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Tribuna abierta

La palabra que se convirtió en añoranza

Al hilo de las últimas jornadas, el autor reflexiona sobre la evocación judía de Sefarad

 

La palabra que se convirtió en añoranza -

Carlos Miraz Carlos Miraz
13/10/2017

Sobre la melancolía que acompaña el caer de las hojas sobrevuelan estos días también los versos: «Hemos recorrido los ríos y las montañas, la seca altiplanicie y las ciudades. Y hemos dormido cada sueño de sus hombres. Hemos estado con el viento en los campos, en los bosques, en el rumor de las hojas y de las fuentes, y vamos escribiendo, en esta piel tendida en un corazón oculto e inmortal, poco a poco, el nombre de Sefarad». Con ella las jornadas del Otoño sefardí han apurado conferencias, exposiciones, recreaciones teatrales, presentaciones de libros... aderezadas con música y canciones que evocan la nostalgia que desde la Diáspora conservan los ladinos por sus viejas tierras españolas y portuguesas de las que un día partieron para dispersarse por el mundo.

Sefarad más que un nombre (solo se cita en la Biblia una vez, en el Libro de Abdias y sin precisar su localización) es la expresión de un sentimiento identitario con la Península Ibérica que se concreta en la edad de oro del judaísmo andalusí y se generaliza tras la expulsión acaecida en el siglo XV. Dice Esther Bendaham hablando de Albert Cohen, el autor de Bella del Señor, que ese territorio, que comienza siendo una palabra sin referencia, se convierte luego en añoranza, en un encuentro con la memoria y el deseo y en un diálogo establecido en varios tiempos a través de múltiples historias (que pueden acabar de modo insospechado).

Así, en Tiberiades, a pocos kilómetros de la Tumba de Maimónides (quien, fuera de España, firmaba sus escritos como el sefardí), un monolito y un museo recuerdan la figura de Beatriz de Luna ( Gracia Nasi, conocida como La señora) . Una portuguesa de ascendencia española que creó desde Bruselas a Estambul, pasando por Italia un auténtico emporio de los negocios, hasta el punto de permitirse bloquear comercialmente puertos como el de Ancona o lograr de Solimán el Magnífico la cesión de un amplio territorio en torno al Tiberiades en el que acoger a los judíos de la Diáspora. Su talento como banquera y mujer de negocios corría parejo con su actividad como rescatadora de cautivos, mecenas, y promotora de sinagogas y escuelas. A ella dedicaron los autores de la Biblia de Ferrara su versión judeo sefardí. Una adelantada en muchas cosas.

Pero también hay historias de cordobeses no muy conocidas. O al menos no muy recordadas. Por ejemplo la del sefardí Daniel Levi de Barrios judeoconverso contable del V Marqués de Priego que hubo de huir (también a través de Portugal) a Argel y, tras un tiempo en las Américas, recaló en los Tercios de Flandes. Capitán, poeta, historiador... Se codeó con lo más selecto de la vida social e intelectual de Amsterdam. Autor de una Historia Universal Judaica, se dice que Rembrandt lo inmortalizó, junto a su esposa Abigail, en su cuadro La novia judía. Ambos yacen en el cementerio hebreo de Amsterdam. Él mismo escribió su epitafio: «Daniel y Abigail a juntarse volvieron./ Por un amor en las almas. /Por una losa en los cuerpos./ Porque tanto en la vida se quisieron, que aún después de la muerte un vivir fueron».

Como ellos, miles alumbraron con sus peripecias vitales y sus recuerdos los bellos cantares cuyo lenguaje arcaico sigue cautivando a quien los escucha. Hoy han cedido en popularidad a otros como el Donna, Donna Donna, que Joan Báez solía cantar en hebreo, cuya letra habla de un ternero que va al matadero mientras ve una golondrina que vuela libre, en clara referencia al Holocausto. O el Hava Nagila con un texto nacido al calor de la Declaracion Balfour de principios del pasado siglo. Pero oír Adio Kerida (y luego el Addio del Passato de La Traviata) o La Galana y el mar sigue siendo un regalo para el oído.

Otros «cánticos» son menos acertados. Afortunadamente hay también quien consigue llevarlos desde el terreno del racismo al de la convivencia. Es el caso de Álvaro Morata, flamante ariete del Chelsea, quien pidió a su afición el abandono de una letra xenófoba relacionada con el Tottenham Hotspur al que muchos consideran el club de la comunidad judía londinense. El texto, que rezaba: «Alvaro Morata, he has come from Real Madrid, he hates the fucking yids!» fue sustituído por «Morata... He came from sunny Spain, he’s better than Harry Kane». Harry Kane, delantero de los Spurs, fue el máximo goleador de la Premier la pasada Liga. La paradoja es que los dueños de ambos clubs son millonarios de ascendencia judía.

La lección final es la necesidad de armonizar la diversidad. De asumirla de forma comprensiva e integradora .Como una hoja que el otoño deja en el árbol mecida por los versos de Espriú: «Haz que sean seguros los puentes de diálogo/ y trata de comprender y amar/ las razones diversas de tus hijos (...) / Que Sepharad viva eternamente/ en el orden y la paz, en el trabajo, / en la difícil y merecida libertad». Perseveremos en ello.

* Periodista

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