25/10/2005 ANTONIO MADRIDEJOS

Un viaje tripulado a Marte es técnicamente posible hoy en día, pero los astronautas que se embarcaran en la aventura estarían sometidos durante los nueve meses del trayecto a una peligrosa radiación cósmica, al aislamiento psicológico y a una inhabilitante falta de gravedad, entre otros problemas. "Debemos acortar el tiempo y para eso necesitamos un nuevo sistema de propulsión", resume Franklin Chang-Díaz (Costa Rica, 1950), histórico astronauta de la NASA y actualmente líder de Vasimr, un proyecto privado para desarrollar un motor de magnetoplasma. Chang se encuentra en Barcelona para pronunciar una conferencia.
"Con nuestro motor llegaríamos a Marte en tres meses. La aceleración sería tal --asegura sin dudar--, que a mitad de camino deberíamos empezar a frenar. De hecho, es un motor ideal para Júpiter y otras largas travesías". Los motores actuales, prosigue Chang, siguen el ejemplo de Julio Verne en Viaje a la Luna: se coloca un misil en el espacio y se empuja. Y como no hay fuerzas que lo frenen, se logra una velocidad constante. "Para la Luna ya nos basta, pues tardamos tres días en llegar, pero no para algo más lejano". Vasimr triplicará, como mínimo, los 20 kilómetros por segundo que alcanzó Pathfinder y otras sondas que han ido a Marte. "El motor ofrece una aceleración continua, lo que, a la larga, supondrá enormes velocidades". En la nave, además, no hará falta reservar un espacio para el combustible indispensable para iniciar el regreso. Para entender cómo funciona un motor de plasma debemos imaginar un globo lleno de aire al que se le desata el nudo, explica Chang. El aire imaginario es deuterio --un isótopo del hidrógeno--, calentado a temperaturas próximas a las del Sol mediante un bombardeo de ondas (como el agua puesta a hervir en un microondas). Ello provoca que las partículas se pongan en movimiento y quieran salir del globo. Al igual que sucede con el reactor termonuclear Iter, un sistema de levitación mediante imanes evita que el plasma hirviente toque y funda las paredes donde está confinado. Deep Space y Smart , entre otras sondas, han basado su movimiento en una pequeña propulsión iónica, también de plasma, pero Vasimr va más allá. "Esas naves logran unos pocos vatios de potencia, pero nosotros llegaremos a cientos o incluso miles". Una de las ventajas será la capacidad de poder interrumpir el vuelo y regresar a casa en caso de que surgieran problemas.
Chang, récord en la historia de la astronáutica por sus siete misiones al espacio, trabajó 23 años en la NASA, aunque ahora sus pasos se encaminan hacia lo que él denomina "un experimento de privatización". El proyecto y los técnicos se desvincularon en junio de la NASA y crearon una compañía que se mantiene todavía bajo el paraguas de la agencia --siguen en Houston--, pero que en dos años aspira a mantenerse como cualquier otra empresa. La prueba de fuego del Vasimr llegará en el 2008, cuando un prototipo de motor será acoplado a la Estación Espacial.
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