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La ciudad que brilla

 

Manuel Fernández Manuel Fernández
03/02/2018

Otra vez vuelve Córdoba a aquella ilusión que sostuvo sus sueños años antes de que San Sebastián nos convirtiera en pesadilla el 2016. En la Sala Orive, ese descubrimiento arquitectónico de la belleza resquebrajada, Córdoba ha firmado el manifiesto «Enamórate de la ciudad que brilla», el apoyo a la candidatura de Medina Azahara 2017 a patrimonio mundial de la Unesco, que se decidirá en julio de 2018. La que en su día se conoció como Córdoba la Vieja y era una cantera-yacimiento de ruinas de valor saqueada para edificios de lujo en toda Andalucía, es una de las mejores herencias que nos ha dejado la historia, sobre todo para construir sueños y fantasías sobre realidades destruidas antes de los cien años. Cuando nada sabíamos de patrimonios de la humanidad --tanto que desde la Alcaldía se pretendía una gran avenida desde la actual Glorieta de Ibn Zaydun hasta la Facultad de Derecho pasando por Concepción, Gondomar, Tendillas y San Pedro para que los coches corrieran como es debido--, subíamos por esa carretera por donde se llegaba a la «nieve» de los almendros en flor de Azahara, la preferida del califa Abderramán III, y nos sentábamos a la sombra de los árboles para vivir un día de campo frente a la muralla de la ciudad árabe, un poco más abajo del monasterio de San Jerónimo, que también se nutrió de materiales de Córdoba la Vieja. Aquellos tiempos en que Castilla del Pino lloró en Triunfo la desaparición de la belleza arquitectónica de Córdoba, la que no pudo alcanzar el título de patrimonio de la humanidad. El jueves en Orive, en ese Palacio de los Villalones en el que se sitúa la leyenda de los llantos nocturnos de la hija del corregidor y ha resucitado la sala capitular del convento de San Pablo, que luce la grieta del terremoto de Lisboa, Córdoba se congregó e invitó a sus ciudadanos a enamorarse de la ciudad que brilla, Medina Azahara. Afortunadamente el concepto y el comportamiento con la belleza va calando en una ciudad a la que la Unesco le ha concedido tres títulos: uno para la Mezquita, otro para su casco histórico y un tercero para los patios. Nos falta el de ese espacio de sueños en la ladera de Yabal al-Arus (el Monte de la Novia, nombre árabe de Sierra Morena), frente al valle del Guadalquivir, al lado de San Jerónimo.

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