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SIN FILTRO ANA ROMERO

PELEAS DE CERDOS


13/02/2004

 

Ya sabemos que en los últimos tiempos todo vale con la excusa de combatir el terrorismo, pero lo que nunca hubiera pensado es que los cerdos se convirtieran en un arma de defensa. Sí, no se sorprendan, resulta que la policía israelí está pensando utilizar grasa de cerdo, un animal considerado impuro por judíos y musulmanes, para impedir los ataques de suicidas islámicos palestinos.

Los organismos de seguridad israelíes se basan en que, según la religión islámica, un hombre no irá al paraíso si antes de morir entra en contacto con un cerdo, por lo que piensan instalar bolsas de grasa de cerdo en autobuses y edificios públicos susceptibles de sufrir un atentado suicida. Además, sugieren a los judíos ortodoxos que usen pistolas de agua llenas de esa grasa para salpicar a los terroristas.

Es curioso, el Gobierno israelí podría autorizar que sus súbditos toquen el detestado cochino a pesar de la prohibición judía de consumir este tipo de carne y hasta de manipularla, pero no es capaz de sentarse a hablar con la Autoridad Palestina e iniciar un proceso de paz. Por lo visto, los palestinos son todavía más tóxicos que los cerdos. Vivir para ver.

Para acabar con el terrorismo no se les ocurre ampliar las libertades de un pueblo oprimido, ni dejar de invadir sus territorios o tirar misiles contra coches que circulan por sus calles para matar a un supuesto terrorista aunque mueran varios niños.

En una magnífica película de Woody Allen, Historias de la radio , un personaje afirma que las guerras deberían celebrarse en grandes estadios, donde los líderes de los pueblos en conflicto pelearían con calcetines llenos de estiércol. Desde luego, así habría muchas menos batallas porque ¿se imaginan a George Bush y a Sadam Husein atizándose con embutidos de mierda? Sería un espectáculo memorable.

Pues en el caso de Israel y Palestina, ¿qué mejor imagen que la de Ariel Sharón y Yaser Arafat peleándose con dos buenos jamones ibéricos? Claro que sería mejor verlos compartiendo un plato de jamón, aunque fuera de pato, pero eso sí que es ciencia ficción.

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