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Diario Córdoba | Miércoles, 26 de noviembre de 2014 - Edición impresa

08/04/2013

Si somos lo que comemos, el diagnóstico es desolador: más de mil millones de personas en el mundo pasan hambre mientras que más de la mitad de los productos que se producen a nivel mundial se desperdician. Pero es que la otra mitad que sí se consume está en gran parte en manos de una industria alimentaria global sobre la que últimamente se ciernen los escándalos y las dudas de que sea de fiar para nuestra salud (restos de heces en tartas de chocolate; ADN de caballo en hamburguesas...)

Un único dato --que el recorrido medio de un producto comestible es actualmente de unos 5.000 kilómetros diarios por todo el planeta-- basta para levantar la guardia, ya que es obvio que es necesaria una larga lista de productos químicos (aditivos , edulcorantes, gasificantes, aromatizantes, estabilizadores-) no solo para permitir la explotación comercial de los alimentos, sino para darles un aspecto, una textura, un olor y un sabor atractivos. Es cuanto menos preocupante que las legislaciones difieran según los países respecto los efectos de estos productos sobre la salud (obesidad, diabetes, osteoporosis, cálculos renales, cáncer...)

Cabe, pues, un mayor control sobre la industria alimentaria, y la unificación de las legislaciones. Pero, sobre todo, hay que primar la información y la formación, el etiquetaje claro y la concienciación del consumidor para no poner en peligro la seguridad alimentaria, para que el ciudadano sepa en todo momento qué es lo que come.

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1 Comentario
01

Por Feriante: 20:19. 08.04.2013

No habrá verdadera seguridad alimentaria mientras las agencias públicas creadas a tal efecto, tanto a nivel europeo como nacional, están en manos de personas que tienen o han tenido intereses directos en empresas privadas distribuidoras o elaboradoras de productos denominados alimentos. El concepto que debemos manejar es el de "soberanía alimentaria", y eso sólo se conseguirá cuando los ciudadanos, meros consumidores para estas grandes empresas multinacionales, tomemos la sartén por el mango y hagamos de nuestro carro de la compra un carro de combate, convirtamos el hecho cotidiano del consumo en un hecho político. En nuestras manos está saber qué elegimos para alimentarnos.

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