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TEATRO

El último Cyrano

Un monólogo sobre la historia del apuntador Ildebrando Biribó

 

UNA IMAGEN DE LA PUESTA EN ESCENA DE ‘ILDEBRANDO BIRIBÓ. EL ÚLTIMO CYRANO’, A CARGO DE CIA EL GATO NEGRO. -

JUAN ANTONIO DÍAZ
15/12/2017

CÓRDOBA

SALA POLIFEMO

VIERNES 15

20.30 HORAS

hoy, a las 20.30 horas, en la sala Polifemo del Teatro Góngora y dentro del ciclo Off Topic, Cía. El Gato Negro trae a escena la obra Ildebrando Biribó, el último Cyrano, texto original de Emmanuel Vacca dirigido por Iñaki Rikarte y protagonizado por Alberto Castillo-Ferrer, que obtuvo el premio a la Mejor Interpretación Masculina en el Festival de Teatro de Santander en el 2004. Edmond Rostand escribió el drama heroico en cinco actos y en verso, bajo el título de Cyrano de Bergerac, que fue estrenado en el teatro de la Porte-Saint-Martin de Paris a finales de diciembre del año 1897, basado en la vida de un soldado y poeta gascón del siglo XVII, famoso por su enorme nariz, aunque la historia sea ficticia. La obra fue un gran éxito y dejó en el olvido el suceso paralelo que aconteció a Ildebrando Biribó, el apuntador de la obra en ese día del primer estreno que fue encontrado muerto dentro de su concha al terminar la representación.

Alberto Castillo-Ferrer se mete en la piel de este Ildebrando para rendir tributo a esta figura del apuntador, hoy desaparecida, y hace extensivo este homenaje a toda la farándula y la magia que la rodea. Sobre el escenario solo un actor; un mueble polivalente sobre la escena y un enorme reloj de arena que cuando comienza a funcionar marca la cuenta atrás de la historia, en la que harán su aparición más de treinta personajes que, con grandes dosis de humor, irán componiendo historias que se entremezclan en una vorágine de ideas que se lanzan hacia el espectador.

El último Cyrano es un monólogo a varias voces en el que el actor juega con los personajes y muestra un respeto a épocas pasadas en las que Ildebrando encuentra, y cuenta, su tragedia ayudándose de un secretaire, un enorme mueble cargado de sorpresas, lleno de cajones, cajoncitos y resortes que le sirve para recrear mundos evocadores, desde una nube celeste a concha de apuntador; desde frutería a teatro de guiñol.