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Tribuna libre

Cáncer

 

Cáncer -

Ramón Ribes Ramón Ribes
12/01/2018

Todos tenemos vivencias con el cáncer que pueden ayudarnos y ayudar a los demás, Si coincide que eres médico, el aprendizaje, y con él, la posible ayuda, se disparan. Tras la primera fase de rabia y miedo empecé a positivizar como siempre hago en mis planteamientos:

¿Tiene tu cáncer un apellido de los terribles: glioblastoma, pancreático...? No.

¿Está en un estadio IV, terminal, con afectación a distancia? No.

¿Está en la peor localización, recto, implicando colocación de bolsa? No. Por poco, pero no.

Esos tres noes conforman el sí definitivo a mi vida. A mi padre, un infarto de miocardio a los 55 intervenido con mucho éxito por el Dr. Suárez de Lezo Cruz Conde (el de los 8 apellidos vascos del polémico artículo Jefes y jefes) le hizo cuajar en el hombre que terminó siendo; una persona feliz de forma estable durante 10 años consecutivos en la vida adulta. Lo más parecido al superhombre de Nietzsche que he tenido el enorme placer integral de disfrutar; alguien literalmente por encima del bien y del mal sin miedo al dolor ni a la muerte. (Permítanme una pequeña maldad ahora que soy un pobre enfermo de cáncer: ¿creen que el corazón de mi padre hubiera quedado tan bien si lo hubiera operado un tal... Nani? Yo creo que no pero además, no habría quedado tan bonito). Por más que le pese a los gestores de la salud, la Medicina ha sido, es y será siempre personalista y que el paciente desconozca quien le opera lo único que indica es incultura sanitaria.

El cáncer trae indiscutiblemente cosas malas y muy malas pero también cosas buenas y muy buenas. La mayoría de las personas inteligentes del siglo XXI sufren depresiones crónicas que les impiden ser felices y hacer felices a los que les rodean; la depresión es el cáncer del alma. Poniendo un símil, yo sufría hace años importantes inundaciones en el cuarto de baño que no me dejaban vivir, ahora, de repente, con una fuerza inusitada, se instaura un incendio en la cocina y automáticamente todos los recursos van a la cocina, toda la casa podría irse a pique por unas llamas dejando el agua en un segundo plano, ninguneando la inundación. El cáncer entra con mando en plaza y jerarquiza manu militari, por eso ha de ser combatido en mi caso primero con cirugía y segundo con quimioterapia durante seis meses.

Además de la cirugía técnicamente perfecta y la simpatía del Dr. Mera tuve la firmeza y el dominio de la situación del Dr. Aranda ante una eventual segunda intervención a Dios gracias. Bendita actitud conservadora Dr. Aranda, me ha cambiado usted la vida.

Además de los inmejorables aspectos técnicos y humanos del personal de los hospitales publicos del SAS en los que me formé, trabajé y de los que critiqué y critico su política de desenvolvimiento profesional. Los promocionados a lo que antes se llamaba Jefe de Servicio ahora no son los mejores sino los más dóciles. «El cuerpo» de Jefes se está desprestigiando tanto como ya lo hizo el de Catedráticos. Hace 30 años un Jefe y un Cátedro (se decía así, como forma de admiración) eran por lo general de los más veteranos y los más sabios de un colectivo y lo eran a perpetuidad. Ahora lo es un advenedizo, uno que el sistema considera tan prescindible como no peligroso. De un Jefe irrelevante sólo saldrán residentes temerosos...dispuestos a «echar muchas horas». Cuando escucho a un universitario la expresión «echar horas» tengo la certeza que ha perdido toda las que ha echado en la Universidad. Se «echan horas» poniendo copas en un bar pero nunca ejerciendo la profesión más bella del mundo.

Pero con todo, lo mejor que me ha traido mi cáncer ha sido un soplo de aire fresco a mi vida de parte de todos mis compañeros de promoción «Fátima Garrido, Javier Povedano, Pepe Segura, Pili Serrano, Marifé Morales, Nino de Burgos, María Jesús Rubio, Juan Antonio Vallejo, Miguel Ángel Márquez, Pepa Álvarez, Emilio del Campo, Toñi, Ángela, Javier Cano, Fuensanta Soriano, Pepe Álvarez, Paco Tinahones, Alberto Villarrubia... (y perdón por no poner a todos)» Recuperar vuestro afecto que nunca perdí pero hacerlo de forma expresa es mucho más potente que cualquier quimioterapia y no tiene efectos secundarios.

Para concluir, si tienes cáncer piensa primero que parte de ese cáncer es culpa tuya (en mi caso, la glotonería y el desorden), segundo, no hay mal que por bien no venga y que tal vez el cáncer ponga en tu vida un regalo inesperado en forma de transformación personal hacia ser una mejor persona. Resumiendo, tienes cáncer, estás vivo y más o menos tirando... ¡dale muchas gracias a Dios!

* Médico

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