+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario de Diario Córdoba:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 
   
 
 

Para ti, para mí

Abrazos infinitos

 

Antonio Gil Antonio Gil
19/01/2018

El templo parroquial de san Miguel se convirtió, de pronto, en ágora de abrazos infinitos. Todo se había dicho ya en las páginas de los periódicos, en las redes sociales, en el libro de firmas colocado en la capilla ardiente, ubicada en el Ayuntamiento, donde el féretro con los restos mortales de Pablo García Baena era ya antorcha incandescente para las futuras generaciones, llama viva de un poeta eterno, recuerdo encendido para vislumbrar paisajes nuevos, latidos a estrenar y, ciertamente, un caudal inmenso de abrazos infinitos. Por eso, en mis palabras de su funeral, quise subrayar con fuerza, desde la orilla de la fe, esos «tres abrazos» con los que despedíamos a Pablo, o mejor, lo acompañábamos en su llegada a la Casa del Padre. El primero, un abrazo de amor y de cariño a su persona, conscientes de que a los seres queridos que se marchan de este mundo, solo podemos abrazarles cuando rezamos por ellos, porque nuestra oración se dirige a Dios y ellos se encuentran en el corazón de Dios. «La muerte no es algo que ocurre, sino Alguien que se acerca», es decir, «encuentro anhelado» con un Padre. Y por eso, «morir solo es morir, morir se acaba, morir es una hoguerra fugitiva, es cruzar una puerta a la deriva, y encontrar lo que tanto se buscaba», como proclaman los versos de Martin Descalzo. Pablo nos deja un precioso «testamento espiritual»: el de haber cumplido, «casi a la perfección», su misión de poeta, y el de haber derramado siempre los preciosos aromas de la sencillez, la ternura, la bondad, la fe y el amor. Amor entrañable a su familia; amor lírico a su Córdoba del alma; amor cofrade a sus imágenes preferidas: la del Remedio de Ánimas y la de la Virgen de los Dolores. Pablo fue un hompre profundamente bueno. Un segundo abrazo brilló en su funeral, el abrazo de todos nosotros a sus familiares, «ángeles de la guarda» para Pablo, tantos años. Y el abrazo de una esperanza infinita. Albert Camus definía al hombre como «un extranjero sin pasaporte en un mundo glacial». Los creyentes lo contemplamos, desde la orilla de la «filiación divina»: «Somos hijos e hijas de Dios, llamados a la plenitud de nuestra existencia, en la intimidad con Dios», saboreando las palabras más bellas que pronunció Cristo: «Yo soy la resurrección y la vida». Con estos tres abrazos, depedíamos a Pablo, cordobés siempre, poeta eterno, hermano y amigo.

* Sacerdote y periodista

Opinión

Pontífices mínimos

Miguel Ranchal

El sexo en la antigüedad

Desiderio Vaquerizo

Es una frase

Mercedes Valverde

Ángel Luis Martín

Diario Córdoba

Asia Argento

Diario Córdoba

A pie de obra

Diario Córdoba

Lectores
FÚTBOL Y POLÍTICA

¿Y por qué Messi no habla catalán?

Pese a que existen muchos culés contrarios a la manipulación, el Fútbol Club Barcelona -sin ...

LA CIUDAD

Córdoba en venta

Los carteles de «se vende» inundan Córdoba. Se venden empresas, fincas, locales, casas señoriales, ...

CARTA ILUSTRADA

Contaminación visual en una verbena

Desde la asociación socio-cultural Córdoba Patrimonial denunciamos la falta de cuidado estético en ...

SOLIDARIDAD

Menores en las costas andaluzas

Tras la llegada del buque de rescate Open Arms a las costas andaluzas, las críticas de la Junta ...