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¿Artur Mas, candidato?

Los pros y contras del eventual regreso del 'expresident'

 

Irene Rigau, Artur Mas y Joan Ortega, a la salida de la Generalitat, antes de dirigirse al Palau de Justícia, el lunes 6. - FERRAN NADEU

FIDEL MASREAL
04/03/2017

El juicio del 9-N contra el 'expresident' Artur Mas -y las 'exconselleras' Irene Rigau y Joana Ortega- ha generado sin duda una gran exposición mediática del que fue candidato en cinco ocasiones a la Generalitat en nombre de CiU. Y ahora que su nuevo partido, el PDECat no dispone de candidato a la Generalitat, la especulación sobre el regreso de Mas a una candidatura electoral cobra fuerza. Estas son las claves de una hipótesis para nada descartable en un convulso escenario político debido al proceso soberanista.

LOS PUNTOS A FAVOR DE QUE SE PRESENTE

Experiencia. Artur Mas es hoy por hoy el más experimentado de los dirigentes del PDECat, sabe lo que es ganar elecciones pero no poder gobernar, ganar y sí poder ejercer la presidencia e incluso ha probado el amargo trago de renunciar al poder porque una formación minoritaria pero clave en la gobernabilidad exige su cabeza. Navegó, pues, contracorriente pasando la travesía del desierto y logró superar finalmente la dura prueba de ser el delfín de Jordi Pujol y recuperar para su formación política la Generalitat. Nadie en su partido tiene este bagaje. .

Simbología. Mas es a ojos de una parte del soberanismo el símbolo del paso de la política autonomista del 'peix al cove' gradualista a una posición abiertamente independentista, tras el portazo de Mariano Rajoy al pacto fiscal. En él están representadas buena parte de las mentalidades moderadas que se han ido acercando a la vía secesionista. Y según ha explicado él mismo en varias ocasiones, sin el apoyo de los sectores más tíbios al proceso soberanista sería imposible lograr una mayoría rotunda favorable a emprender la vía hacia el Estado propio.

Martirologio. Los juicios por el 9-N, en los que se pide a Mas nueve años de inhabilitación por desobediencia y prevaricación, sitúan al 'expresident' como principal víctima de los ataques del Estado y de la llamada guerra sucia, según la visión independentista. Un proceso participativo que Mas exhibe como uno de los momentos más álgidos del orgullo patriótico. Añádanse los ataques recibidos por Mas cuando 'El Mundo' afirmó que tenía cuentas en Suiza, como Jordi Pujol. Evidentemente, si Mas es inhabilitado no podría concurrir.

Liderazgo interno. Una vez Carles Puigdemont ha dejado claro una y otra vez que no será candidato a la Generalitat, Mas es la figura con mayor peso específico en el PDECat, aunque haya confiado el día a día del partido a Marta Pascal. Si decide presentarse, admiten los dirigentes posconvergentes, nadie le hará sombra en unas eventuales elecciones primarias -que por estatutos el partido debería convocar- y suya sería de nuevo la batuta y el cartel electoral. Los que creen que no debería haber dado un paso al lado deberían avalar ahora la operación.

Orgullo. Tras verse apartado del poder por parte de un partido antisistema como la CUP, el factor humano no es menor. Se trataría del orgullo de un dirigente que se valora a sí mismo de forma notable y que en los últimos tiempos -y de hecho durante toda la etapa de 'expresident'- ha mantenido una destacada presencia pública y ha marcado en varias ocasiones la pauta del partido y del Govern. Volver y desmentir a las encuestas -que dan ganador a ERC- sería una manera de sacarse la espina clavada por los anticapitalistas.

PUNTOS EN CONTRA DE QUE VUELVA A SER CANDIDATO

Segundas partes...y 3%. Dejar el poder aunque sea durante un período de uno o dos años siempre aleja al gobernante del día a día de la gobernanza. Mas tiene contacto directo con el Govern pero no es el encargado de pilotar cada una de las acciones ejecutivas. Además, su figura sigue generando controversia. Añádase las posibles revelaciones de Jordi Montull y Fèlix Millet sobre la presunta financiación ilegal de CDC y las investigaciones por el 3%. Mas no ha quedado personalmente salpicado pero ha asegurado siempre que todo se hacía correctamente.

El riesgo de perder. Para Mas sería una notable humillación acabar su carrera política perdiendo unas elecciones, y hacerlo ante su rival en el soberanismo, Oriol Junqueras, con quien siempre han mantenido notables diferencias y choques frontales como el que se produjo durante la gestación del proceso participativo -la alternativa al referéndum del 2014-. De hecho, Mas quiere volver pero asegurarse la victoria. Una manera para intentarlo sería forzar de nuevo una candidatura conjunta como la de Junts pel Sí, pero ERC no está por la labor.

Pasar página. Si algo pretende ser el PDECat es una mirada hacia el futuro y no hacia el pasado de Convergència, un partido afectado no solo por la mancha de la corrupción, sino por la etapa de los recortes durante los gobiernos de Mas, especialmente del 2010 al 2012. La necesidad de mirar hacia adelante hace presuponer que las candidaturas estén protagonizadas por nuevas caras con discursos puestos al día. La de Mas, en cambio, representaría una vuelta al pasado convergente y a las etapas pospujolistas poco compatible con la mirada de futuro.

El factor Fornells. Tras una vida política y personal en la que ha encajado golpes duros -como Mas admite algunas veces públicamente- es probable que el entorno familiar no aplaudiera con entusiasmo la vuelta del dirigente soberanista a la arena política. Mas ha admitido que su voluntad nunca ha sido acabar su carrera en la política sino poder dedicarse a su família. Y a sus nietas, a las que en una entrevista admite que no recomendará que se dediquen a la política. Mas quería pasar más tiempo en Fornells, donde tiene un apartamento.

La CUP puede decidir. El escenario electoral puede ser caprichoso en un contexto de convulsión soberanista y conflicto con el Estado y Mas podría encontrarse de nuevo con una situación para él no deseada: la de tener que volver a negociar la composición de un Govern en el que el apoyo de la CUP fuera decisivo. Una situación que sin duda situaría al 'expresident' en una tesitura nada favorable dado su desencuentro frontal con los anticapitalistas, que se han enorgullecido de haber enviado a Mas "a la papelera de la historia". Volver al escenario de finales del 2015 generaría desconcierto en el soberanismo.

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