08/06/2008 JAIME
La palabra microcrédito se refiere a un producto financiero que está introduciendo una novedad en el sistema bancario. Está llamado a ser un instrumento de la lucha contra la pobreza y el subdesarrollo mundial. A cubrir la sima infranqueable que separa a las poblaciones desarrolladas de las del Tercer Mundo.
La lucha contra la pobreza y el subdesarrollo del Tercer Mundo se está acometiendo desde los años 70 a través de la cooperación oficial de los Estados y de las organizaciones no gubernamentales. La cooperación gratuita es sumamente loable. En muchos casos incluso imprescindible. A su vez, también es cierto que la cooperación no acabará con la pobreza.
Las acciones voluntaristas de las oenegés, las campañas por la condonación de la Deuda Externa, las ayudas internacionales en casos de catástrofes como terremotos o inundaciones son loables, ennoblecen a quien las hace, pero no acabarán con la pobreza del Tercer Mundo. No pretendo desautorizar estas iniciativas generosas, simplemente pretendo abrir los ojos a la realidad, y tomar conciencia de que la limosna y la caridad, por loables que sean, no acabarán con el problema.
Me refería hace unos días al papel que están jugando las transferencias de los inmigrantes a su país de origen para resolver el problema del subdesarrollo y de la pobreza que han dejado a sus espaldas. Las remesas de inmigrantes representan un volumen de transferencias económicas más importante que las ayudas oficiales al desarrollo. Tienen además la importancia de que los agentes de este recurso son los mismos que sufren la injusticia del sistema. El microcrédito está situado en la misma línea. Es un producto financiero diseñado precisamente para que el subdesarrollo y la pobreza sean combatidos por aquellos mismos que la sufren.
En términos de estrategia suele decirse que hay que aprender de los éxitos del enemigo. Pues sí, efectivamente hay que aprender de los éxitos del enemigo. En este caso el enemigo es nada más y nada menos que el capitalismo. Siendo objetivos, hay que reconocer que el capitalismo ha conseguido, donde lo ha conseguido, un impulso de desarrollo insospechado. El salto de desarrollo que han dado los países que han aplicado las técnicas del capitalismo ha sido increíble. En cien años se ha avanzado más deprisa que en los 5.000 años anteriores. Cuál ha sido el secreto del éxito del capitalismo: descubrir que si la riqueza, en lugar de atesorarla, se invierte, puede multiplicarse. El ciclo ahorro-inversión-beneficio-ahorro es la máquina que ha movido el éxito del capitalismo.
De la misma manera ha sido protagonista de un fracaso histórico de inmensas dimensiones. Ha logrado multiplicar la riqueza de unos pocos, a la vez ha dejado en la pobreza a la inmensa mayoría de la humanidad.
El microcrédito usa las mismas técnicas profesionales que han dado resultado a los capitalistas, pero con una finalidad diferente. Los pobres son capaces de invertir y ganar dinero, lo mismo que los ricos. Son capaces de pagar los intereses de un crédito y devolver el principal, lo mismo que los ricos. Pero es preciso que se les preste el dinero para que puedan invertirlo. Eso es lo que no hace el capitalismo. Los bancos exigen garantía real, o aval para dar un crédito. Los pobres no tienen bienes que dar en garantía real, ni consiguen el aval de nadie.
El microcrédito sustituye la garantía real o el aval, por el crédito solidario. Un grupo de personas, generalmente mujeres, constituyen un grupo, reciben colectivamente un crédito (la suma de lo que cada una de ellas solicita) y el grupo en su conjunto es responsable. Las cantidades que recibe cada una suelen ser pequeñas (de ahí la palabra microcrédito), entre 100 y 300 dólares. El secreto está en que ese crédito no está destinado a bienes de consumo, sino a bienes de producción: comprar tela y fabricar vestidos, comprar harina y fabricar buñuelos, comprar leche y fabricar queso, etc. Pagan los intereses, devuelven el principal, y ahorran.
En definitiva, lo pobres son capaces de usar la misma técnica financiera que los ricos, con tanta o mayor eficacia que los ricos, si se les da la oportunidad de hacerlo. Son varias las experiencias de microcrédito que se están desarrollando a lo largo y ancho del mundo. En Bangladesh, Cambodia, El Salvador, Nicaragua, etc., se están generando núcleos de desarrollo autónomos. Ya no dependen de la limosna de los ricos. Las entidades de microcrédito captan recursos en el mercado de capitales, como cualquier entidad financiera, y lo colocan en estos minúsculos negocios de los pobres. Los pobres son capaces de devolver el principal y pagar los intereses igual que lo hace Telefónica o Repsol.
Estamos ante un fenómeno revolucionario. Las entidades que manejan el microcrédito están entrando en el mercado de capitales para captar ahorro y colocarlo, con la misma eficacia que lo pueden hacer las grandes multinacionales.
* Profesor jesuita
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