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Para ti, para mí

Silencio y meditación

 

Antonio Gil Antonio Gil
12/08/2017

Hay libros, películas y experiencias que tienen como meta la contemplación, a través de la meditación silenciosa. El sacerdote Pablo d’Ors, en su obra Biografía del silencio, nos habla de los dificultosos comienzos que tuvo con sus «sentadas», así las denomina, unos inicios áridos, llenos de dificultades para lograr aislarse del ruido exterior. «Habia algo muy poderoso que tiraba de mí: la intuición de que el camino de la meditación silenciosa me conduciría al encuentro conmigo». Esta frase del autor podría resumir la esencia de la meditación, el encuentro contigo mismo y todo lo que eso conlleva. Cambia todo si lo haces, te invita a tomar la vida de otra manera, más serenamente, si se produce ese encuentro en lo profundo de tí mismo. Un libro que va más allá de la meditación, ya que es un viaje a tu interior, algo que muchos tienen miedo de hacer. Hoy se habla ya del nuevo «monasticismo», que, en palabras de Raimon Panikker, busca una experiencia de que transforme la vida: «Lo que buscamos es una experiencia que transforme nuestras vidas y nos incorpore al destino del universo. Buscamos una intuición capaz de darnos una orientación en la vida, tanto como para nuestro ser temporal como para nuestro ser actual». En las actividades veraniegas, son muchas las personas que eligen experiencias contemplativas, en lugares retirados y en el marco de silencios monacales. Thomas Merton describe bellamente el estado de contemplación: «La contemplación es la más alta expresión de la vida intelectual y espiritual del hombre... Es gratitud por la vida, el conocimiento y el ser. Es una comprensión profunda del hecho de que, en nosotros, la vida y el ser proceden de una Fuente invisible, trascendente e infinitamente abundante. La contemplación es, por encima de todo, la conciencia de la realidad de esa fuente». Las palabras de Merton nos descubren la importancia de la contemplación, de cara a encontrar el verdadero secreto de la existencia humana. El silencio, la paz ambiental, la meditación personal, y, al fin, el encuentro de esa «fuente» de la que nos habla el monje, pueden abrirnos a la verdadera felicidad.

* Sacerdote y periodista

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