03/08/2008 ANTONIO Varo
Para el filósofo alemán Hans-George Gadamer el mito es aquello que se puede contar sin que a nadie se le ocurra preguntar si es cierto. Cuando el 2 de agosto de 1936 se asesina en un cortijo cercano a Sevilla al pensador y político andaluz y notario de Coria del Río, Blas Infante , nacido un 5 de julio de 1885 en Casares (Málaga), no solo se está quebrando un derecho inalienable de la persona; al mismo tiempo, en ese sacrificio involuntario se concreta la paradoja del que intenta exterminar a un ser humano y da el aldabonazo certero para la creación de un mito. Escribió Juan Antonio Lacomba : "Se mata a un hombre pero no se puede matar una idea. Y Blas Infante fue la voz que encarnó una idea de Andalucía y la plasmó en un programa".
Porque si algo es Blas Infante es un rescatador de la memoria y al mismo tiempo él es también memoria. Su fuerza simbólica no reside solo en su capacidad de evocación nacionalista, sino en la filiación de un pueblo que siente sus señas de identidad, como un derecho propio. Derecho no excluyente por otro lado, pues Blas Infante no proclama la superioridad de ninguna raza, algo habitual en los nacionalismos que surgen en aquellos principios de siglo XX y finales del XIX (dixit Arana). Alguien lo ha llamado nacionalismo integrador popular. En 1919, en la Asamblea de Córdoba, donde se proclama el Manifiesto Andalucista, Blas Infante se dirige a los andaluces de "todos los campos y partidos, de ideas más opuestas, unidos en una Andalucía libre y redimida". Nacionalismo pues no solo no excluyente, sino incluyente de lo árabe y en ello coincide con Américo Castro y disiente de Sánchez Albornoz . Y paradójicamente también internacionalista pues su arabismo es romántico, cultural, reivindicador de una nación, de sus caracteres diferenciales y su cultura y así sigue considerando andaluces a los que tras la reconquista abandonan Andalucía y se afincan en otras tierras, especialmente en Marruecos y el Norte de Africa.
Pero fue el acicate de la injusticia social de su época lo que le llevó a reivindicar una Andalucía regionalista o nacionalista que pudiera corregir su déficit social con sus propios recursos. Por ello para él tenía tanto interés el tema económico y veía en el latifundio ese cáncer que evitaba el progreso y el desarrollo económico de Andalucía. Ya en el año 1931 Infante profetizaba una guerra civil si la Reforma Agraria no se llevaba en términos esperanzadores. Porque para él "defender la Tierra de Andalucía es defender la base de su libertad, es expresar su primera aspiración a ser". Esta preocupación por los problemas agrarios la resume en su frase: "Ha llegado la hora de que el hombre se emancipe del yugo del hombre". Por eso Blas Infante tiene una especial sintonía, aparte de su mutua filiación ateneística, con Manuel Azaña , al que considera uno de los pocos intelectuales con la suficiente visión revolucionaria antilatifundista para resolver las injusticias históricas del campo andaluz y que acabó siendo uno de los leiv-motiv de la rebelión facciosa del 36.
La presencia de los símbolos en la cultura andaluza que el político andalucista enriqueció y que de forma cotidiana asumimos, aún no sabiendo muchos de dónde provienen, es también la presencia del hombre Blas Infante. Según Tierno Galván se sintió "identificado con el pueblo andaluz hasta sentirse fuera de las condiciones de la clase a la que pertenecía, cualidad que no noto en ninguno de los autonomistas o nacionalistas catalanes, vascos o gallegos de la misma época". Porque para él no hay otro dogma que la realidad andaluza (como señala su gran estudioso Enrique Iniesta Coullat-Valera ) y jamás primará la ideología sobre los hechos. Aunque también su visión ideológica le lleve a posturas más que radicales, utópicas y como todos los nacionalistas, Blas Infante hace del Edén pasado, del supuesto Paraíso Perdido, la piedra de toque de su pensamiento y por ello idealiza Al-Andalus (otro mito) como la Patria de ese Edén perdido.
Su nacionalismo es, en síntesis, integrador, municipalista, social, descentralizador en la propia Andalucía, como señala el profesor José María Zapico y que debería reinterpretarse en la Andalucía actual. "Andalucía en mí y sobre mí" exclamaba Almanzor en la obra dramática del mismo nombre que escribió Blas Infante, como si fuera una proclama de nuestro político e ideólogo andaluz, quien con un cierto determinismo milenario afirma que "la causa de los pueblos jamás prescribe". Aunque los pueblos quizás sí y nuestra obligación es superar el olvido de lo que significó, lo que significa, el poso que él nos legó.
* Médico y Poeta
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