06/06/2009 JUAN MIGUEL NUÑEZ / EFE

Ganado: Toros de Victoriano del Río, muy desiguales de presencia, lo que en el argot se dice en escalera, encastados y con genio, que en general no se dejaron, ni perdonaron. Corrida dura, aunque con una gran excepción, el cuarto, que tuvo mucha clase, premiado con vuelta en el arrastre.
Luis Francisco Esplá: metisaca, estocada y tres descabellos (silencio); y estocada al recibir y dos descabellos (dos orejas tras un aviso y dos vueltas al ruedo).
José Antonio Morante de la Puebla: bajonazo (pitos); y bajonazo (pitos).
Sebastián Castella: media perpendicular y cinco descabellos (silencio tras un aviso); y tres pinchazos y casi entera (ovación tras un aviso).
Cuadrillas: Curro Molina saludó en el sexto por dos muy buenos pares de banderillas.
La gente vino a ver a Morante, qué duda cabe. Después de su alboroto con el capote la tarde que ya es histórica del 21 de mayo. Ese día España entera se hizo morantista sin posibilidad de vuelta atrás. Y ni siquiera petardos como el de hoy darán pie al arrepentimiento.
En el caso del torero de la Puebla del Río prima la genialidad, expresada también en el infortunio artístico. De modo que no hay lugar a rasgarse las vestiduras. Pero es que además, los que vinieron en masa a ver a su ídolo, ¡oh! manes del destino, se encontraron con un Esplá pletórico en todo, ofreciendo la mejor versión de la enciclopédica torería que ha definido su estilo.
Faena cumbre que muy pocos esperan de un torero en temporada de despedida. Era la última en Madrid, y podían abrigarse esperanzas por el sentimentalismo y la nostalgia, lo más lógico en el adiós a una plaza que ha sido referente en su carrera. Las cifras lo dicen todo. En 33 años como matador de alternativa, en Las Ventas ha toreado con esta nada menos que 86 tardes, y la de hoy la quinta Puerta Grande.
Ovación al romperse el paseíllo como manda el protocolo. Esplá intentó sacar a los compañeros a saludar con él, y el único que salió de entre barreras fue Morante, pero no para compartir el honor si no para sumarse al homenaje aplaudiéndole también. Parece que estaba todo para el maestro, y así fue.
La corrida iba al traste por culpa del ganado y con la dificultad añadida del viento. No hubo manera en los tres primeros. Sin embargo, la excepción del cuarto iba a brindar la posibilidad de la despedida soñada. Ese toro hizo cosas buenas en los primeros lances, metiendo la cara abajo y desplazándose largo, y que empujó con fijeza en el peto saliendo en los dos encuentros con el caballo ligado al capote.
BANDERILLAS Puso Esplá banderillas con su habitual facilidad y academicismo. Y en el brindis a la plaza, boca abajo, es decir, la gente aplaudiendo de pie. Ambiente de frenesí, que enseguida empezó a tener justificación.
Dos muletazos apoyándose en la barrera, estampa de torero antiguo, y sin más dilación el toreo por la derecha. Sin salirse de las rayas, resguardándose del viento, empezó a desgranar muletazos por el lado derecho en tandas interminables de cuatro, cinco y seis con los remates en forma de alegrías, que intercaló con puntual precisión. Ahí, la trincherilla y el cambio de mano por delante, también por detrás, y uno del desprecio, y un kikiriki y un afarolado, y, lógicamente, el obligado de pecho. Qué manera de torear. Además, todo inmaculado.
Hubo espacio y tiempo para la gracia y el salero, la exquisita compostura. Pues entre medias de tres series a derechas, dos al natural y una más en redondo, mucha inspiración, variedad y talento, sin olvidar una magnífica actitud, expresa Esta en la oportuna forma de matar al toro. El corolario de la estocada, citando a recibir, y enterrando el estoque de una vez. Clímax total, aunque fueron necesarios dos golpes de descabello después de haber dado un aviso.
ULTIMA TARDE La plaza rota en la petición de las dos orejas. Puerta Grande a lo grande. La estampa de un torero a hombros camino de la calle Alcalá con una muchedumbre detrás. Estaba haciendo falta una cosa así para la fiesta. Lástima que sea la última de Esplá en Madrid.
Y el resto de la tarde, mejor no tenerlo en cuenta. En todo caso la seria faena de Castella al último, un toro que protestó mucho, muy exigente y peligroso. Valentísimo Castella, si lo llega a matar bien le corta una oreja de mucho peso. En su toro anterior ensayó también el francés un trasteo de lo más temerario.
Morante queda dicho que no tuvo su tarde, apurándose mucho con dos toros que lejos de colaborar casi le quitan también la cabeza, Ayer tocó Esplá, y de qué manera.
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