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Córdoba de mi querer

Carmen, Javier y Ricardo

 

Perdonad si no estoy como acostumbro», dijo Carmen, Carmen Blanco, antes de iniciar el recital de música española que regaló el jueves a quienes acudimos al Real Círculo de la Amistad para disfrutar de su voz; una voz que acaricia el oído, acunada por la guitarra de Javier Riba, el joven maestro cuyo depurado estilo se puede disfrutar en La guitarra soñada, título de su primer disco, un hermoso homenaje a Albéniz.

Entre composiciones de Granados, Rodrigo y Lorca la novedad del recital fue el estreno de cuatro canciones compuestas por el propio Javier sobre poemas de Ricardo Molina (Destino, Soledad, Azotea y El deseo), agrupadas bajo el simbólico título de Cántico, que encierra un triple homenaje: al poeta Molina en el año de su centenario natal (Puente Genil, 28 de diciembre de 1917); a la revista poética de ese título que abanderó junto a Pablo García Baena y Juan Bernier; y a Carmen Blanco, dedicataria de las composiciones. Confiesa Javier que conoció la poesía de Ricardo gracias a una antología que circulaba en su casa cuando era adolescente. «Fue la puerta por la que accedí al placer solitario de la lectura poética», pues, como afirma, «había algo en sus versos que conectaba con mis sentimientos más íntimos y mi carácter, tendente a la melancolía». Aquella semilla ha dado este fruto.

En el Salón Liceo se congregó un público atento, con las sillas dispuestas en semicírculo, como un abrazo cálido en la noche fría. Arropada por la guitarra aterciopelada y nítida de Javier Riba, la voz de Carmen sonó goyesca en las tonadillas de Granados, pastoril en los villancicos de Rodrigo, elegantemente andaluza en las canciones españolas del mismo compositor y graciosamente popular en las canciones españolas antiguas armonizadas por Lorca, que tanto le habíamos escuchado acompañada al piano por Rafael Quero. Y sonó emocionada en el estreno de los cuatro poemas de Ricardo Molina, cantados sin la interrupción de inoportunos aplausos, por favor, para no romper la atmósfera de las obras, culminadas con El deseo, una llamarada cálida y vibrante pese a que su autor la ultimó en el Pirineo leridano, según su propia confesión.

Carmen es patrimonio lírico de Córdoba, una soprano curtida en los escenarios, querida por sus discípulos y aclamada por quienes disfrutan con su cálida voz, como quedara patente la noche del jueves en el Liceo, pese a no sentirse -exigente siempre consigo misma- en plenitud de facultades. Mientras el público la ovacionaba recordé el homenaje que en mayo de 2015 le dedicó su Conservatorio Superior, desde cuya clase de Canto transmitió durante años su magisterio y calidad humana. Y es que el canto es para Carmen Blanco como bálsamo que cura ausencias, generoso derroche de oficio y exhibición de buen gusto con el que burlar el paso del tiempo. Y la guitarra de Javier Riba, cristalino susurro acompañante que alcanzó su destello en la interpretación solista de Tiento antiguo, de Rodrigo. Una velada para disfrutar con Carmen, Javier y Ricardo, sin olvidar a Granados, Rodrigo y García Lorca. ¡Vaya un cartel!

* Periodista

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