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Tintín y el cetro de Tabarnia (1)

 

Tintín pasea un día por el mercado de las pulgas de Bruselas, en la plaza del Juego de Pelota, y compra una butifarra disecada. Atrae su atención el viejo marchamo, que sitúa su origen en el olvidado condado medieval de Catalnotespein, situado en la costa mediterránea no lejos de los Puchineos orientales. Ya en casa, el embutido rueda por el aparador, cae al suelo y se rompe dejando escapar de su interior un pergamino que afirma que el condado se liberará del Reino Histérico cuando un descendiente del primer conde Puchiflor acceda al poder, para lo cual se valdrá de una caja mágica que todos llamarán Sevetrés y que nublará la realidad y el entendimiento de sus súbditos. Ante esta nueva aventura, Tintín embarca en el habitual Douglas DC-2 que le llevará a Catalnotespein. Le acompañará su perrito Sorayú y el profesor Montorsol, mientras que en la capital del condado, Culelona, les aguarda ya su inseparable capitán Hernánddock. La tarea de desbaratar los planes del malvado Puchiflor no es fácil, ya que deberán enfrentarse a la voluptuosa Castafiolau, síndica de la ciudad de Culelona, persona poliédrica, carne y pescado, poco de fiar y aficionada tanto a actuar como a dar el cante. Pero Puchiflor tiene un punto flaco, el bufón de Corte, Jardiel Rhufyanus, tipo de mirada aviesa y chiste fácil y ácido, que siempre carga con artilugios mágicos para hacer gracia en la sala del trono. Rhufyanus, para ser bufón de Corte, no tiene sentido del humor y entra en profundo abatimiento cuando conoce el plan de la princesa Agnès Acercadas de reconquistar la sensatez para el condado mediante una invasión pacífica desde la vecina Tabarnia; sus armas: urnas transparentes y mágicas repletas con la voz de los ciudadanos y el don de la ironía, cosas que en Catalnotespein soportan mal. Cuando llegan a Culelona, nuestros amigos son recibidos por el malvado Rhufyanus, que les lleva engañados al palacio de la Concretitat, desde donde deberán escapar para ayudar a la princesa Acercadas. ¿Lograrán su objetivo? Para ello, intuyen, serán imprescindibles los inventos numéricos del profesor Montorsol. Veremos. No se pierdan el siguiente episodio.

* Profesor

@ADiazVillasenor

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