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Tribuna imparcial

La profecía de Tarradellas (y 2)

 

La profecía de Tarradellas (y 2) -

Julio Merino Julio Merino
26/03/2018

En política las cosas no se producen porque sí y de la noche a la mañana, pues todo tiene antecedentes (ni siquiera aquello del almirante Aznar del 14 de abril de 1931: «Aquí no pasa nada, solo que anoche España se acostó monárquica y hoy se ha levantado republicana», ya que antes estuvieron los errores del Rey y la Dictadura de Primo de Rivera)... También el «problema catalán» de hoy. Los nacionalistas y los independentistas no han surgido de la nada. El «desastre» actual viene de muy lejos, tal vez desde el mismo día que el señor Pujol fue elegido presidente de la Generalitat.

Pero volvamos a la conversación que mantuve con el honorable Tarradellas el 19 de enero de 1980 y que sea él quien nos hable de los orígenes del actual procés que ha dislocado a Cataluña.

-- Presidente, bien --le pregunté cuando ya me había convencido de su retirada y del por qué no se presentaba a las elecciones, las primeras autonómicas que iban a celebrarse--, pues si usted no se presenta dígame a quién debo apoyar desde mi periódico (como ya he dicho en el artículo anterior, yo era en ese momento director del Diario de Barcelona).

-- Ah, pregúnteme usted --dijo con cierta ironía.

-- ¿Qué opinión le merece el señor Echevarría, el candidato de Solidaridad Catalana?

-- Nada, no tiene nada que hacer. «Solidaridad» es la AP de Fraga y la derecha españolista y además tiene detrás al discutido banquero Santacreu. No merece la pena hablar de él. (Curiosamente, el Honorable acertó de lleno, pues Solidaridad Catalana no sacó ni un diputado en las elecciones y desapareció).

-- Bien. ¿Y el señor Reventós?

-- Es un chico majo, me visitó en Francia varias veces y además es el PSOE catalán... Pero, de aquí (y con los dedos midió su frente) poco. No es un líder.

-- ¿Y qué me dice del veterano Heribert Barrera, el republicano?

--Que es un resentido --dijo cortándome-- y como tal un peligro. Los resentidos no tienen límites en su ambición, siempre piensan que la sociedad no les da lo que se merecen.

-- ¿El señor Benet, el señor Cañellas?

-- Joseph Benet es el PSUC y el PCE, y Cataluña tardará siglos en olvidar lo que hicieron aquí los comunistas en el pasado... Y el señor Cañellas aquí es Suárez... Bueno, algo sacarán, pero van a contar poco en el futuro.

-- Bueno, presidente, como ve, le he dejado para el final a quien según dicen todos va a ganar si usted no se presenta, me refiero al señor Pujol ¿qué opina usted de don Jordi? Al llegar aquí, el Honorable, muy serio, se puso de pie y apoyando las manos sobre la mesa dijo: «Señor Merino, yo de enanos y corruptos no hablo» (y sin más volvió a sentarse, sonriente de ver la cara que a mí se me había quedado).

-- Presidente, me ha dejado usted de piedra. ¿Corrupto?

-- ¿Ha oído hablar, amigo Merino, de Banca Catalana?

-- Algo, hay muchos rumores. (Entonces abrió un cajón de su mesa y sacó una carpeta verde, y con ella en la mano dijo: «Esto no son rumores, esto son hechos... Esa banca será la tumba política del señor Pujol... Y puede que algo más el día que las cosas lleguen a mano de los jueces. 20.000 millones desaparecidos son muchos millones y los primeros responsables son la familia Pujol. Este asunto traerá cola, mucha cola, porque además ya está en ello la Fiscalía anticorrupción».

-- ¿Y qué puede pasar?

-- Conociendo al personaje, yo lo tengo claro. Luchará y pactará hasta con el diablo para ser president, porque ahí espera tener su mejor escudo. Mire, amigo mío, este hombre en cuanto estalle el escándalo de su banco se liará la estelada a su cuerpo y se hará víctima del centralismo de Madrid... Ya lo estoy viendo: «Catalans, España nos roba... No nos dan ni la mitad de lo que nosotros les damos y además pisotean nuestra lengua... Catalans, ¡Visca Catalunya!». Sí, esa será su política en cuanto llegue a la Presidencia, el victimismo y el nacionalismo a ultranza. ¡Dios, así empezó Companys!... Nunca he podido olvidar el enfrentamiento que tuve con él el mismo día del disparate de octubre del 34, cuando se sublevó y quiso proclamar el Estat Catalá y la República independiente sabiendo, como sabíamos todos, que el Estado español no lo iba a permitir... Y así fue. Me temo que el señor Pujol jugará esa baza para salvarse de lo de Banca Catalana. Pero por hoy ya hemos hablado bastante.

-- Pues, presidente, me voy preocupado.

-- ¿Y cómo cree usted que estoy yo? Porque veo que mis deseos de mantener unidos a todos, los nacidos aquí y los que han llegado de fuera, se van a ir conmigo, y eso será malo, muy malo, para Cataluña. ¿Recuerda usted las palabras que pronuncié cuando volví después de casi 40 años?

-- Sí, «Ja sóc aquí».

-- Sí, pero antes dije «ciutadans de Catalunya», lo que ese señor del que hemos hablado me criticó, porque, según él, tenía que haber dicho «catalans» y no «ciutadans». Y eso porque yo entendía que el president tenía que serlo de todos, los de dentro y fuese cual fue su ideología, y los de fuera, viniesen de donde viniesen.

Y así terminó aquel día nuestra entrevista. El Honorable me despidió con afecto y me emplazó para seguir hablando del «ritmo político». Desgraciadamente, los vaticinios del Honorable Tarradellas se han cumplido y la unión de todos los catalanes por la que él luchó ha saltado por los aires y hoy Cataluña está más dividida que nunca. ¡Ay,pero el menos Honorable president Pujol consiguió escapar ileso del «escándalo Banca Catalana», porque cuando estalló la bomba él ya se había parapetado con la UCD de Suárez primero, a quien hizo presidente del Gobierno con los 8 diputados de su CiU, y luego con el PSOE de Felipe González! Y había iniciado el procés que ahora tiene paralizada a Cataluña. El victimismo, la bandera de las barras y la lengua impuesta consiguieron su objetivo: salvar a Pujol, aún a costa de los miles de catalanes y los cientos de accionistas que perdieron sus ahorros. Pero a pesar de ello aquellos barros trajeron estos lodos y no hay «crimen perfecto».

* Periodista y miembro de la Real Academia de Córdoba

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