"Corrupción cero. Levantar alfombras. Regenerar la vida política caiga quien caiga". Ese ha sido el lema que impulsó a Cristina Cifuentes (Madrid, 1964) hasta la presidencia de la Comunidad de Madrid y que puede hacerle caer si no consigue demostrar, con más pruebas de las aportadas en la Asamblea, que obtuvo un Máster en Derecho Autonómico, sin trato de favor, en 2012, el año en el que fue designada delegada del Gobierno en Madrid.

Licenciada en Derecho y técnico superior de la Universidad Complutense, se afilió a Alianza Popular con 16 años y a los 27 comenzó a ejercer cargos en el PP de Madrid y la Asamblea. Pese a ello, siempre ha alegado desconocer las variadas corruptelas que se investigan a nivel regional o nacional, con el argumento de que nunca estuvo vinculada a las campañas o la tesorería.

En junio del 2012, fue elegida delegada del Gobierno y desde este puesto, poco a poco, fue forjando su ascenso a base de mantener mano dura con los manifestantes -que en aquellos años expresaban su malestar a través de las Marchas de la Dignidad, herederas del 15-M- y mediante la utilización de los medios de comunicación y las redes sociales, donde hasta ahora se ha movido como pez en el agua, usándolos como trampolín.

El accidente de moto

Además de sus méritos propios, también le ayudó a subir escalones que quienes habían obstentado hasta entonces las riendas de la Comunidad y del PP de Madrid, Esperanza Aguirre y sus hombres fuertes, Francisco Granados e Ignacio González, empezaban a caer en desgracia.

Sólo la apartó momentáneamente de la política un accidente de moto que sufrió en el 2013 y por el que estuvo a punto de morir dos veces. Pero volvió con más fuerza y al “500 por cien”. Como muestra, un cuadro adquirido en Singapur que representa a un guerrero que siempre va el primero, sin mirar atrás, ha decorado todos sus despachos oficiales.

Agnóstica, republicana, con cinco tatuajes, una casa de alquiler y cuentas corrientes bastante más parecidas a las de la media de los ciudadanos que la de otros de sus compañeros de filas, Cifuentes es un verso suelto en el PP y nunca ha tenido problemas en presumir precisamente de tener un discurso propio (especialmente en cuestiones sociales) y mucho más severo que el de la dirección nacional de su organización frente a la corrupción.

Conociendo esta trayectoria, fue designada por Rajoy, con Dolores de Cospedal como su principal valedora, como candidata a la Comunidad en el 2015, ante las dudas que surgían en torno a González, en aquel entonces solo por su polémico ático. Una investigación judicial dejaría en evidencia que esa casa era solo la punta de un iceberg.

Las primarias

Cifuentes tuvo que hacer tándem en aquella cita con su máxima ‘rival interna’, Aguirre, aspirante a la alcaldía, y logró retener el gobierno regional con apoyo de Ciudadanos en unas elecciones en las que la segunda, que ganó pero no gobernó, y muchos otros dirigentes regionales cayeron por el precipicio. De ahí que, inmediatamente, ganara enteros como posible sucesora del presidente conservador, cargo que se dice aspiraba a conquistar a través de primarias, sistema que apoyó en el último congreso popular.

Además, nada más llegar a la Comunidad abrió una investigación interna y denunció irregularidades del Canal de Isabel II ante el juez del ‘caso Lezo’. Por el camino se encontró con que fue señalada en un par de informes de la Guardia Civil por una posible adjudicación irregular en sus tiempos de vicepresidenta de la Asamblea. Ya entonces denunció posible ‘fuego amigo’, aunque el juez, al menos de momento, no la ha citado a declarar.

Sus problemas volvieron a aparecer el pasado mes de febrero, cuando Francisco Granados la incriminó en un tribunal en la posible financiación irregular del PP, alegando que sabía de ella dada su presunta relación sentimental con Ignacio González. Pero ella reaccionó con una querella hacia el exsecretario regional y siguió con paso firme, hasta que el caso del máster se cruzó en su camino.

De nuevo ahora recurre a las querellas, esta vez contra periodistas, y da un patada para adelante. El tiempo dirá si sale airosa o se convierte en un nuevo cadáver político del PP.