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RAFAEL Mir 12/08/2012

Es decir: la ley es dura pero es la ley.

Como hombre ciudadano veo con pesar que se menosprecia a la clase política sin distingos --todos a la hoguera-- pero sin proponer un recambio, lo que es muy grave, pues la historia nos enseña que cuando se echa a todos los políticos, se pide a voces la llegada de un salvador de la patria, y vienen los militares, que evidentemente no tienen preparación para gobernar ni es esa su misión, sino la de defender el país y la de colaborar en la protección civil. Afortunadamente parece que no crece en nuestro actual ejército la mala hierba del legionario dictadorzuelo y depredador.

Como hombre de derecho tiemblo cuando veo como ya en numerosos casos se menosprecia colectivamente el cumplimiento de la ley y el ejercicio de la justicia.

Ultimamente se ha televisado la victoria de quienes han impedido el cumplimiento de la ley y el derecho de propiedad. Los primeros los colectivos que se precian de impedir desahucios, y los segundos personificados por ese mariachi, cuyo pintoresquismo no me hace la menor gracia, que aúna las condiciones de alcalde y diputado y dirige megáfono en mano el saqueo de un supermercado dejando a otros los empujones a las llorosas empleadas que convierten los hechos en posible delito de robo, porque la sustracción se consuma con violencia en las personas.

Como somos un país a medio civilizar, por centurias de oscurantismo político y religioso, crecen entre nosotros con notoria velocidad dos grandes plantas venenosas: la demagogia y la violencia.

Si fuésemos un país civilizado emplearíamos medios que el derecho y la Constitución ofrecen para erradicar las injusticias sangrantes; lo es el desahucio de una familia en paro que ha pagado al banco más de lo que vale la vivienda, pero que ha de seguir pagando unos intereses inmarcesibles e inacabables.

El remedio no es abortar desahucios, porque fácilmente se comprenderá que si no hubiera derecho a desahuciar por impagos, ninguna institución daría dinero a préstamo con garantía hipotecaria, pues nadie lo haría sin la seguridad, o gran probabilidad, de cobrar en su día en dinero o, en último término, en especie, lo que al final implicaría la desaparición de la financiación para las iniciativas empresariales y familiares. Y se acabarían los arrendamientos, que tantas viviendas proporcionan, si el propietario no pudiera rescatar su piso cuando el arrendatario deje de pagar. (Cuanto tiempo y hasta que cantidad de deuda, es materia moldeable legalmente).

Otra cosa son las situaciones extremas y abusivas, como la indicada más arriba. Pero para ellas también hay remedio. Está en el Congreso y es la reforma legal. Propúgnese y oblíguese a nuestros representantes en Cortes a que cesen en su pueril tarea de insultar al adversario y se apliquen a estudiar, proponer y acordar soluciones... legislando. Parece razonable, por ejemplo, que la deuda no pueda sobrepasar en ningún supuesto el valor de la cosa hipotecada.

Claro que habría que potenciar vehículos de comunicación entre los diputados y los administrados y concienciar a aquellos de que lo primero no es el partido --tenga yo lo escaños y jódase la gente-- sino los ciudadanos.

Condenemos todos, como tales, a quienes se ríen de nosotros al reírse de sus promesas electorales. La promesa electoral no es solo un reclamo publicitario, es o debe ser, un compromiso.

Condenemos también todos, como ciudadanos, la violencia caprichosa o gratuita y no caigamos en lo fácil: condenar al policía que apalea al manifestante y aplaudir o al menos ignorar, al manifestante que sella con silicona, quema contenedores y automóviles y rompe escaparates. Para esos energúmenos parece estar claro que los causantes de todos los males son el tráfico rodado, la recogida de basuras y el comercio.

Si los manifestantes lo fueran de un país civilizado, que como es dicho no es el caso, no cortarían carreteras, ni vías férreas, ni admitirían que se camuflaran en sus filas locos ni salvajes, como el cojo aquel, creo que se llamaba Mantecón, de infeliz memoria, que se incrustaba en todas las manifestaciones para romper con su muleta todo lo que se le pusiera a su alcance.

En esta vida, en toda situación conflictiva, siempre hay que saber escoger el lenguaje --los medios-- y moderar el tono, porque si todos empezamos a dar voces y a convertirnos en sumos representantes de los poderes judicial y ejecutivo, juzgando y actuando, y en héroes populares, en ladrones de supuestos ricos para el socorro de imprecisos necesitados, por ejemplo, esto dejará de ser una sociedad civil para convertirse en un infierno, tal como los que vemos en la televisión situados en el tercer mundo.

Ya sé que si termino diciendo que nuestra lucha debiera ser que no haya nada más que un mundo, sin segunda ni tercera categoría, esto que escribo puede ser tachado de sermón. Pues que lo sea y ríase la gente.

* Abogado y escritor

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1 Comentario
01

Por PROMETEO: 13:23. 12.08.2012

Hay cosas que se deben de hacer, no están ni mal ni bien. No es una victoria el ver como no sacan a unas personas de su casa, aunque al final no lo consigan. Que es sabido que no se ha pagado, claro, algún político no habrá hecho su trabajo para que pase esto. Si es cierto que es algo pintoresco, eso no lo dudo. En donde el manda, en Marinaleda, hay una tasa de paro muy baja, casi todo el mundo tiene vivienda, y para colmo consigue el 75 % de los votos. ¿Necesitaríamos más políticos pintorescos? Yo antes no aprobaba estos medios para hacer las cosas, ahora las veo necesarias. Ver como se le da una cantidad de dinero a los bancos mientras hay gente pasando hambre, incluso reformándola la constitución para hacer que los bancos nunca se queden sin su gran masa de dinero. Eso si no haciendo caso a lo que nos dice la constitución que todos tenemos derecho a la sanidad, educación, trabajo, vivienda digna y el artículo 128 (el que más me gusta) Toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general. Así que si después de hacer caso omiso de muchos de los artículos de la constitución y reformar uno nada más que solo es para hacer más rico al que más tiene. ¿Es usted capaz de hablar de legalidad?

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