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FRANCISCO Dancausa FRANCISCO Dancausa 28/11/2007

Confieso que yo también alguna vez los he visto; aunque, eso sí, no he llegado todavía a esa fase vehemente de necesitar verlos todos los días. Me refiero a los reality shows , esos programas donde la carnaza de la audiencia suelen ser las miserias humanas.

Supongo que esta sociedad individualista, que nos aparta del conocimiento sincero y sano de los demás, convierte nuestra necesidad lógica de compartir sentimientos con el prójimo en una especia de paroxismo enfermizo, donde el dramatismo, el voyeurismo y el morbo son los síntomas que se retroalimentan y que nos mantienen enganchados a este tipo de programas televisivos. Por supuesto, los grandes grupos de comunicación conocen esta circunstancia y la incentivan ofreciéndonos shows con la coartada del entretenimiento, la diversión y el espectáculo; aunque con lo que realmente están cocinados es con ingredientes espurios.

¿Cuántas veces no hemos constatado cómo en este tipo de programas se sobrepasa el derecho a la intimidad, al honor e incluso a la propia imagen y nadie hace ni dice nada? Muchas. Aún así siguen siendo la perla del prime time .

No obstante, a veces, de tanto conjurar al demonio, éste se presenta. Así fue el día en que apareció en el programa El Diario de Patricia Ricardo , ex pareja de Svetlana , una joven rusa a la que la violencia de género ya había puesto precio: la muerte.

La chica, que no sabía nada de que por allí fuera a aparecer el maltratador del que ella se había zafado, tuvo que soportar, víctima del presunto engaño televisivo, que su verdugo le pidiera matrimonio. Ella se negó y él parece ser que le quitó la vida.

Mientras, el espectáculo había hecho de celestina de la muerte; y nuestro pulgar, como el del público de los circos romanos, la había condenado posándose sobre el mando a distancia.

* Publicista

 


 

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