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Las elecciones de Maduro dejan a Venezuela al borde del conflicto civil

El Consejo Electoral habla de ocho millones de votantes, pero la MUD los reduce a 2,4 millones. El presidente anticipa que se levantará la inmunidad a los parlamentarios de la oposición

 

Protesta de activistas antigubernamentales. - EFE / AFP

Chavistas celebrando la victoria, el domingo. - EFE / AFP

ABEL GILBERT
01/08/2017

Festejo y perplejidad. Euforia y asco. «Épica», dijo el chavismo. «Fraude, autogolpe», respondió la oposición de centroderecha. El único acuerdo posible en Venezuela es que unos y otros están visceralmente en desacuerdo. El conflicto político que se asoma después de que el Gobierno se adjudicara un éxito histórico en las elecciones constituyentes es más amenazador que el ya transitado y que ha dejado 121 muertos. Las diez personas que, según la fiscalía, perdieron la vida el pasado domingo, presagian días aún más oscuros y violentos.

El Consejo Nacional Electoral (CNE) informó de que 8.089.320 ciudadanos, un 41,53% del padrón electoral, avalaron con su voto un proyecto que busca reordenar jurídicamente al país en medio de una crisis económica tan honda que toda promesa de bienestar tiene el tono de los cuentos de hadas.

LAS CIFRAS / La Mesa de Unidad Democrática (MUD) ha hecho sus cuentas. La suma le da que 2,4 millones de venezolanos respondieron a la convocatoria del Gobierno. Insisten en que, de tomarse por cierto sus números y las explicaciones oficiales, habría que llegar a la conclusión que no solo los chavistas descontentos y empobrecidos sino muchos opositores, ellos mismos, acudieron a la llamada de Nicolás Maduro. El alcalde de Caracas, Jorge Rodríguez, estratega de la campaña electoral del Gobierno, dio su explicación: «La mayoría de los venezolanos repudiaron con su voto el intento de control extranjero del país, la extorsión y la violencia».

En la madrugada del lunes, Maduro fue a la plaza Bolívar del centro capitalino a festejar ante un escaso auditorio. «Hemos abierto las compuertas a un período revolucionario», dijo. Reveló que el chavismo y la oposición trataron de llegar a un acuerdo a lo largo de cuatro semanas y que se frustró por las desavenencias internas de la MUD. Eso los llevó a organizar «unas elecciones bajo el asedio». De haber sido una jornada normal, sin ataques a los centros de votación, quema de máquinas electorales y 49 incursiones calificadas de paramilitares y terroristas –y que dejaron un policía muerto y cuatro heridos–, «habrían participado dos o tres millones más de personas».

Ahora que el chavismo se declaró ganador de una carrera sin otros contendientes, Maduro dijo ir «por la burguesía parasitaria». La Asamblea Nacional Constituyente (ANC) se instalará en las próximas horas con efectos inmediatos. «Va a ser la conducción del país. Me pongo a su servicio». Maduro anticipó que levantará la inmunidad de los parlamentarios opositores y echará a Luisa Ortega Díaz, la fiscal general que desde abril, cuando comenzaron las protestas, inició la ruptura con el Gobierno. Ortega Díaz no se demoró en reaccionar: «Desconozco el origen, proceso y resultado de la inmoral constituyente. No tiene legitimidad. Una minoría quiere mantenerse en el poder. Es una burla al pueblo y su soberanía. Este no era el proyecto de país de Chávez. Estamos frente a una ambición dictatorial con falso discurso antimperialista. Me mantengo como fiscal y no voy abandonar el cargo».

Parado en la escalinata del Congreso, Julio Borges, presidente de la Asamblea Nacional, aseguró que el de Maduro no es un Gobierno fuerte, «sino uno derrotado» ya que «nadie cree que sacó más votos que cuando fue electo». Borges opinó que el presidente se dirigió al país «como si fuera emperador» y que las intimidaciones «no frenarán la decisión de cambio». La MUD, así como los grupos inorgánicos que ya no controla y recurren a métodos cada vez menos pacíficos, comenzaron el lunes una nueva etapa de presión. Esperan contar con una activa ayuda internacional.

El chavismo crítico también expresó su malestar con lo ocurrido. «Mientras algunos cuentan votos imaginarios y hasta los celebran, Venezuela cuenta sus muertos y los llora», dijo Gabriela Ramírez, que fue defensora del Pueblo hasta hace tres años.

«Según el resultado del CNE, ¡Maduro logró más votos que Chávez sin gente en los centros votando! ¡Estafa Electoral del siglo XXI!», dijo el politólogo Nicmer Evans. Para el intelectual de izquierdas, es necesario conformar un nuevo «frente antitotalitario». La Mesa de Unidad Democrática debería «reconocer que ha sido derrotada. Su conducción política tiene 18 años de fracaso. Deben dar paso a un espacio amplio y eficiente».

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