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Los Javis triunfan y abanderan la causa gay

3 Javier Calvo y Javier Ambrossi emocionan con su mensaje en los premios Feroz

 

La también pareja en la vida real recogió el lunes el premio Feroz a la mejor comedia. - EFE / JUANJO MARTÍN

OLGA PEREDA
24/01/2018

Les ha costado, pero los Javis ya han encontrado su lugar en el mundo. Javier Calvo (Madrid, 1991) y Javier Ambrossi (Madrid, 1984) llevan desde que tenían 15 años en un plató y se han convertido en los nuevos reyes del mambo en el mundillo del cine. Se quieren (son pareja) y todo el mundo les quiere. Empezaron como actores en Física y Química y El comisario. Se convirtieron en autores de teatro y crearon la webserie Paquita Salas. La crítica se rindió a sus pies y el gran público también, de la mano de OT, donde ejercen de profesores. Ahora, tras el éxito de su primera película, La llamada, se han convertido en miembros de pleno derecho de la nueva generación de cineastas. Aman su profesión casi tanto como el activismo por la causa gay.

ORGULLO GAY / En la gala de los premios Feroz del pasado lunes, donde conquistaron el galardón a la mejor comedia, Calvo aprovechó el micrófono para dirigirse a niños y niñas «perdidos» con su orientación sexual. «Que sepáis que vais a encontrar vuestro sitio. Como yo, que tengo un novio que me quiere, una familia que me apoya y estoy aquí recogiendo un premio». Ambrossi le besó.

Calvo y Ambrossi saben qué significa estar perdido. Ambrossi, que es hermano de la también actriz Macarena García (Blancanieves) y estudió en un colegio del Opus Dei, «flipó» al ver un personaje gay en Farmacia de guardia. «Me pasa lo mismo», pensó. Con 18 años recién cumplidos, soltó a su madre que era homosexual. Ella estaba haciendo una tortilla de patata y él bromeó: «Qué tortillera eres». La madre, sabia como todas las madres, le contestó: «Aquí la única tortillera eres tú». De ahí pasó a subirse a una carroza durante el desfile del Orgullo Gay. Aceptó y gritó su homosexualidad a los cuatro vientos.

El destino les unió cuando ambos eran actores de series de televisión. Podían haber seguido ahí, delante de las cámaras, pero decidieron hacer un alto en el camino y ponerse a lo que de verdad les gustaba: escribir sus propias historias. Las piezas de microteatro les dieron su primera oportunidad: Windsor, una historia de amor en llamas y Miss Fogones Universal.

Más tarde vino La llamada, una obra de teatro que habla de Dios y de religión con infinito humor y nada de irreverencia. «Habla de ser tú mismo, de que pese a quien le pese tú vas a ser quien quieras ser», afirman sus creadores.

Gracias al boca oreja, se convirtió en un imprescindible del teatro de las noches madrileñas. Enrique López Lavigne, uno de los productores de cine con más músculo, acudió a verla una tarde y apostó por convertirla en cine. «Dudamos mucho de si debíamos dirigirla nosotros. Pero era nuestro humor, nuestra emoción, nuestra historia, nuestra película», subrayan. Medio millón de espectadores la han visto y compite en los Goya.