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La rueda

Liderazgo

 

Jenn Díaz Jenn Díaz
08/02/2018

Es verdad que para pelearse en política es necesario estar dispuesta a perder la feminidad, porque hay que estar dispuesta a combatir, triunfar, demostrar poder». Dice Virginie Despentes que hay que olvidarse de ser dulce, agradable, servicial y permitirse —para las mujeres, un lujo— dominar al otro, públicamente. A mí, como punto de partida, me parece que la Teoría King Kong es perfecta: nos da las herramientas para no necesitar la aprobación constante de los hombres, ni disculparnos por liderar y no pedir permiso para tomar decisiones. Eso sí, creo firmemente que una vez superada la primera fase, en la que muchas mujeres irrumpen en despachos y mesas de negociaciones por primera vez, hay que ir un paso más allá.

¿Hacía dónde? En primer lugar, el liderazgo femenino, no solo en política pero especialmente, tiene pocos precedentes y, por lo tanto, sus modelos son masculinos. No caigamos en la trampa de imitar las formas y los mecanismos de los hombres poderosos. Eso no significa que nos dulcifiquemos, ni que tomemos como punto de apoyo esas estadísticas que nos dicen que somos más conciliadoras. No hagamos una caricatura benévola de nuestro liderazgo, pero tampoco entendamos que la masculinización de nuestro poder como mujeres es la única alternativa.

El discurso público, demasiado violento y agresivo para mi gusto, debe empezar a evolucionar. No solo porque ahora lo dominen, también, las mujeres. Los hombres también deberían empezar a replantearse —y algunos me consta que ya lo hacen— las formas de poder que quieren representar. Si nos convienen las grandes gesticulaciones testosterónicas, de patriarca, o hay que empezar a buscar nuevas maneras. Que seamos más conciliadoras no significa que nos puedan tomar el pelo, y dicho esto, automáticamente nos pediría a todas que no nos sintamos inferiores, tampoco, por ser más conciliadoras. El liderazgo femenino no tiene por qué copiar al masculino ni tiene que renunciar a sus propias maneras. Por eso, la teoría de Despentes me parece un buen punto de partida para la política, pero como lo que es: un punto de partida. Paso al frente.

* Escritora

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