemente le sugiero al que fuma que fume mi marca". Pepe no lo dice, pero está dándole vueltas a la manera, forma, truco y cántico para que no desaparezca el guiño.

"Estos días de descanso --explica Pepe, un purito-- estoy dándole vueltas a cómo podemos seguir con el guiño, pero no se me ocurre nada, y ni siquiera sé si la ley permitiría algo así, pese a no mencionar la marca". Esteve Saltó, responsable de prevención tabáquica en la Consejería de Salud, comentó ayer a este periódico que "si recitan la misma frase de siempre, el ¡Pepe, un purito!, únicamente omitiendo la marca, se podrá considerar una incitación a fumar, una promoción o estímulo del tabaco, perseguible por la ley". Perseguible por la ley, sí, pero "siempre que alguien lo denuncie".

Pepe sabe que su gente no le va a denunciar. Fijo. Domingo Castaño, cuyos otros tres Ondas (1975, 1996 y 2002) son fruto del Gran Musical (1975) y del propio Carrusel Deportivo (1996 y 2002) que comparte con Paco González, recuerda que la cuña de Reig no se le ocurrió a él. "Fue en una Vuelta de hace siete u ocho años, cuando, estando en cada final de etapa arriba del todo del palomar de la tribuna de prensa, la gente me gritaba que le tirase una foto, un autógrafo o un purito".

Primeros en el ránking Pepe pensó que aquel "¡Pepe, un purito!" podía ser la mejor manera de iniciar la cuña. Pero, claro, no podía pedírselo él mismo, así que ideó que su amigo Armenteros cantase la petición. Dicho y hecho. Y, a partir de ahí, la firma Reig, de Gerona, y sus puritos iniciaron un esprint hacía la cumbre, convirtiéndose en la marca con mayor repercusión y notoriedad en radio, por delante de El Corte Inglés, la ONCE e, incluso, Coronitas, otra marca que cuenta con el apoyo del orfeón de Pepe Domingo.

Es evidente que el comunicador rompió con el tradicional estilo de difundir la publicidad. Hasta su estallido de la mano de "¡Pepe, un purito!", lo habitual era escuchar el audio de los anunciados previamente elaborados para televisión.

"De lo que estoy más orgulloso es de que todo lo que he hecho con ilusión, como la música, el deporte y la publicidad, ha funcionado". La voz es, en este caso, tan importante como el cántico, el 15 Minor y el festorro que produce cada cuña, últimamente amenizadas por la sugerente voz, dulce y pícara de Laura Martínez, habitualmente situada con su micrófono sobre el césped del Camp Nou.

La ley antitabaco va a limpiar de humos un montón de estudios de radio, pero con ellos se irán un montón de sonrisas pegadizas y, sobre todo, un cántico que agradaba y divertía, no sólo a los fumadores sino a más de dos millones de oyentes.