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Construyendo la ciudad

 

Construyendo la ciudad -

Manuel Fernández Manuel Fernández
29/09/2017

Está hablando en el Círculo de la Amistad María Dolores Baena, directora del Museo Arqueológico, de la familia Annea, en una conferencia sobre las mujeres de la Córdoba romana organizada por la Real Academia. Estamos en el centro de Córdoba, por donde los autobuses hacen una curva peligrosa para peatones en Alfaros-Alfonso XIII, al lado del Templo Romano, cerca de Las Tendillas, por donde la historia construyó su primer foro. Juana Castro ha hablado de Walada, aquella princesa omeya hija de califa que se enamoró de Ibn Zaydun --ambos poetas--- y que, con el tiempo, serían las dos manos del Monumento a los Enamorados del Campo Santo de los Mártires, inaugurado en 1971, cerca de la Mezquita y de los palacios de sus antecesores árabes, por donde ahora se ha empeñado el obispo en concentrar una Semana Santa resumida no alejada de cierta peligrosidad por falta de espacio. Esta tarde, cuando el Córdoba ha perdido con el Granada y pienso en la bóveda celeste de Los Pedroches, ese cielo que ha merecido ser catalogado reserva Starlight como punto astronómico estratégico, me he ido al origen de la ciudad, a la Colina de los Quemados, ahora Circuito Cola-Cao. Donde estuvo el primer parque de bomberos de Córdoba, los políticos, desde el alcalde Antonio Cruz Conde en 1950, han hecho memoria y no se han olvidado de que la historia de la ciudad empezó aquí. Por eso los padres traen a sus hijos a la Ciudad de los Niños, los deportistas recorren el verde circuito para inyectarse futuro, el graderío del Teatro de la Axerquía observa el arte de su escenario, los estudiantes encuentran la necesaria sabiduría en el Instituto Séneca y ya, casi pegados al Guadalquivir, en sus orillas, quienes aman la naturaleza recorren el Jardín Botánico, algo así como el paraíso en la tierra. Un espacio que descubrieron los tartessos antes de la Córdoba romana de la familia Annea y de los deslices amorosos de la princesa Walada y que todavía se sigue construyendo. Los turistas andan en ello y los sindicatos ponen las cosas en su sitio al denunciar precariedad en el sector donde habitaciones, rabo de toro, monumentos y terrazas dan el do de pecho diario con sus ventas. El veranillo de San Miguel y el calor del membrillo quizá apunten a que quieren que haya más turistas aunque se queden vacíos los pantanos y la manifestación de mañana en defensa del mundo rural les diga a los cordobeses que la provincia no está del todo terminada. Como tampoco lo está una capital a la que el baipás de Almodóvar puede que la desuna de sus circuitos diarios con Málaga y Sevilla en el AVE y la convierta en aquel destino que no quisieron ni tartessos, ni romanos, ni árabes: ser una ciudad de paso.

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