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EL DESAFÍO SOBERANISTA

Puigdemont sigue sin aclarar si va a volver a Cataluña

Junts per Catalunya descarta investir a Junqueras a la espera de la decisión de su jefe de filas. El expresidente huido emplaza a Rajoy a negociar en un mensaje de fin de año difundido desde Bruselas

 

Carles Puigdemont, en su mensaje de fin de año difundido desde Bruselas. -

REDACCIÓN
31/12/2017

Tic-tac, tic-tac. Carles Puigdemont sigue apurando el reloj. La candidatura con que se presentó a las elecciones del 21-D, Junts per Catalunya, insiste en que no será otro sino él quien presida la Generalitat en la próxima legislatura, pero el exjefe del Gobierno catalán sigue sin aclarar cómo lo hará, si intentará ser investido vía telemática y tratará de dirigir Cataluña a través de un plasma o si se arriesgará a volver de Bélgica y ser detenido por orden del Tribunal Supremo. Por ahora, él sigue emplazando a Mariano Rajoy a «negociar» la secesión y «reconocer los resultados» de los pasados comicios, en los que el independentismo repitió la mayoría absoluta en escaños pese a bajar dos diputados y perder de nuevo en votos.

En un mensaje calificado de «institucional» por su equipo y difundido ayer a las 20.50 horas por las redes sociales con una carátula con el escudo de la Generalitat y el lema Mensaje de Fin de Año del Presidente de la Generalitat, Puigdemont lanzó alguna que otra frase en la que, sin grandes alharacas, dio a entender que la hoja de ruta independentista sigue su camino. «Cataluña se ha ganado el derecho a hacerse a sí misma como república», subrayó. «Espero que sea un año próspero y de progreso en que disfrutemos de los valores fundacionales de la república: libertad, igualdad y fraternidad», se despidió. Pero en los siete minutos que duró su alocución no detalló ni quién ni cómo estará al frente de la Generalitat. «En un año, este discurso se hará en el Palau», fue el punto más alto en que colocó el listón.

El 17 de enero se constituirá el Parlamento catalán porque así lo ha designado Rajoy, artículo 155 de la Constitución mediante. Dos semanas y media le quedan por tanto al líder de Junts per Catalunya para deshojar la margarita, aunque por ahora, el dirigente nacionalista persiste solo en reclamar al líder del PP que empiece a dialogar una vez «fracasada la receta de la violencia». «¿De qué ha servido tanta represión? ¿Esa era la propuesta de España para Cataluña? Exijo al Gobierno español que rectifique, repare y restituya lo que ha destituido sin el aval de los catalanes ¿A qué espera Rajoy?», le conminó el expresident, que aprovechó para recordar a los «presos políticos» y lanzarle un aldabonazo al mandatario conservador al recordar que los populares quedaron últimos en las elecciones mientras él puede reeditar gobierno.

Y presidencia. Porque la jefa de campaña y diputada electa de JxCat, Elsa Artadi, rechazó por la mañana cualquier opción alternativa a Puigdemont, incluso la de investir al líder de ERC, Oriol Junqueras, actualmente en la cárcel de Estremera. «Presidente de la Generalitat ya tenemos uno, el resultado de las elecciones es muy claro y refleja una cosa que vimos durante toda la campaña: que Puigdemont tenía más apoyo del electorado para seguir siendo presidente», justificó Artadi en una entrevista en RAC1.

No obstante, Artadi reconoció que en función de lo que pase el jueves 4 de enero, cuando Junqueras tiene que declarar ante el Supremo, «se tomarán unas decisiones u otras», pero advirtió de que sería «deshonesto» cambiar de posición. A su juicio, el reglamento del Parlament da margen para hacer posible la investidura de Puigdemont, pero lo cierto es que la Cámara podría revivir esperpénticas sesiones como las del 6 y 7 de septiembre si los independentistas vuelven a moldear la normativa a su antojo. Es más, para poder reformarla y facilitar el camino a Puigdemont sería necesario constituir primero el propio Parlament y posteriormente votar los cambios, lo que volvería a poner a JxCat y ERC en un brete.

Para ganar esa votación hay que estar presente en el hemiciclo de la Cámara catalana, por lo que sería necesario que renunciaran al escaño al menos seis de los ocho diputados electos que están en la cárcel (Jordi Sànchez y Joaquim Forn) o en Bélgica (Toni Comín, Clara Ponsatí, Lluís Puig y Meritxell Serret), dejaran en el cargo a Junqueras y Puigdemont e hicieran correr la lista en los otros puestos. Se asegurarían así la mayoría absoluta, pero no frenarían el posterior recurso del Gobierno central al Tribunal Constitucional y la consiguiente suspensión de lo aprobado.

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