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¿Pasajeros controlados?

 

¿Pasajeros controlados? -

Liliana Arroyo Liliana Arroyo
07/08/2017

No hay industria que escape a la revolución digital y el sector automovilístico se está reinventando. Según Mary Barra (CEO de General Motors), los coches cambiarán más en los próximos cinco años de lo que lo han hecho en los últimos 50. Si nos compramos un coche en el 2020, probablemente saldrá con el wireless de fábrica. El hecho de que los coches estén conectados los catapulta de medio de transporte a «dispositivo de movilidad». Sean autónomos o con conductor, los coches conectados están rellenos de microprocesadores y sensores que registran información del vehículo y de los pasajeros constantemente.

Los coches conectados son, para que nos entendamos, la versión smart de los vehículos. Y, como cualquier artilugio inteligente, su utilidad depende de los datos que procesa. Imaginémoslo como un centro de comunicaciones, conectado a la nube y subiendo información a 25 GB por hora.

Actualmente los coches son capaces de registrar el comportamiento de los frenos, asistir al estacionamiento o avisar si nos salimos del carril. Pronto, sin embargo, a las métricas mecánicas se sumará la información personal: quiénes somos, cómo y cuándo conducimos, las características de los pasajeros y nuestros trayectos habituales. De la misma manera que tenemos un historial de navegación cuando buscamos en internet, tendremos la huella digital en versión asfalto. Dejaremos de ser conductores para ser usuarios encapsulados en vehículos con orejas, desvaneciendo el ideal del coche como reducto de intimidad.

La información generada es oro para los fabricantes, mientras empresas y administraciones se frotan las manos por meter la nariz. Imaginemos un ayuntamiento que quiere pacificar el tráfico de una zona: obtener información directa y en tiempo real puede ayudar a entender y gestionar la circulación. Y, ya que estamos, permite tener un control más intenso sobre el comportamiento viario. No sería complicado que en caso de infracción el propio coche lo comunique y antes de llegar al destino ya tengamos la multa.

A su vez, las aseguradoras estarán encantadas de saber si somos temerarios al volante y las probabilidades de siniestro, para revisarnos la póliza y ajustar el precio. En caso de pinchar una rueda, ¿no sería práctico recibir un aviso con el taller más cercano? Y si necesitamos una pausa, estaría bien que el asistente indicara el aparcamiento más cercano y el mejor café de la zona.

Con el software de copiloto, la privacidad es el nuevo caballo de batalla. Si queremos que el coche siga siendo símbolo de libertad, es necesario que tomemos conciencia de que nuestros datos son nuestros. Socialmente tenemos el reto de revisar los pactos sobre qué datos se generan, dónde, quién los mira y por qué se usan. Habrá una regulación legal, pero individualmente tenemos el derecho a disfrutar las oportunidades del progreso sin vulneraciones. De lo contrario, los coches nos seguirán llevando al paraíso remoto de los anuncios donde nos sentiremos físicamente solos, pero seguiremos virtualmente controlados.

* Doctora en Sociología. Investigadora especializada en revolución digital y transformación social (UB y Esade)

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