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La constitucion domada

OCTAVIO Salazar 05/12/2011

Tal vez nunca como en este año sea necesario realizar una mirada crítica sobre la Constitución que durante más de 30 años ha servido para consolidar la democracia en nuestro país. La más que discutible reforma "perpetrada" en el mes de septiembre, así como el progresivo desgaste de algunas instituciones y sobre todo de una clase política cada día más mediocre, nos ofrecen el marco incomparable para plantear de una manera urgente la necesidad de cambiar una norma que sobrevive muy frenada por los condicionantes que provocaron su parto. Se impone, pues, cortar el cordón umbilical que nos sigue atando a una realidad, la de 1978, que poco o nada tiene que ver con la del siglo XXI.

Si algo bueno tuvo la impresentable reforma constitucional de este año, fue que sirvió para romper el tabú de su intangibilidad. Es decir, quedó demostrado que basta y sobra voluntad política para acometer cualquier cambio, sin que por ello se tambaleen los pilares del sistema. No hizo falta más que los dos grandes partidos se pusieran de acuerdo para arrodillarse ante los mercados, para que en apenas 12 días se cubriera un procedimiento que debería haber respondido a unas pautas mucho más exigentes en cuanto al pluralismo político y la participación ciudadana. De repente el "sagrado" consenso constitucional, sobre el que tanto nos han machacado los padres e hijos de la Constitución, así como todos aquellos que todavía siguen instalados en el aura mítica de la transición, quedó sobrepasado, de la misma manera que la soberanía estatal certificó su lenta pero inexorable agonía.

Al margen de la dudosa eficacia de la reforma en relación a sus objetivos, tal y como ha demostrado la realidad financiera de los últimos meses, la misma puso de manifiesto dos cuestiones relevantes. En primer lugar que la soberanía ha pasado a una fase líquida, casi gaseosa, que pone en entredicho no solo la supremacía de la Constitución sino también el mismo juego de la legitimidad democrática. En segundo lugar, que el sentido del Estado constitucional, en cuanto estructura político-jurídica basada en la limitación del poder mediante el Derecho, está cada día más entredicho ante la fuerza de unos poderes económicos a los parece imposible sujetar con las bridas de la legalidad. Más bien al contrario, son ellos los que doman a unos sistemas en los que el peso del neoliberalismo está sepultando los impulsos garantistas del constitucionalismo.

Son, pues, malos tiempos para una lógica, la del Estado de Derecho, que se muestra cada vez más inoperante ante unos poderes desbocados, lo cual, a su vez, supone la mayor amenaza para la garantía de nuestros derechos. De ahí que se imponga, ahora más que nunca, la necesidad de reivindicar la ideología constitucional como la única que nos puede salvar del naufragio y, en el caso concreto de nuestro país, la revisión de algunos de los elementos de un sistema que corre el riesgo de acabar convertido en un traje demasiado estrecho para una realidad cada vez más ancha. Cuestiones como la sucesión a la Corona, la integración europea, el cierre del proceso autonómico, la conversión del Senado en cámara territorial, la garantía de independencia y continuidad de instituciones como el Tribunal Constitucional o la necesaria modificación de los factores discriminatorios de nuestro sistema electoral, exigen desde hace tiempo una reforma que, mucho me temo, no acometerán unos representantes cegados y principales beneficiarios de las grietas por las que nuestra Constitución hace aguas. A todos ellos deberíamos recordarles que, como bien ha sentenciado Habermas, "toda constitución democrática es y será siempre un proyecto" y que, como tal, "está orientada al aprovechamiento cada vez más completo de la sustancia normativa de los principios constitucionales en circunstancias históricas cambiantes". Ignorar este reto es el primer paso para convertirla en un cuerpo sin alma o, lo que es peor, en una norma domesticada por los látigos de la selva.

* Profesor de Derecho Constitucional de la UCO

3 Comentarios
03

Por Que no me llamen Séneca, sin cinicus demagogicus: 17:55. 05.12.2011

¿Y que ha hecho su partido en los últimos 8 años, y los anteriores, y vd como miembro de la directiva provincial?

02

Por jj: 13:29. 05.12.2011

ustedes creen q españa puede competir en comercio con gentes que trabajan 24 horas al dia 365 dias al año como exclavos?' y hay otro problema en el que se está mirando para otro lado QUE TIENE EN JAQUE a los comercios de la costa del SOL. y es esa invasion de "negros" con los top en los paseos maritimos, agobiando a todo paseante con las ventas. Se instalan frente a los comerciantes q tienen sus tiendas y pagan sus impuestos a la vez que venden productos falsificados a mitad de precio. ¿ no os dais cuenta a donde conduce eso????

01

Por Que no me vendan paraísos perdidos: 08:05. 05.12.2011

Mire Sr. Salazar el gran problema de España como vd bien ha dicho es la mediocridad de ciertos políticos como Zapatero, pero también de ciertos ideales. El gran problema es que hay una serie de gente que no piensa con globalidad nacional, como que solo se interesa por su gremio. No puede haber cinco millones de parados y negarse una crisis. No se puede negar que no podemos competir con la economía China. Que no para de crecer a un 7%, pero no un 7% de 40 millones de personas, sino un 7% de 1.500.000 de personas que conforman su nación, y esto absorbe gran parte de la economía mundial. Vd, habla de reformar la Constitución, pero lo cierto es que no tiene ni idea de economía, China ha empezado a crecer tecnológicamente, y muy poco en derechos y apertura, cuando se ha metido en el mercado de comercio. El problema de España es que no es competitiva, ni siquiera con países con una renta percápita mucho mayor y tecnológicamente mucho más desarrollados, como Alemania y otros. El problema de España es que hay “políticos” que nos venden un bienestar proveniente de un “ sistema de inversión piramidal”, solo que en este sistema los estafados son los votantes. Porque está claro que no se puede pedir dinero en cualquier cantidad y a cualquier precio. El problema es que los españoles desconocen cuando estos políticos sin compromiso ni responsabilidad embargan y destrozan el presenten y futuro de los españoles sin que su partido les llame al orden. Toda otra teoría que nos quiera argumentar, no es más que simple venda a nuestros ojos, y falta de compromiso para con los demás españoles que no comen del Estado. Pero la verdad es que cuando vd llegan dejan un motón de parados y otro mas de enchufados a cargo de la Administración, y que conste, que he sido votante de vds, en mi juventud.

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