Diario Córdoba | Martes, 28 de marzo de 2017

ENTREVISTA

Joaquín Pérez Azaústre: "He querido reflejar la angustia existencial en la que vivimos hoy"

ESCRITOR

FRANCISCO ANTONIO CARRASCO 22/06/2012

LUGAR Y FECHA DE NACIMIENTO CORDOBA, 1976.

TRAYECTORIA SE DIO A CONOCER CON SU LIBRO DE POEMAS 'UNA INTERPRETACION', CON EL QUE GANO EL PREMIO ADONAIS EN EL AÑO 2000. CON SU ULTIMA NOVELA, 'LA SUITE DE MANOLETE', OBTUVO EL PREMIO FERNANDO QUIÑONES EN 2008.

Joaquín Pérez Azaústre presenta esta noche a las 20 horas, en el salón de actos BBK--Cajasur (Gran Capitán, s/n), su última novela, Los nadadores , publicada por Anagrama. Le acompañará el editor, Jorge Herralde.

--El libro se inicia con una cita inquietante de Fiódor Dostoievski: "Por ser un enigma tendríamos derecho a predicarlo, a enseñar a los hombres que lo que importa no es la libertad ni el amor, sino el enigma". Y no es casualidad, por cierto.

--No, no es casualidad. A medida que avanza la novela, algunos personajes van desapareciendo misteriosamente sin que haya una causa concreta localizada. Simplemente hay una especie de amenaza atmosférica, algo que se respira en el aire, que no se sabe muy bien qué es, pero que está latente y al acecho. Desaparecen los personajes sin que se sepa por qué y esa es la propia violencia que se va creando dentro de la novela, por lo cual el enigma es la existencia, que es lo que tiene que ver con la cita de Dostoievski.

--Después de tres novelas en las que recurría a personajes míticos, tremendamente atractivos como Scott Fitzgerald, Hemingway o Manolete, ahora cambia radicalmente de registro y da paso a una novela muy personal, de un fuerte contenido simbólico. ¿Cómo ha sido esto?

--Porque me apetecía crear un mundo propio que tuviera más que ver con el latido del mundo en que vivimos que con el recuerdo de otros mundos pasados, y quería un poco reflejar la angustia existencial en la que vivimos hoy, que está muy alejada de la celebración de los mitos de ayer.

--'Los nadadores' es una metáfora de la soledad. Vivimos en un mundo de solitarios.

--Sí, alguien me ha dicho que es una novela generacional y a eso contestó otra persona en una presentación en Cádiz diciendo que es una novela intergeneracional, porque el tipo de soledad que refleja es una soledad muy de hoy, pero que no tiene que ver únicamente con una franja de edad, sino con toda la sociedad, y es una novela en la que hay mucha soledad, pero soledad no solo de la gente más cercana a mi generación sino de todas.

--¿Cómo le surgió la idea y cuánto le debe a la tradición literaria? Ya sabe: Kafka, Auster, Beckett, Cheever.

--Me imagino que a la tradición literaria le debe el amasijo de lecturas que uno lleva consigo, pero en realidad la novela se me ocurrió nadando. Yo nadaba en una piscina de Madrid y en el pabellón en el que nadaba se veían unas sombras oscilantes en las cristaleras de arriba y a mí siempre me inquietaba que parecía que había alguien que te estaba observando mientras nadabas, ¿no? Y de esa inquietud, de esa sensación un poco de indefensión de estar dentro del agua mientras alguien te acecha, surgió la novela.

--¿Cómo puede ser que estemos tan bien comunicados y nos encontremos tan solos?

--Yo creo que está muy íntimamente relacionado. Creo que la sociedad más intercomunicada que existe ha dado lugar a unos estados de soledades involuntarias que tienen que ver con la forma de ejercitar las relaciones sociales. No hay nada más triste que una pantalla de ordenador. No se puede comparar con tomar una caña en la barra con un amigo. Y la gente de pronto tiene quinientos amigos en facebook y es feliz, pero, claro, una felicidad falsa, artificial. Yo creo que todos estos medios en realidad nos alejan a los unos de los otros, todos sabemos de todos pero estamos irremediablemente separados.

--¿Qué papel tiene el lector para usted? Dice que ha dejado un final abierto a interpretaciones para que lo viva con zozobra. ¿No estará eludiendo responsabilidades como novelista?

--No, no. Voluntariamente, en Los nadadores hay un margen amplio de interpretación y de juego entre el texto y la lectura, quizá porque vivimos en un tiempo que yo creo que ya no es el momento de un narrador omnipresente y todopoderoso que gestiona la historia, porque ya no nos creemos ningún mensaje, descreemos de todo, y sin embargo sí es el momento en que nosotros queremos hacer nuestra propia historia. En este sentido era para mí importante no dar la explicación, no dar ni siquiera la clave, sino relatar lo que sucede, y lo que sucede en la novela es que desaparecen personajes, no se sabe por qué, y el lector tiene que sacar su propia lectura de todo esto.

--¿Donde se siente más cómodo, en la poesía o en la prosa?

--Me siento igualmente incómodo en la poesía y en la prosa, porque, claro, no se trata de escribir con facilidad, sino de intentar dar la mejor medida de uno mismo. Lo que sí es cierto es que las sensaciones que nos llevan a escribir tienden a materializarse con más naturalidad en un formato que en otro y a lo mejor un momento emotivo determinado puede dar lugar a un poema y, sin embargo, otro tipo de sensación la escenificas mejor como una narración.

--¿Qué está escribiendo ahora?

--Tengo en mente una novela, pero no estoy escribiendo nada. Estoy viajando, leyendo, pero no estoy escribiendo nada, la verdad. Tengo poemas escritos y una idea de novela pero que ni siquiera he empezado a esbozar.

--¿Cómo va la programación de Cosmopoética?

--Muy bien, ilusionantemente bien. Está muy avanzada, casi cerrada.