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La rueda

Milagro eurovisivo

Magdalena Entrenas Magdalena Entrenas
19/05/2017

 

Lo confieso, mi niñez va asociada a cosas como los juegos reunidos Geyper, el sifón, la siesta y el ventilador, el coche de mi padre sin aire en el que me sentaba de copiloto y sin cinturón, el vestido nuevo del Domingo de Ramos, la Nivea y el aceite Uve, los termómetros de mercurio que alguna vez rompí para tocar las brillantes bolitas que escapaban de su interior, mi cine Exin, el tiburón Payá de mi hermano, los bocadillos de Los Sánchez y esa noche en la que todo se paralizaba cuando la melodía anunciaba el Festival de Eurovision. Soy eurovisiva, lo siento, así que la voz de José Luis Uribarri y esa cita musical, a la que tanto debe el europeismo, han marcado mi existencia y alimentando el poso de mi memoria.

Si tuviera que resumir mi vida eurovisiva diría que va del gran triunfo de Masiel, que recuerdo cómo en una nebulosa, más por la falta de nitidez de la pantalla de la tv de mi casa, con aquel vestido corto y con flores troqueladas que nos dejó boquiabiertos, a la vergüenza más insoportable de este año en el que el gran despliegue de medios, sonido y nitidez del plasma, dejó al desnudo el que será para siempre el gran gallo de España, mucho peor que los pies descalzos de Remedios Amaya y su cero point, o aquel chiquilicuatre que no fue, sin embargo, el más patético de una edición marcada por el disparate.

Hace muchos años que perdí el entusiasmo de antaño, pese a lo cual no suelo faltar a la cita anual desde mi sofá narcoléptico y mis palomitas, más por añoranza y sentimiento, que por esperar algo de un país, el nuestro, que creo ha perdido definitivamente el oremus en cuanto al ser y al saber estar.

Cuando solo un milagro podía devolver la música a Eurovisión, sucedió que la voz de un ángel luso me despertó del fondo del sofá con una melodía íntima y rotunda, muy del estilo del Eres tú de Mocedades, aún con el récord de haber conseguido la mayor puntuación para España y que sigue erizándome el vello cuando la escucho, porque la música de verdad es lo que tiene: que te enamora desde la primera nota. Tan de acuerdo ha estado Europa en que la canción ganadora es maravillosa, como en que la nuestra ha sido un bodrio de dimensiones descomunales... ¿ Y va y dice que el año próximo representará a Cataluña? ¡Fora ja!

* Abogada

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